Ayala ata su futuro con Vox al presupuesto: «Si tengo que jugarme el pacto, lo haré»
La alcaldesa de Burgos está dispuesta a lanzar una cuestión de confianza si el presupuesto resulta rechazado en el pleno. No aclara si rompería con Vox y se ciñe a que «lo que sea sucederá» y el grupo popular lo «hará frente»

Ayala en la comparecencia que «marcó posición» sobre la rectificación por las ayudas a las ONG.
Vuelta de tuerca en la brecha del hasta ahora «sólido» pacto de gobierno entre el Partido Popular y Vox al frente del ejecutivo local. Una fractura abierta a raíz de la exigencia de los de Abascal y aceptada inicialmente por el PP, de dejar fuera del convenio que reparte las ayudas municipales a tres de las cuatro ONG que trabajan con emigrantes en la creencia de que fomentan la inmigración ilegal, tal y como lo describió el vicealcalde Fernando Martínez-Acitores (Vox).
Esta decisión motivó una catarata de reacciones en contra en distintos ámbitos de la sociedad burgalesa, máxime cuando la cuarta ONG, Cáritas, se negó a recibir la subvención si no se contaba con las otras tres. La protesta fue subiendo de temperatura alentada por una confluencia de detractores entre los que se encontraron entidades como la patronal o la universidad y la presión mediática, hasta el punto de que miles de personas se congregaron en la plaza mayor en contra del recorte a estas ONG.
El siguiente capítulo de este sainete iniciado por Vox tuvo lugar a la mañana siguiente, cuando la alcaldesa de Burgos, Cristina Ayala, tomó las riendas de la situación y tras asumir el error con las ONG anunció que se desmarcaba de las exigencias de Vox y que el concejal de Hacienda enmendaría su propio presupuesto para recuperar el convenio de 2024 con las mismas subvenciones para las cuatro ONG.
Vox, por su parte, estuvo falto de reflejos para reaccionar y más allá de confirmar que no tienen intención de romper el pacto de Gobierno, despachó el órdago de Ayala con una inconcreta petición de más dinero del presupuesto de 2025 para las áreas que los de Abascal gestionan en Burgos: Comercio, Seguridad, Cultura, Mayores y Aguas, entre otras competencias.
La vuelta de tuerca se escenificó ayer por parte de la formación de derechas al negarse a aceptar la enmienda del grupo popular, que plantea detraer fondos asignados a la Alcaldía para mantener un convenio con las ONG que supone únicamente un gasto de 119.000 euros. Vox, de nuevo sin argumentos, planteó de viva voz sin ningún documento que lo respaldase con medidas concretas, su exigencia de mejorar la dotación económica de las áreas que gestionan.
Ante esa vaguedad, el concejal de Hacienda, Ángel Manzanedo, instó a sus compañeros de Vox en el equipo de Gobierno que, al igual que hizo el PP, debían indicar de qué otras partidas detraer fondos para dedicarlos a las áreas que pretenden sobrefinanciar. Ante la falta de concreción de los de Vox, se sometió a votación el borrador del presupuesto y ni los socios de Gobierno votaron a favor ni tampoco lo hizo el grupo municipal socialista, pese a las ofertas previas de su portavoz de respaldar a Ayala si reculaba y volvía a subvencionar a las ONG.
Así las cosas, el tablero político en la corporación municipal burgalesa aparece revuelto pero la situación aún no ha alcanzado el grado que aproxime a los dos socios a la ruptura. Ese punto de fricción se alcanzará este viernes con la votación del presupuesto en el pleno municipal convocado para ratificar unas cuentas con las que 8 días antes ambos socios de gobierno estaban perfectamente de acuerdo.
Si Vox mantiene la misma postura que en la comisión de Hacienda y vota en contra del presupuesto y el grupo socialista opta por el tacticismo, obviando sus ofertas anteriores, y también rechaza las cuentas como parece seguro que hará, la corporación municipal volverá a vivir un episodio del que sólo existe un precedente en el Ayuntamiento de Burgos, allá por el año 2001 con Ángel Olivares como alcalde.
