FIESTAS DE SAN PEDRO Y SAN PABLO / LAS PEÑAS TOMAN EL MANDO
«Ahora sí, comienzan las fiestas para las peñas»
Con su pañuelo atado al cuello, el Cid volvió a bendecir ayer a las agrupaciones locales antes del tradicional lanzamiento de la bota

La Plaza Mayor se encontraba a rebosar nada más acabar el chupinazo y los peñistas celebraron el acto lanzando confeti.-RAÚL G. OCHOA
Había ganas de fiesta y la expectación de los peñistas era palpable en los aledaños del Teatro Principal, la Plaza Mayor y el paseo del Espolón. Con las terrazas llenas y los más rezagados mirando la hora cada dos por tres, cientos de burgaleses aguardaban impacientes a que el Cid, desde su privilegiada posición en medio de la plaza que lleva su nombre, luciese con orgullo el pañuelo de los Sampedros. A pie de grúa, dando instrucciones a los responsables de organización, el presidente de la Federación de Blusas, Fajas y Corpiños de Burgos, Miguel Santamaría, visibilizaba el nerviosismo de quien debe asumir la enorme responsabilidad de que la fiesta transcurra según lo previsto.También inquieto se encontraba el presidente de la Hermandad de Peñas de Burgos, José Manuel Carbonell. Mientras los representantes de las agrupaciones locales accedían al piso superior del Teatro Principal por orden de citación, él contaba los minutos que restaban para subir en pasarela hasta la imponente estatua de Rodrigo Díaz de Vivar. Le daba algo de vértigo, no solo por protagonizar un acto tan simbólico, sino también por su respeto a las alturas. Sin embargo, su acompañante en la grúa logró tranquilizarle y no tardó en comprobar que «no se movía prácticamente nada».Una vez arriba, pasadas las 8 y media de la tarde, Carbonell saludaba «orgulloso» a sus paisanos, que como siempre aplaudieron a rabiar mientras las charangas se dejaban llevar por el ambiente de jolgorio reinante en la plaza. «Ahora sí, comienzan las fiestas para las peñas», remarcaba el presidente de la Hermandad agradecido por la «oportunidad» que le ha brindado este año la Federación. Era su primera vez y a tenor de sus palabras no cabe duda de que jamás olvidará este día.Con don Rodrigo ataviado para la ocasión, su tocayo de apellido, el torero Manuel Jesús Cid, daba la bienvenida a las peñas en calidad de invitado para llevar a cabo el tradicional lanzamiento de la bota. Previamente, deseó unas «fiestas muy bonitas» a todos los burgaleses mientras hacía un llamamiento a la «diversión» y la «unión» de los peñistas, «auténticos artífices» del acto de ayer, para que los Sampedros transcurran sin incidentes.Y así sucedió mientras la gigantesca bota volaba de mano en mano. Como siempre, la efusividad de los peñistas marcó la tónica del evento aunque afortunadamente nadie resultó herido. «Ni siquiera leve», bromeaba Santamaría, satisfecho por total ausencia de esos «accidentes ocasionales» que suelen producirse debido a la aglomeración de personas en un mismo punto.Mientras las peñas y sus correspondientes charangas se dirigían en comitiva hasta la Plaza Mayor para asistir al Chupinazo, el presidente de la Federación de Blusas, Fajas y Corpiños respiraba tranquilo. Atrás quedaban los típicos momentos de estrés en los que toca estar pendiente del reloj y continuamente «al loro» para que nadie se despiste. Además, la convocatoria volvió a ser un éxito en lo que a afluencia de público se refiere. Al fin y al cabo, eso es lo más importante.Tanto Santamaría como Carbonell coincidieron al señalar que las fiestas se presentan «estupendamente». Las reivindicaciones ya se pondrán después encima de la mesa. «Ahora es tiempo de divertirse, de pasar las fiestas tranquilos, de salir a la calle aprovechando esta buena temperatura y de disfrutar», apuntaba el presidente de la Federación consciente de que «ya vendrá lo que tenga que venir más adelante». Por su parte, el representante de la Hermandad avanzó su intención de reunirse con la concejala de Festejos,Blanca Carpintero, después de los Sampedros para «valorar» su desarrollo y «poder solucionar aquellos pequeños fallos que pueda haber».De momento, las fiestas transcurren «como siempre». Es decir, con total normalidad, sin incidentes reseñables y con las peñas al pie del cañón para que Burgos no deje de honrar por todo lo alto a San Pedro y San Pablo. Lo único que cambia respecto a otros años, tal y como subrayaba Carbonell, es el «calor» al que los burgaleses tanto les cuesta acostumbrarse, sobre todo en esta época del año. Pero ya se sabe, «con un poquito de agua todo se refresca».Razón no le falta a Carbonell y el Ayuntamiento ha tomado nota. Debido a las altas temperaturas previstas para los próximos días, se instalarán puntos de agua y se repartirán botellines en aquellos enclaves en los que se celebran actos multitudinarios.