El Correo de Burgos

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Agua, vino e historia para un otoño perfecto

Aranda de Duero presenta un nuevo sendero apto para toda la familia

La ribera del río Duero es uno de los atractivos turísticos de Aranda.-Mari Carmen Núñez

La ribera del río Duero es uno de los atractivos turísticos de Aranda.-Mari Carmen Núñez

Burgos

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Terminada una vendimia de gran calidad, la Ribera del Duero vive ahora uno de sus momentos álgidos, el otoño. Hoy les invitamos a conocer la belleza natural de Aranda de Duero, una ciudad conocida por su lechazo asado en horno de leña que merece la pena descubrir también por sus ríos, sus paisajes y su historia.Empezamos recorrido, como aconseja la última propuesta turística planteada por el Ayuntamiento, en la Oficina de Turismo de la plaza Mayor. Primera parada: el centro de Interpretación de la Arquitectura del Vino (un espacio para conocer las diferentes construcciones que fueron surgiendo en la comarca relacionas con el cultivo de la uva y la elaboración del vino) y Museo de los Juegos Tradicionales, una puerta al pasado que seguro le quitará años. Antes de abandonar la plaza Mayor, hay que bajar la mirada al suelo para contemplar el plano de 1503 donde se demuestra que la ciudad está ligada al mundo del vino desde hace más de 500 años.La antigua calle de ‘los meleros’ nos acerca a la iglesia de Santa María, y a su imponente fachada gótica isabelina. Su interior rehabilitado invita al sosiego y a la admiración.Si continuamos ruta por la calle Cascajar llegaremos al antiguo barrio judío y a la entrada de una de las bodegas subterráneas que dan fama a la ciudad: la de Las Caballerizas. Propiedad del Ayuntamiento es la única accesible.A la salida, el camino continúa por la plaza del Arco Pajarito desde donde se toma la senda de la ribera del Bañuelos. En el primer tramo podremos observar el puente medieval de Las Tenerías o la torre de San Juan, otrora baluarte defensivo de la villa. Si es fin de semana podremos ver abierto el Museo Sacro de la Iglesia de San Juan y también el Museo de Pintura Casa de las Bolas.Volviendo al río, llegamos al parque El Barriles donde los que lo deseen podrán disfrutar de un paseo en barca; una oportunidad para observar de cerca una naturaleza que bulle. Entre pequeñas cascadas, si somos sigilosos y sobre todo observadores podremos descubrir el chillido breve y agudo del vencejo común, el crotoreo de las cigüeñas blancas y otras especies como la paloma torcaz, el águila calzada, el Martín pescador, la lechuza común, el ruiseñor o el cuco, por enumerar algunos.También hay que afinar el olfato para disfrutar con la fragancia de las lavandas, los romeros, el tilo o el endrino.Aunque el quiosco está cerrado, hay mesas y bancos si se quiere tomar un tentempié. Es recomendable además pasear para apreciar las obras escultóricas de Virginia Calvo Soler, Paco Peinador, Rufo Criado, Pepe Ortega y José Ángel Merino.Río arriba y pasando el puente Mayor encontraremos el antiguo teatro Cine Aranda, que desde que fue inaugurado en 1935 ofrece la imagen de un buque varado en la proximidad del Duero.

La ruta propuesta por la Concejalía de Turismo termina en el puente Conchuela. El trayecto, de tres kilómetros, es accesible a ciclistas y personas con movilidad reducida y por su dificultad baja es ideal para ir con niños o personas mayores.Una vez terminado, el premio es obligado: un vino de Ribera del Duero y un lechazo asado con pan de torta de Aranda, una auténtica delicia para disfrutar de una ciudad que aspira a convertirse en Ciudad Europea del Vino.

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