Refugio de esperanza y futuro para madres y embarazadas en riesgo de exclusión
El proyecto Ain Karem de Cáritas acoge desde hace 16 años a mujeres gestantes o con hijos menores de 6 años en riesgo social / Desde hace más de un año cambió la casa de acogida por 3 pisos / En 2019 acogieron a una treintena de mujeres

Icíar Negruela, trabajadora social y responsable del proyecto de Cáritas, charla con dos usuarias de los pisos de acogida.-RAÚL G. OCHOA
Un hogar no solo es sinónimo de cobijo. Contar con un techo se convierte en muchas ocasiones en sinónimo de supervivencia, pero sobre todo de oportunidad y espíritu de superación. Ese es el mensaje que lanza desde hace dieciséis años el proyecto Ain Karem de Cáritas Diocesana, que trata de ofrecer una alternativa y posibilitar a mujeres embarazadas o con hijos en situación de dificultad poder seguir adelante con su embarazo y acompañarlas y apoyarlas en la crianza de sus pequeños.Las mujeres que participan en este proyecto se encuentran en muchos casos en situación de soledad y algunas de ellas han sufrido maltrato. En definitiva, a todas les ha fallado su entorno más íntimo y arrastran una mochila vital que pesa tanto que les nubla el futuro hasta hacerlo desaparecer. Sin embargo, son mujeres luchadoras, con ansias de lograr una vida mejor y cumplir los sueños que poco a poco se han ido quedando por el camino.El proyecto, que hasta hace un año se desarrollaba en un centro de acogida, dispone actualmente de tres pisos tutelados en la capital burgalesa. «Este es el primer año que el proyecto funciona a través de pisos y no con la casa de acogida y, por el momento, el resultado está siendo muy positivo», comenta Icíar Negruela, terapeuta ocupacional y responsable del proyecto, quien señala que la casa se cerraba en febrero de 2018 porque «se decidió que ofrecer este recurso en pisos normalizaría más la situación de las usuarias».Cada piso cuenta con espacio para dos madres y sus hijos. Al tratarse de un recurso demandado, Cáritas debe hacer una selección. «Siempre hay lista de espera y por eso priorizamos las necesidades de las mujeres. Si hay una mujer que no tiene ningún sitio en el que quedarse será prioritaria, al igual que las mujeres embarazadas», comenta Negruela. En lo que va de año, han recogido 46 solicitudes, un 21% más que el año pasado cuando se quedaron en 38, y por lo pisos han pasado 26 mujeres.El perfil de las usuarias es el de una mujer joven, de entre 20 y 35 años de media. En cuanto a su procedencia, más de la mitad son mujeres españolas y el resto llegan de puntos tan dispares como Rumanía, México, Ecuador oNicaragua. En cuanto a los niños, la mayorías son menores de entre cero y cuatro años.No hay un tiempo máximo para permanecer en uno de los pisos de acogida, «dependerá del proceso y de las necesidades de cada mujer porque no es lo mismo llegar embarazada que con un niño de dos años», comenta la responsable del proyecto. Una de las usuarias de este recurso es Alba (nombre ficticio) tiene 23 años y llegó hace un año a Burgos desde Colombia. Lleva algo más de un mes en este proyecto junto a su hija de cuatro años. «Llegué a Burgos con el papá de mi niña y hace un tiempo nos separamos», explica y señala que se quedó «sola y sin nada». El primer contacto de Alba con las entidades sociales de la ciudad fue con Burgos Acoge, donde le explicaron la existencia del programa.El proyecto se encarga de cubrir todas las necesidades: vivienda, alimentación, higiene, medicación, formación, etc. «Contar con este apoyo les proporciona una enorme tranquilidad para centrarse en formarse y encontrar un empleo», apunta la trabajadora social. De hecho, Cáritas desarrolla con cada mujer «un programa individualizado según sus necesidades y lo que quiere para su futuro».El caso de María (nombre ficticio) es distinto al de Alba. En su caso, además, fue víctima de malos tratos. Catalana de 26 años residente en Salamanca llegó a la capital burgalesa a través de la delegación salmantina de Cáritas. «Allí no podían ayudarme de ninguna manera y me comentaron la existencia de este programa», comenta y explica que «la enorme necesidad que tenía me obligó a hacer las maletas y venirme a Burgos».María tiene un hijo de dos años y aunque sí tiene familia, la relación con ellos no es buena. «No me han apoyado ni en el embarazo ni después de dar a luz», explica. Sin recursos ni apoyo, encontrar el proyecto Ain Karem fue para ella un salvavidas. «Este programa no se queda solo en el apoyo económico o de vivienda, que es muy importante, en mi caso además he contado con apoyo psicológico», comenta.Esta joven sueña con ser trabajadora social. Lo dice con vergüenza, como si creyera que no lo merece o que no fuera capaz de conseguirlo. Pero ya está dando pasos. «Estoy acudiendo a la escuela de adultos para terminar la ESO y luego acceder a un grado medio», explica Añade que «sería un sueño conseguir ser trabajadora social porque a lo largo de mi vida han sido una figura muy importante, han sido