El Correo de Burgos

SANIDAD / COOPERACIÓN INTERNACIONAL

«Las familias son muy agradecidas porque saben que estás dedicando tu tiempo a curar a sus hijos»

Un equipo de profesionales del HUBU viajó a finales del pasado año a la Isla de Sal (Cabo Verde) en una misión de diez días para operar a una treintena de niños de la mano de la entidad vasca África Avanza / Para próximos años pretenden recaudar fondos para llevar material sanitario

Sanllorente y Galvañ en el área de pediatría del HUBU. SANTI OTERO

Sanllorente y Galvañ en el área de pediatría del HUBU. SANTI OTERO

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Burgos

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Las profesiones ligadas al ámbito sanitario tienen mucho de vocación, pero sobre todo son un compromiso con la mejora de la calidad de vida de las personas. Cuando esa labor se lleva a cabo de forma voluntaria, en un país de bajos recursos y con el compromiso de regresar de forma anual su valor es incalculable para profesionales y pacientes.

Con ese objetivo de mejorar la vida de los más pequeños y de sus familias, un equipo formado por una cirujana pediátrica, un anestesista y una enfermera del Hospital Universitario de Burgos (HUBU), junto a otro cirujano formado en el HUBU y ejerciendo en Madrid, ha participado en la Isla de Sal (Cabo Verde) en una misión de diez días de la mano de la asociación África Avanza. 

Galvañ acompaña a uno de los niños al quirófano. ECB

Galvañ acompaña a uno de los niños al quirófano. ECB

Esta entidad vasca sin ánimo de lucro busca promover y realizar proyectos de cooperación al desarrollo en las comunidades sociales más desfavorecidas del África subsahariana para contribuir a la mejora de la calidad de vida de las personas. Entre otras áreas, la entidad actúa a nivel sanitario enviando misiones de distintos especialistas que durante varios días desarrollan consultas, operaciones y prestan atención médica a la población caboverdiana.

Con ese objetivo partía el equipo burgalés. «La asociación no encontraba  anestesistas pediátricos en País Vasco y como estamos cerca preguntaron en el HUBU y dijimos que sí», explica Yaiza Galvañ, cirujana pediátrica del HUBU. 

«Nuestra misión ha sido intervenir a niños que tuvieran patologías que pudieran operarse de forma ambulatoria», comenta la enfermera Marta Sanllorente, que completa el equipo junto a los doctores Jacobo Montero y Ricardo Orus. «Nosotros marcamos los requisitos que debían cumplir los niños a operar. Tenían que ser intervenciones relativamente sencillas para que si se producía alguna complicación aún estuviéramos por allí», añadía.

El sistema sanitario caboverdiano es «muy deficitario» en cuanto a recursos humanos y materiales de ahí  que «haya muchas dificultades para llevar a cabo cirugías infantiles», explica Sanllorente.  Además, «los padres tampoco llevan a sus hijos al médico como lo hacemos aquí, que en cuanto vemos algo que no cuadra lo consultamos. Allí si no les duele no les llevan».

Así, con el fin de aprovechar la misión de los cirujanos pediátricos, desde la asociación y a través del centro sanitario de la isla se hizo una lista con niños  con necesidades quirúrgicas. «Se aprovecharon las consultas pediátricas para hacer un listado de una treintena de niños con problemas que podían resolverse con una cirugía», añade la enfermera.

La aventura comenzaba un viernes y ya el sábado «revisamos a los 33 niños que nos habían preseleccionado». Del total de menores de entre uno y doce años, los profesionales del HUBU intervendrían a 28. «A los que no se operó  fue porque se trataba de cirugías mayores o porque finalmente no había ninguna patología», apunta la doctora. A pesar de no hablar el mismo idioma (en Cabo Verde se habla el criollo, con base léxica en el portugués y un sustrato de lenguas africanas) «nos entendíamos bastante bien», apuntan las profesionales.

Instante de una intervención. ECB

Instante de una intervención. ECB

Pero si algo llamó  la atención de ambas fue «la educación de niños y padres. «Entraban al quirófano tranquilos y contentos aunque luego a la hora de tumbarse se asustaran un poco», explica Galvañ. Las familias, además, «son muy agradecidas porque saben que estamos dedicando nuestro tiempo para curar a sus hijos. El trato con ellas ha sido muy bueno», añade la enfermera. 

Además de su tiempo y sus conocimientos, los profesionales del HUBU también han llevado en su misión material. «Pedimos permiso a la gerencia del HUBU para llevarnos materiales próximos a caducar que pudiéramos usar  en las operaciones», indica Galvañ, quien avanza que «para próximas misiones nuestro objetivo es comprar material a través de un crowdfunding y llevarlo para dejarlo  allí». 