Cuestión de confianza
Si Vox, que mantiene el silencio sobre sus planes, vuelve a votar en contra e impide que el presupuesto presentado por el PP resulte aprobado, Cristina Ayala está dispuesta a cumplir con la amenaza de someterse a una cuestión de confianza, como ya avanzó el pasado jueves. La regidora del PP ya «marcó posición» tras tomar la decisión de recular con las ayudas a las ONG y está determinada a mantenerla, ahora sí, y «lo que tenga que venir, que venga».
«Si tengo que jugarme el pacto de Gobierno, lo haré», avisa, y «pasará lo que tenga que pasar». Es el aviso claro de Ayala, que espera que este viernes en el pleno de los presupuestos los otros dos grupos municipales se retraten y «lo que tenga que venir, que venga», aclaró a este periódico en referencia a la presentación de la ya mencionada cuestión de confianza.
Ayala no aclara, si en el caso de que Vox realmente opte este viernes por traicionar a su socio de gobierno por el reparto de 119.000 euros a las ONG, romperá la coalición con el partido de Abascal y se limita a confirmar a este periódico que «lo que sea sucederá» y el grupo popular lo «hará frente».
Sin embargo, pocas dudas quedan de que este asunto ha abierto una enorme brecha en la pétrea fidelidad al pacto de gobierno que ha expresado en multitud de ocasiones tanto la propia Ayala como el presidente del PP en Burgos, el también concejal en Burgos y presidente de la Diputación, Borja Suárez.
«Si tengo que jugarme el pacto de Gobierno, lo haré»
Una fractura que, paradójicamente, ha agotado la flexibilidad de la que había hecho gala Ayala con Vox y la ha convertido en un planteamiento inamovible, ya no sólo en el caso de las ONG, de actuar con la máxima contundencia.
Así las cosas, la propia alcaldesa califica como «valiente» su postura a raíz de la rectificación de la semana pasada, convencida de que «si me tengo que jugar el pacto de Gobierno, lo haré». Y en ese sentido, la mayor arma con la que cuenta la regidora burgalesa es la de presentar una cuestión de confianza asociada a la aprobación del presupuesto.
Esta figura prevista en el ordenamiento jurídico se concreta en que los grupos municipales tendrían 30 días para articular una moción de censura para descabalgar a Ayala del sillón del mando y en caso de que fracasen, el presupuesto quedaría aprobado automáticamente. De esta manera logró el alcalde socialista Ángel Olivares la aprobación de las cuentas de 2001.
Plantear una cuestión de confianza supone para Ayala tener que decidir si finalmente rompe o no con Vox. Es poco probable que los de Abascal se sumen al PSOE para arrebatar la alcaldía al PP, pero eso mismo ha ocurrido recientemente en el pueblo ribereño de Castrillo de la Vega. Tal movimiento en Burgos se interpreta como un suicidio político de Vox, que ya ha quedado muy tocado por el veto a las ONG y en cuyo seno carecen de una unidad de criterios sobre toda esta polémica.
Por el momento, Vox Burgos mantiene el secretismo sobre sus próximos pasos y ni siquiera sus socios de Gobierno sospechan que orden recibirán desde Madrid para ejecutar este viernes en el pleno. Tras la ruptura del pacto de Gobierno en Castilla y León, que desde Bambú se defiende sin arrepentimiento pese al coste político que ha supuesto a la formación, cualquier escenario es posible con un partido que tiene su propia agenda y motivaciones.
Hay que hacer hincapié, adicionalmente, que Cristina Ayala está dispuesta a jugarse el pacto de gobierno con la carta de la cuestión de confianza en un órdago que sólo tiene un destinatario, que no es otro que Vox. La determinación y la fortaleza con la que ahora Ayala defiende su postura, después de los errores políticos anteriores que han escalado hasta conformar la actual polémica tiene como receptor a Vox, en burgos y en Madrid. Y Ayala cuenta con el respaldo de los presidentes del PP autonómico y Nacional Tanto Alfonso Fernández Mañueco como la secretaria General de los populares, Cuca Gamarra, validaron ya la semana pasada expresamente el movimiento que podría llevar a Ayala a lanzar la cuestión de confianza.
