¿Quiere libros? «Puede llevárselos»
Nacho y su padre depositaron el domingo una extensa colección de obras literarias y científicas en un banco de la calle Tinte / Al poco tiempo, «un tercio» ya había volado

El cartel dejaba clara las intenciones de los donantes: «Si a alguna persona le viene bien, puede llevárselos».-ECB
Tirar libros en buen estado a la basura es lo último que haría cualquier amante de la cultura que se precie. Deshacerse de una obra cuyo contenido merece la pena es un sacrilegio porque se corta de raíz la posibilidad de transmitir a otra persona los conocimientos que alberga en su interior. El problema es que a veces la falta de espacio obliga a tomar esta decisión. ¿Qué hacer en tal caso? Eso mismo se preguntaban Nacho y su padre antes de vaciar el piso de un familiar recientemente fallecido. «Había infinidad de libros» y en ningún momento barajaron la opción del contenedor. Por eso ofrecieron todo este material a bibliotecas y centros cívicos, pero «no aceptan donaciones» de segunda mano, tan solo ejemplares a estrenar. Tampoco podían entretenerse llamando a amigos y conocidos para ver si alguien estaba interesado en uno, varios o todos los títulos. Por suerte, el progenitor tuvo la «genial idea» de compartir el legado con el vecindario. Es decir, un bookcrossing pero a lo grande.El domingo, a eso de las 5 de la tarde, padre e hijo iniciaron la operación ‘biblioteca gratuita’. Colecciones completas, clásicos de siempre, manuales teóricos de Química... En fin, «toda clase de literatura» y ciencia por la patilla. Y para que todo el mundo conociese sus intenciones y a nadie le diese vergüenza, dejaron un mensaje claro y conciso:«Si a alguna persona le viene bien, puede llevárselos». Como era de esperar, la propuesta cuajó de inmediato. «Mientras estábamos bajando unos libros llegaron bastantes vecinos y a todos les pareció una idea muy buena». Sobre todo a quienes tienen hijos, porque vieron que había obras «para todas las edades, también para niños». Así pues, todos «encantados»y revisando títulos como en una librería. Al poco tiempo, ya había volado «al menos un tercio» de este improvisado buffet libre de conocimiento encuadernado.No todos los libros de la vivienda se depositaron en el banco. Nacho confiesa que se reservó unos cuantos a los que tenía ganas de hincar el diente. 1984 de George Orwell, Ensayo sobre la ceguera y algunas referencias más de José Saramago, varias obras de Friedrich Nietzsche... Lo que sí dejó, y espera que su nuevo propietario sepa valorarlo, es buena parte del legado literario de Julio Verne. No se llevó nada porque el dramaturgo francés siempre ha estado muy presente en su casa.Aunque algunos tomos estuviesen «un poco machacados», la mayoría se conservan en «perfecto estado»y ninguno merecía acabar en el cubo de la basura. «Da pena tirar libros», confiesa este joven lector orgulloso de la ocurrencia de su padre y partidario de repetir tan simbólica acción si el día de mañana no le quedase más remedio. «Ojalá todo el mundo hiciese cosas parecidas», sostiene convencido de que este tipo de donaciones entre particulares que no se conocen ayuda a difundir cultura por puro amor al arte, que falta hace en los tiempos que corren.