Sin duda, la falta de material es una de las principales problemáticas de la sanidad caboverdiana. «Es material muy antiguo, usado muchas veces y que empieza a fallar», apunta la enfermera, quien añade que «además la forma de esterilizar es distinta y el material se acaba estropeando». 

 Y es que, tal y como explica  la doctora «aunque se puede operara aun niño con material de adultos, hay algunas cirugías que requieren de material especializado para niños que es más pequeño, acorde a sus cuerpos», quien afirma que «al ser nuestra primera misión quisimos hacer una toma de contacto un poco más tranquila porque el objetivo es regresar de forma anual», añadió  la cirujana. 

Sanidad en Cabo Verde

La sanidad caboverdiana se encuentra en un punto «precario». Se trata de un sistema de atención gratuito aunque «hay que pagar una pequeña tasa para que no  se abuse del servicio». Las infraestructuras «son buenas», señala Galvañ, quien asegura que «hay centros de salud en España más viejos», pero «la gran necesidad está en los recursos humanos. No hay  especialistas clínicos ni quirúrgicos». 

Sanllorente prepara a un niño para la operación. ECB

Sanllorente prepara a un niño para la operación. ECB

En Cabo Verde no hay facultad de medicina ni se pueden especializar. «Se tienen que ir fuera a formarse, en muchos casos a Cuba, o vienen especialistas de Cuba a Cabo Verde a través de un convenio que mantienen ambos países», señala Sanllorente.

La mayor parte del personal sanitario son mujeres y «están muy acostumbradas a trabajar con las misiones», explica la enfermera quien apunta que «la comunicación y el trabajo con ellas ha sido siempre muy agradable y en muy buen ambiente».

La población censada de la isla alcanza las 20.000 personas pero fuera de padrón hay otras 20.000 personas. «Es una población joven y es frecuente que se den familias mixtas con hijos del padre y de la madre y en común», añade Galvañ.  La salud general de los niños y «hasta donde podemos conocer» es «buena» y «la mayoría están escolarizados».

De hecho, al haber tantos niños  se les escolariza por turnos, unos van por la mañana y otros por la tarde. «Hay algunas entidades que se encargan de los niños en riesgo de exclusión cuando no están en turno de escuela», apunta Sanllorente. Las profesionales tuvieron la oportunidad de visitar una de estas entidades durante su misión y conocer de primera mano el día a día de muchos niños caboverdianos. 

El equipo fue entrevistado por la televisión local. ECB

El equipo fue entrevistado por la televisión local. ECB

El día a día

La jornada arrancaba a las 8 de la mañana y las intervenciones se prolongaban de 9 a 17 horas. «Comíamos en veinte minutos y a las cinco estábamos de vuelta en el hotel», explica la doctora, quien recuerda que los voluntarios «pagamos mil euros por ir». Durante la semana de intervenciones también hicieron un par de visitas médicas de urgencia. Los diez días- seis de ellos operando - «se pasan volando» ya que «son pocos días pero muy intensos», afirma la enfermera. 

El grueso de la intervenciones se centró  en poner soluciones a hernias y diversas lesiones cutáneas, entre otras patologías, pero hubo un caso, el primero de todos, especialmente complejo. «Se trataba de una niña de un año con lo que creíamos que era un hernia inguinal bilateral, pero cuando fuimos a abrir vimos que se trataba de dos testículos». La pequeña tiene el  síndrome de insensibilidad completa a andrógenos, que supone que los tejidos no sean sensibles a la estimulación androgénica», explica la doctora, un síndrome «muy poco común». 

Al no haber estímulo, el ser humano se desarrolla como una mujer. Es en la pubertad, con la hormona femenina, cuando «el cuerpo empieza a desarrollarse como mujer, pero en su caso no ocurrirá. Es un varón que no se  ha desarrollado como tal ya que no tiene útero ni ovarios aunque su apariencia externa es de una niña», apunta la especialista.

Un caso «muy complejo» que «si bien en España tiene un seguimiento y un tratamiento concreto» en un país con una cultura y un idioma distinto «no sabíamos cómo lo iban a encajar los padres». Afortunadamente la familia «entendió y asimiló bien lo que ocurría» aunque «la niña no tendrá un seguimiento como aquí, que sería lo deseable». 

Marta y Yaiza tienen la mente puesta en próximas misiones pero «la idea es que los compañeros del área que quieran ir puedan hacerlo», apunta la cirujana.

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