«En Burgos he conseguido volver a alzar la voz contra lo que creo injusto»
Daniela Sierra lleva ocho meses en Burgos donde ha empezado una nueva vida huyendo de la persecución que sufrió en Venezuela por su trabajo en redes sociales del partido Voluntad Popular

Daniela Sierra, venezolana afincada en Burgos.-R. OCHOA
BURGOS
El 23 de enero no fue un día cualquiera para Daniela Sierra. Frente al Teatro Principal medio centenar de venezolanos alzaron la voz en favor de Juan Guaidó y la necesidad de unas elecciones democráticas en Venezuela. Los días previos, tras un periplo personal que le permitió recomponer los pedazos en los que se rompió su porvenir en Venezuela, recuperó las ganas de alzar la voz por los ideales que la alejaron de su tierra. «Fue un poco como una necesidad de volver a pelear por lo que considero justo, hablé con amigos de Madrid y me dijeron Daniela, aunque grite uno solo hay que alzar la voz».
Comenzó un grupo de Whatsapp, contactó con la Asociación de Venezolanos en Resiliencia de Burgos y organizaron el primer evento en la ciudad castellana. La sorpresa para Daniela fue que «pensaba que casi íbamos a estar solos, como mucho unos veinte y se sumaron medio centenar». Algo que le anima a seguir adelante.«Aquí en Burgos he conseguido recomponerme, es una ciudad que me encanta y creo que tengo un porvenir y me ha ayudado a ganar confianza para volver a alzar la voz contra lo que creo injusto», sentencia. Así que junto con la asociación burgalesa de venezolanos se plantean realizar más acciones para dar a conocer la realidad de un país que, dicen, vive asolado por la corrupción y la escasez de lo más básico.De San Felipe a Burgos
Daniela, a sus 26 años, ha logrado en Burgos volver a empezar. El hecho que precipitó su marcha de San Felipe, localidad de la provincia de Yaracuy, fue su posición como coordinadora provincial de comunicación 2.0 del Partido Voluntad Popular, que lidera Leopoldo López. «Desde los 15 años había simpatizado con el movimiento, con las protestas pero ver que el sistema te corta oportunidades de formación, que prefieren regalar electrodomésticos y bolsas de comida en vez de ofrecer un futuro, una posibilidad de valerse por uno mismo... me signifiqué un poco más».
Había iniciado estudios de Comunicación Social que no pudo terminar, así que en septiembre de 2016 pone en marcha este conocimiento y se convierte en coordinadora de la comunicación digital en Facebook, Instagran, Twitter y por Skype del partido en su localidad.
Entre los logros de los jóvenes de la provincia de Yaracuy fue escapar los controles de tráfico para asistir a una de las manifestaciones contra el régimen en Caracas. Cuando el Gobernador de la localidad presumía ante los medios de que nadie de su provincia secundaba las protestas, ellos colgaban su foto en la manifestación.Sierra ya se movía de forma activa en el partido cuando el 20 de abril, después de esa manifestación, empieza a recibir mensajes amenazantes en sus redes sociales con información de a donde iba, con quién, en que coche se iba y un desalentador final: ‘ser activista y coordinadora de Voluntad Popular no te salvará, más bien te hundirá’. «No hice mucho caso, yo no llevaba piedras, no enarbolaba la violencia solo tenía mi móvil, una computadora, un cuaderno y mi bolígrafo.... no pensé que todo aquello iba a tener las consecuencias que tuvo para mí y para mi familia».
A su padre, portavoz de una asociación vecinal de la zona, le avisaron de que su hija debía cuidarse. Los motorizados (una especie de grupo paramilitar armado) aparecieron por la casa en la que vivía con su familia. Encontraron a su primo, que «nunca le agradeceré lo suficiente, no he podido hacerlo aún en persona, que me protegiera». Sierra relata entre lágrimas como golpearon a su primo, lo detuvieron por tener en su vivienda ordenadores y móviles sin certificado de propietario. «Es una excusa para llevarte por robo pero la realidad es que cogieron mi ordenador y mi móvil del partido desde donde coordinábamos el trabajo en red». Cuando los devolvieron «o estaba roto o no tenía la información, dos años de trabajo perdidos».Ella pudo esconderse en un rincón de la casa. El aviso había sido demasiado real y peligroso. Cuando su primo salió libre diez horas después, «sólo le dijo a mi madre: dile a Daniela que se vaya, van a por ella». Dejó a su hijo con su padre y acabó en Bogotá durante seis meses. «Pensaba que podía volver». No fue así. En cuanto pudo se unió a su hijo con destino España. «Aún sigo trabajando con mi hijo para que entienda que no le abandoné», explica emocionada. En abril de 2018 llegó a Madrid, en el albergue de Samur Social de Vallecas. «Vienes sin nada, con tu maleta, sin saber cuánto tiempo vas a estar aquí y yo con mi hijo, es lo que me alentó a pedir asilo, a buscar apoyo para tener una estabilidad».
El 27 de junio le dan el billete para Burgos. «Ni sabía donde estaba, no conocía nada pero en Cruz Roja nos han ayudado a mi hijo y a mí a volver a tener una vida, un porvenir». Primero en una vivienda cedida por la organización, tiempo en el que pudo realizar cursos de formación en comercio y carretillero, «tener la mente ocupada me vino bien». Su hijo pudo realizar actividades que le ayudaran a superar el mal trago. Los paseos por Fuente Prior, por Fuentes Blancas, por la Isla, hicieron el resto. Con un trabajo a media jornada, el apoyo de sus padres y del padre de su hijo ha logrado tener su propio hogar. «Voy curándome, superar lo que me paso, conocer otras historias mucho peores y reafirmarme en mis ideales. Otra Venezuela es posible y la tenemos que lograr». Aunque aún tiene parte de su pensamiento a 7.188 kilómetros de aquí. En San Felipe, en Yaracuy. «Lo que me tiene mal es que no se si podré volver pero, al menos, tenemos que contar qué está pasando en Venezuela».