«Lo que sea sucederá» y el grupo popular lo «hará frente»
La alcaldesa, por otro lado, no menciona ni cuenta con el PSOE para aprobar el presupuesto. Ya el mismo jueves en el que escenificó su giro de 180º al veto a las ONG descartó ningún tipo de negociación o apelación a que el PSOE cumpliera lo expresado anteriormente ofertando una mano tendida para las cuentas de 2025 si Ayala reculaba. No se fía del portavoz socialista, Daniel de la Rosa, a quien ha acusado reiteradamente de mentir y de maniobrar para perjudicar los intereses municipales.
Por eso, Vox es el único destinatario de su órdago y por eso, aunque está dispuesta a jugarse el pacto de gobierno, no pedirá apoyo al PSOE. Los socialistas por otra parte, confirmaron ayer que apoyarían los presupuestos si Ayala revierte el recorte a las ayudas a la cooperación y recupera el convenio con la Coordinadora de Memoria Histórica, pero previamente el peaje para la alcaldesa sería una ruptura con Vox. No parece que la regidora popular vaya a morder ese anzuelo.
¿Y si logra aprobar el presupuesto?
Si Ayala lograse pasar la cuestión de confianza y sacar adelante el presupuesto para 2025 alcanzaría su máximo objetivo político en este final de año. Hay que recordar que al anunciarse el veto de Vox a las ONG, el PP transigía con sus exigencias argumentando la importancia de las cuentas del año próximo para llevar a cabo su programa electoral y los proyectos que se han iniciado en los meses previos de mandato. Pero el interés de Ayala y el PP va mucho más allá.
El presupuesto diseñado por el equipo de Ayala para 2025 es un traje holgado al que podrá meterle las costuras para seguir gobernando sin apreturas. Aprobar las cuentas de 2025 ahora proporcionará a Ayala y al PP la independencia sobre su socio de Gobierno ya que lo haría prescindible. Y Vox lo sabe.
Ayala podría gobernar con el presupuesto que pretende aprobar este viernes durante 2025 y permitirse el lujo de prorrogarlo para 2026 y negociar después si fuera necesario, las modificaciones de crédito que precise. Para 2027 no tendría que preocuparse ya que habrá elecciones en mayo de ese año.
De ahí que Ayala haga ahora de la necesidad virtud, y fuerce un órdago que si le sale bien le permitirá meter en cintura a Vox y logrará esa opción de independencia sobre su socio. Pero no parece en su ánimo romper el pacto a toda costa si sale el presupuesto, a tenor de lo que ya manifestó en su última comparecencia.

Ayala con el presidente del PP en Burgos, el también concejal en Burgos y presidente de la Diputación, Borja Suárez.
Todo pendiente para el pleno
Cabe reseñar que aún queda margen para que las discrepancias entre los socios de gobierno en Burgos puedan reconducirse. Bastaría con que Vox plantease una enmienda transaccional en el pleno de este viernes lo suficientemente argumentada y viable como para que el grupo popular pudiera aceptar que se incorporase al borrador del presupuesto antes de someterlo a votación.
Ese tipo de enmiendas se suceden habitualmente en los plenos municipales y permiten que un grupo municipal matice su propuesta a votación a petición de otro grupo que demanda que se incorporen sus aportaciones o reformulaciones de la propuesta.
Nada más natural, por tanto, que Vox plantee una opción aceptable para que los populares la asuman y ambos socios de gobierno puedan votar conjuntamente a favor de un presupuesto en el que estaban básicamente de acuerdo.
Sería el punto final a una polémica innecesaria que ha desgastado a los dos socios del ejecutivo local burgalés desde el punto de vista de la tramitación de las cuentas de 2025, no así de la desconfianza que se ha instalado entre PP y Vox por culpa de las directrices del partido de Abascal desde la calle Bambú en Madrid y su torpe traslado a Burgos así como por parte de Cristina Ayala, que cometió un costoso error de cálculo previo, bien por exceso de apego al pacto con Vox, por una excesiva querencia de estabilidad o una aversión al conflicto que, paradójicamente, le ha llevado a tener que esgrimir la cuestión de confianza como arma arrojadiza.