El Correo de Burgos

Ejemplo de sangre fría ante una grave amenaza

Un policía y un guardia civil narran cómo detuvieron, estando fuera de servicio, a un joven que agredió con un machete a un menor

El guardia civil y el policía nacional que, fuera de servicio, detuvieron al joven que agredió a un menor con un machete.

El guardia civil y el policía nacional que, fuera de servicio, detuvieron al joven que agredió a un menor con un machete.TOMAS ALONSO

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Con toda probabilidad, si está leyendo este reportaje, usted no sepa qué es la regla de Tueller. Bien, si ya ha consultado en Google qué es ya puede tener una idea más aproximada de la intervención conjunta que protagonizaron un guardia civil y un policía nacional fuera de servicio -ese detalle es fundamental en esta historia- que estaban tomando algo en una cafetería de Gamonal el pasado domingo 10 de noviembre.

Ambos agentes son amigos de la infancia, «nos conocemos desde chavales», explica uno de ellos, que prefieren salvaguardar su identidad, y estaban apurando la jornada dominical. Eran en torno a las nueve de la noche cuando apareció en el establecimiento «un grupo de seis u ocho menores asustados, uno de ellos con una marca de haber sufrido una herida, un corte en el brazo». A ambos agentes les llamó mucho la atención el nerviosismo de los chicos, «muy exaltados, muy alterados».

Entonces, los chavales les dijeron que habían tenido un incidente con un joven que «les había llegado a amenazar con la intención de quitarles sus pertenencias». De hecho, a uno de ellos le llegó a robar el patinete eléctrico y le había provocado una herida en el brazo con un machete enorme, de casi medio metro de hoja, concretamente el que aparece en la fotografía pequeña de esta información. Un arma con el que se puede provocar un daño irreversible.

En su huida, los chavales les contaron que uno había perdido el teléfono móvil, pero «como tenían tanto miedo para ir a recuperar el móvil, les acompañamos», recuerda uno de los agentes. Aún no se habían identificado como miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, aunque cuando se dirigían hacia el lugar donde podía estar el móvil les comentaron que fueran llamando al 091 para que «acudieran los compañeros» a la zona, todavía sin que ambos supieran cómo iba a cambiar la situación en cuestión de segundos.

Cuando recuperaron el móvil del menor que había salido huyendo, los agentes, que ya tenían una descripción física del agresor a través de lo que les contaron las víctimas, y los menores estaban en un parque. De repente, un individuo que se correspondía con la descripción que habían dado los menores a los agentes, salió de un portal cercano portando esta vez un cuchillo de cocina de grandes dimensiones. 

Inmediatamente, los chicos gritaron «es él, es él» y salieron despavoridos. Uno de los agentes recuerda que «el tío salió directamente a por el chico que había sufrido el machetazo, con la intención clara de ir a por él, sin mediar palabra». La situación era especialmente grave porque se trataba de una persona que ya había agredido antes, por lo que no había margen. Lo cierto es que porque «el chico corrió más, zigzagueó», pero el agresor llegó a estar a corta distancia del menor. Fueron apenas unos segundos, y los dos agentes fueron detrás del agresor.

Uno de los agentes recuerda que alcanzaron al joven que llevaba el cuchillo de cocina en las manos, y se colocaron entre él y el chico que había salido huyendo. En este momento de la historia es donde es necesario recordar la regla de Tueller mencionada al principio. Uno de los agentes lo explica con claridad: «Un agente tiene pocas posibilidades ante un agresor con arma blanca a menos de siete metros». Es decir, que las distancias en este tipo de situaciones son fundamentales. Y en este caso, aún más, porque los dos agentes no iban uniformados y no llevaban las armas reglamentarias ni protección y solo eran ellos dos.

Además, el individuo del cuchillo no es que amenazara, es que ya había agredido anteriormente a alguien, lo que hacía más compleja la intervención. «Ante un arma blanca, distancia de seguridad», explican. Afirman que «es una de las intervenciones más complejas» a las que se puede enfrentar un agente en la calle y «más, como en este caso, cuando la persona ya ha utilizado el arma, no está en actitud pasiva, se ve que tiene intenciones claras».

Además, remarcan ambos agentes, eran las nueve de la noche de un domingo, en una zona en la que aún había bastante gente, «un lugar transitado por personas, lleno de gente y era una amenaza». A ello se unía que «había agredido a un menor, eran circunstancias que no podíamos obviar. Había que hacer con él».

En este caso, los agentes, «tras identificarnos como policías le pedimos en repetidas ocasiones que bajara el arma». Tras insistir con más intensidad, hubo un momento en el que el agresor hizo un ademán de bajar el cuchillo. Ahí fue cuando lo consiguieron reducir, pero «no sabíamos si podía tener otro arma, ya que la información anterior apuntaba a que llevaba un machete encima y no le dimos la mínima oportunidad, en el momento que bajó el cuchillo lo redujimos». 

Pero, como afirman, «con la vida en juego» porque había usado antes un machete y portaba un cuchillo de grandes dimensiones. En todo momento, estuvieron en «contacto telefónico con la central». La intervención no quedó ahí, ya que tras la detención de este individuo, se solicitó una orden judicial y se entró a su piso, donde la Policía encontró el machete utilizado en la agresión y el patinete eléctrico robado.

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