Aumentan los menores que requieren tratamiento por consumo de alcohol
La memoria de Proyecto Hombre Burgos refleja un ascenso notable de los casos en los que esta sustancia es el principal problema

Jóvenes de botellón junto a las escaleras de San Esteban.
Más de un tercio de los menores de 21 años que solicitaron a lo largo de 2023 ayuda a Proyecto Hombre para tratar una adicción reconocían tener un problema con el alcohol, como causa principal de su demanda. Un 36,78% en concreto, frente al 13,85% de 2022, lo que supone un notable incremento que merece un análisis. Si bien el alza, a priori, asusta, la presidenta de la organización en la provincia, Marta González, lo interpreta en positivo y, aunque, es cierto que evidencia el preocupante impacto en la juventud que tiene la normalización de la ingesta de alcohol, descarta que el incremento sea por un mayor consumo repentino, sino más bien por una aumento de la concienciación social.
«En el caso de los menores son los padres los que nos llaman y, tradicionalmente, en la primera entrevista, preguntados por el motivo de consulta, explicaban que su hijo fuma porros, o similar, y aunque reconocían que bebe o hace botellón no les preocupaba tanto. Es ahí donde detectamos un cambio», relata González, convencida de que, al fin, comienza a verse el consumo de alcohol como el problema que es.
Confía además en que esta tendencia se consolide fruto del «trabajo que llevamos a cabo en prevención», para considerar el dato, en definitiva, como «una buena noticia», el principio del fin, espera, de la normalización de una sustancia que causa estragos desde edades muy tempranas, en ocasiones con el beneplácito de los adultos.
«Hay padres que nos cuentan que compran el alcohol a sus hijos para evitar que beban garrafón», indica como ejemplo, para lamentar que «esta práctica significa, en realidad, dar permiso total» para un consumo que, se acompañe o no de otro tipo de sustancias, conlleva nocivas consecuencias.
En adultos, sin embargo, se mantiene la tendencia de la cocaína como la principal sustancia que motiva la consulta a Proyecto Hombre (46%), mientras que el alcohol ocupa, a cierta distancia, la segunda posición. «En este caso, las personas suelen tardar más tiempo en llegar porque es un consumo más normalizado y socialmente aceptado», lo que contribuye a cronificar el problema y a complicarlo, pues la alarma salta cuando las consecuencias son graves. De ahí que ese posible cambio de percepción en menores que permite atisbar la estadística reciente sea motivo de celebración.
De vuelta a la memoria de actividad, Marta González pone el foco en el menor acceso al tratamiento de las mujeres. A diferencia del dato anterior esta realidad no tiene nada de novedosa y es ahí, precisamente, donde radica el problema. Del total de adultos atendidos, el 86% eran hombres y apenas un 14%, féminas. Cae la diferencia en el área de prevención, centrada en menores de 21 años, aunque la hay: ellos copan el 69% de la atención.
«Es una tendencia consolidada y no significa que haya menos mujeres adictas, sino que existen más dificultades para pedir ayuda, pese al esfuerzo que se destina en crear programas específicos para paliar esta realidad. La causa tiene que ver con el estigma social y tenemos que acabar con él. Es necesario que ellas asuman que tienen derecho a recibir atención y a delegar responsabilidades, porque al final lo que ocurre es que priorizan el cuidado de sus hijos y de su entorno, al suyo propio. Es un reto importante cambiar esta situación y los datos demuestran que lo que hacemos no es suficiente», explica la responsable de Proyecto Hombre Burgos.
Reafirma este planteamiento el hecho de que en el ámbito del apoyo familiar de jóvenes «se ha trabajado con un 60% de madres y un 40% de padres». Incluso en adultos el reparto es similar.
Otra de las alertas que señala el informe anual de actividad de la organización es el abuso de las llamadas TRICs, es decir, las Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación. Un 22,67% de los menores de 21 años atendidos presentaban problemas en este sentido y en más de la mitad de los casos, un 53,33%, se acompañaban de serios problemas de conducta «relacionados con violencia y agresividad». «Vemos como este dato aumenta año a año», indica, preocupada, González.
En relación con el consumo de cannabis, sin embargo, se ha registrado un descenso de esta sustancia como principal causa de demanda de ayuda para menores, al pasar de un 83% de 2022 al 63% reciente.
282 altas terapéuticas
En suma, durante 2023 Proyecto Hombre atendía a 977 personas en tratamiento, 2.352 en prevención y 614 familiares. Proyecto Joven llegaba a 3.118 usuarios. Además, a lo largo del año pasado se daban 282 altas terapéuticas, «lo que equivale a que 24 personas al mes mantienen un estilo de vida saludable una vez realizado el tratamiento en alguno de los programas que la entidad ofrece», detalla el propio resumen.