Rarolarium, el embrujo de los objetos especiales
Un gabinete de curiosidades situado en el corazón de Burgos, junto a la Catedral. Un lugar fuera de lo común lleno de piezas que parecen hablar al visitante que busca regalar o regalarse

Rarolarium, el mundo de objetos especiales.
Quien no lo conoce se sorprende, y los que saben donde está no dudan en traspasar sus puertas. No se lo piensen, sigan la invitación del cartel de su fachada que enmarca un alegre: Pasen y Vean.
Tras sus puertas se abre el mágico mundo de Rarolarium. Una propuesta que nació en el año 2018, en la calle Fernán González, en el corazón de Burgos, cerca de la Catedral, de la mano de su maga y creadora Míriam de Juan Gil, que tomo su formación en Arte, Diseño y Moda para modelar su sueño. «Rarolarium, viene de curiosidad», explica, «siempre he sido, inquieta, curiosa y pensé: ‘arium’ en latín significa lugar y si lo unimos al prefijo, pues ya tenemos Rarolarium, el lugar de las cosas raras».
La iniciativa de Míriam parte de su personalidad, «siempre me ha encantado la ciencia, la belleza, el arte, la historia, la cultura. Todo se fue mezclando, hizo como un cóctel, ha sido lo que la arcilla que ha moldeado la tienda»

Raroralium está en corazón histórico de Burgos, en la calle Fernán González, cerca de la Catedral.
Esa es la esencia, el arranque, donde el visitante percibe un mundo lleno de posibilidades para regalar o regalarse a sí mismo un objeto especial. Un ‘Curisoty Shop’, único en España. Porque aunque hay alguna tienda parecida en las grandes capitales, no existe otra igual en nuestro país. Míriam, siguió la línea marcada por los Gabinetes de Curiosidades, o los Cuartos de las Maravillas, los precursores de los museos, donde los nobles y burgeses de los siglos XVI, XVII y XVIII coleccionaban y exponían objetos exóticos llegados de todos los rincones del mundo conocido.

Míriam de Juan Gil, impulsora y gerente de Rarolarium.
Una idea original única en España. «Que yo sepa no hay ninguna tienda igual. En Madrid encuentras propuestas parecidas, pero el concepto es distinto, es una papelería especial o tiendas que tienen , por ejemplo, reproducciones de juguetes antiguos, pero no es igual».
Una tienda viva
El espacio invita a buscar, la vista va saltando de una a otra propuesta, todas diferentes, alejadas de lo habitual. «Lo que quería es algo que no se pudiera comprar fácilmente online, para que las personas tuvieran una experiencia», apunta Míriam de Juan Gil. Es el lugar ideal para encontrar el regalo especial, cuando a veces no sabemos qué escoger, hay que dejarse llevar por la intuición y pensar a quién va dirigido. «Buscaba que comuniquen fuera de los píxeles y las pantallas».
Cada pieza que da vida a Rarolarirum tiene en común su rareza, pero también su historia, su personalidad. «Son especiales, singulares. Bien por su antigüedad, su funcionalidad, su forma artística o también, por su originalidad»

Un lugar lleno de objetos especiales y únicos.
Y lo son en ambos sentidos, por ser extraordinarias, y por ser piezas únicas creadas por artistas. Lo que hace que «la tienda esté muy viva». Porque hay piezas que se venden «y ya no vuelven.A veces, cuando he vendido alguna cosa, siento que se llevan una parte de mí. Porque sé que estaban hechas con mucho amor, conozco a su creador, al artista y me ha emocionado».
Una vibración de los objetos que Míriam escoge personalmente. Lo hace en viajes «especiales para comprar y cuando lo veo me da el pálpito. Lo ves y dices: esto me gusta, puede encajar». Pero también hay piezas únicas creadas por artistas, de Burgos y de fuera, rescatadas de subastas, en mercados, en tiendas donde le llaman la atención.
La propuesta cuida todos los detalles empezando por la fachada y su verja; una creación especial. «La hizo mi padre, la hicimos juntos. Él es artista y de los buenos. Es un regalo maravilloso, pero además es una tarjeta de presentación. Para que entren y tengan una experiencia».
El lugar de las cosas raras
Una abanico de posibilidades que va desde los dos euros, «el palo santo» a los dos mil, «antigüedades asiáticas talladas en piedras semipreciosas». Entre medias, Míriam de Juan Gil, gerente del lugar, calcula que unos 3.000 objetos dan vida a Rarolarium. Hay donde elegir.
Es difícil realizar un listado. Hay cajas de música, cuadros, cornucopias,«hay dos iguales en Nueva York». Estatuas antiguas, lámparas de techo con formas especiales, como un pulpo o un mono astronauta, un libro con luz led, «también tenemos cosas modernas», muebles especiales, peluches de dos cabezas, «a los niños les encantan». Un Kit contra vampiros, con su agua bendita, crucifijo y una estaca. Fanales, urnas de cristal que fueron lo más ‘in’ en el siglo XIX con objetos variados en su interior.

Hay antigüedades, piezas únicas, creaciones de artistas, objetos únicos.
Joyas realizadas por artesanos, anillos, pendientes, colgantes, «hay uno creado con una pieza del primer futbolín femenino de España».
Exvotos, desde una muñeca de cera a otros más especiales, «esta mañana he vendido uno que tenía una trenza de pelo, una pieza con alma». Corales, con su certificado de antigüedad. Piezas de jade, Dragones Fu, proveedores de la felicidad en el hogar. Una colección de zoótropos, precursores de las imágenes animadas.
El cristal de la tormenta, un invento de un marino inglés que predice el tiempo, utilizado en la segunda mitad del siglo XIX y que «consiguió el primer parte meteorológico que se publicó en un periódico». Un espectacular gramófono, los ‘impertinentes’ utilizados en el teatro. Un mueble de colores y personalidad realizado por un artista neoyorkino. Un apagavelas.

Objetos maravillosos y sorprendentes. Cada uno encuentra su dueño.
Entre lo más demandado, las calaveras, «no sé qué ocurre, pero tiene mucha salida». Grandes, pequeñas, de colores, con cristales de Swarovski, decoradas. Una convertida en colgador con papel higiénico impreso con la cara de Trump.
La entomología, una sección amplia y variada con todo tipo de objetos que llaman la atención, «es una de las características de Rarolarium».
También los libros de todo tipo, pero especialmente los dedicados al «arte de lo oculto», libros de esoterismo, oráculos, sobre magia, tratados. Incluso cuenta con un espacio dedicado a las bolas de cristal de adivinación.
La mayoría de los clientes son de Burgos, algunos visitantes, y pequeños pedidos del exterior. Una circunstancia que se une a la rareza de su propuesta, que abrió sus puertas poco antes de la pandemia y ha sobrevivido a pesar de «lo complicada que es la vida de los autónomos», apunta Míriam de Juan Gil, que narra:«Me acuerdo cuando empecé se lo comente a mi gestor. Me dijo: esto en Burgos no. En Madrid, en Barcelona, bueno... Pero yo le decía, ¿pero por qué todo lo bonito tiene que estar en las ciudades grandes, por qué no aquí?». Seis años después, Míriam sonríe y confirma: «en Burgos, hay una resistencia maravillosa».
Pasen y vean. Rarolarium les espera.