mi referente familiar». Por su parte Alba está realizando un curso de cocina y sueña con ser «pedagoga infantil».El día a día en los pisos de acogida «es como en otra casa cualquiera», explica María. «Es una convivencia normal, se reparten las tareas del hogar y sobre todo es muy importante el respeto y el diálogo entre ambas», añade. Los pisos se rigen por unas normas «de las que se les informa a la llegada» y es un «paso intermedio previo a cuando vayan a vivir solas con sus hijos», señala Sandra Rodrigo, educadora social, quien se encarga de hacer el seguimiento diario de la convivencia en los pisos y de que tengan un día a día «lo más normalizado posible».Atención ambulatoriaAdemás de los tres pisos de acogida para seis madres, el proyecto también tiene atención en régimen ambulatorio. «Estas usuarias tienen sus viviendas, algunas tienen pareja aunque la mayoría no, y a ellas se les brinda el mismo apoyo que a las mujeres que viven en los pisos de acogida, exceptuando como es obvio la vivienda». En lo que va de año, el proyecto Ain Karem ha brindado apoyo a 133 mujeres por esta vía, más las 26 que han vivido en los pisos de acogida.«Son más mujeres que en años anteriores, tanto a nivel residencial como a nivel ambulatorio, pero no podemos sacar aún conclusiones ya que es el primer año que funcionamos con los pisos de acogida», comenta Negruela, quien recuerda que «las usuarias llegan derivadas en muchos casos desde el proyecto de Acogida de Cáritas, pero también desde otros servicios públicos y privados como centros de salud, CEAS, o diversas asociaciones y organizaciones».En este ámbito ambulatorio son las trabajadoras sociales de Cáritas quienes más detectan casos de riesgo de exclusión. «Normalmente se trata de situaciones de precariedad, especialmente hacia los menores», explica Negruela. Por eso «la ayuda que más demandan tiene que ver con las necesidades básicas, como la alimentación o productos de higiene para menores como pañales o toallitas». Muchas de ellas, además, deciden formarse. «Normalmente apostamos porque hagan un curso de capacitación profesional y después les ayudamos en la búsqueda de empleo para que sean los más autónomas posible».Uno de los ámbitos más importantes a trabajar con estas mujeres es el psicológico. «Nos coordinamos con los CEAS y tratamos que ellas conozcan y utilicen todos los recursos públicos que hay a disposición del ciudadano para que cuando salgan del programa sepan que están ahí», comenta la trabajadora social, quien señala que «en este aspecto también contamos con los recursos de la asociación La Rueda y de Adavas». Asegura que «en la mayor parte de las ocasiones son ellas quienes demandan este apoyo psicológico porque se ven incapaces de superar determinados episodios».Precisamente con el objetivo de que estas mujeres se encuentren con otras en su misma situación y puedan compartir dudas y anhelos, el proyecto aglutina diversos talleres para trabajar diversos ámbitos dependiendo la edad de los menores. Uno de ellos es ‘Mujeres felices, madres felices’. Está destinado a embarazadas y se trata de un grupo de autoayuda donde trabajan con una matrona. Por otra parte, en el taller ‘Madres felices, mujeres felices’, destinado a usuarias que ya han dado a luz, «se trabaja con una enfermera y una matrona en los cuidados al bebé», comenta la trabajadora social, quien añade al listado el taller ‘El abrazo de mamá’, «en el que tratamos de desarrollar el apego a través del juego».Además, el proyecto también trabaja con algunos hombres en cuestiones de mediación. «Cuando hay hijos de por medio queremos que la relación de los progenitores sea buena estén o no juntos, porque lo fundamental es que son padres»., asevera la trabajadora social.Cáritas invierte al año más de 125.000 euros en este proyecto, más de la mitad a través de recursos propio y el resto provienen de diveros convenios con el Ayuntamiento de Burgos, Fundación Caja Círculo, La Caixa y Madres Reparadoras. «Los 125.000 no son suficiente, pero afortunadamente contamos con ese respaldo de la entidad», comenta Negruela quien hace especial hincapié en la importancia de los donativos privados.El voluntariadoComo la mayor parte de los programas de Cáritas, Ain Karem también cuenta con voluntariado, en concreto con una veintena. Judit Moreno es una educadora social recién licenciada llegada de Asturias, que encontró el proyecto burgalés y se enamoró. Asegura que su experiencia en el programa está siendo «muy positiva» por diversas razones. «Te permite conocer a profesionales de tu mismo ámbito y sus recursos y además tú mismo puedes también aportar tus conocimientos» pero sobre todo porque «este es un proyecto único».Precisamente lo que más valora de Ain Karem es que «pretende empoderar a la mujer y hacerla independiente porque les ofrece las herramientas para después ser autónomas». Muchas «llegan destrozadas anímicamente» y «es muy gratificante ver que su cara cambia día a día, que salen de aquí con esperanza», explica Negruela.