Las voces blancas de la Catedral
La Escolanía de Pueri Cantores son herederos de una tradición nacida en el siglo XV, que fue recuperada en 1996 y quedan muy pocas en España ligadas a una Catedral.
Conocidos por la tradición del Obispillo, su aportación va más allá. Están tan unidos a Burgos que marcan el origen del nombre del barrio de Capiscol
Ensayo de los Pueri Cantores
Cada semana se juntan para ensayar y aprender su repertorio. Hay que trabajar para estar listos. Porque aunque para muchos su presencia en la ciudad es esa figura blanca subida a un caballo que recorre el Espolón cada 28 de diciembre, los ‘Pueri Cantores’ son mucho más. Herederos de una larga tradición de corales, es, en la actualidad, una de las pocas en España que se mantiene unida a su Catedral. «Existen ya muy pocas escolanías ligadas a las Catedrales. Nosotros dependemos del Cabildo», explica Amador Pérez, director de la Escolanía Pueri Cantores de Burgos.
Y es que aunque la andadura de los coros infantiles continúa en marcha, en muchas capitales, en la actualidad su actividad se desarrolla ligada a escuelas o iglesias. En el conjunto de España dan cobijo a los ‘Pueri’, además de la de Burgos, la Catedral de Granada o Mallorca. Sin embargo, se trata de una tradición muy arraiga en toda Europa que ha ido cambiando con el paso de los siglos.
Voces Blancas
Los Pueri Cantores de Burgos son una referencia. En la actualidad conforman la escolanía, 18 niños desde los siete a los quince años, de todos los colegios y centros educativos de la capital. Para ellos supone un esfuerzo extra, añadido a sus estudios porque todas las semanas tienen que ensañar. Pero «se sienten orgullosos». Saben que «están ligados al símbolo más conocido de la ciudad, la Catedral de Burgos, que es internacional. Y para ellos es importe», explica Amador Pérez, director de los Pueri Cantores.
Los pequeños ensayan todas las semanas.
Son parte del tempo de la seo y como tal, acompañan a las liturgias del templo. «Los directores al final, lo que hacemos es una doble función. Por un lado, la música, claro está. Pero también impartimos conceptos de catequesis», detalla Amador. «Les explicamos, por ejemplo, que ahora estamos en Adviento, y es tiempo de cantar un tipo de música, diferente al de la Cuaresma o Pascua».
Lo más complicado para los pequeños es cantar en latín, aunque los directores intentan «ayudar» con canciones más cercanas. En esta época, por ejemplo, están ensayando villancicos algo más actuales basados en antiguos anuncios de televisión, «para que ellos es divertido».
El equipo de directores son profesores atentos.
Amador resalta la importancia que supone para los pequeños la educación musical «Es muy importante. Un refuerzo educativo básico. Vienen ya con una base musical del colegio, pero aquí les ayudamos». El equipo de la escolanía les guía, ya que normalmente «no conocen el lenguaje musical». Aun así, en general pronto ya están cantando, «entonando». Y la experiencia hace el resto. Los que llevan más tiempo, cuando hay una obra nueva, enseguida se lanzan «porque ya han cogido unas mañas para leer la partitura».
Y su trabajo se nota. A lo largo de los años, el nombre de Burgos ha sonado en casi todas las Comunidades de España, y en otros países, principalmente de Europa, gracias a la Escolanía. En abril de 2015, la Escolanía cantó una misa en la Cátedra de San Pedro de la Basílica de San Pedro del Vaticano. Al frente del equipo actual está Amador Pérez Arnáiz, como director. Junto a él, Nerea Esperanza Cuadrado, está al cargo de la subdirección y Tania Ortega Torres, que además es Maestra de canto de la Escolanía.
Caput-Escola:Capiscol
El primer escrito en el que aparece los Pueri asociados a la festividad del Obispillo data del año 1454, según se registró en el libro Efemérides Burgalesas de Juan Albarellos, donde encontramos la cita: ’el Abad de San Pedro de Cardeña, sanciona al comendador de Hospital del Rey por no recibir al Obispillo y a su séquito, los Pueri Cantores con los Honores de un Obispo’.
«Posiblemente, la escolanía era más antigua, pero no quedan escritos suficiente para corroborarlo», explica Amador Pérez, su director. A partir del siglo XV el rastro aparece y desaparece de la historia de Burgos, de la Catedral y del Cabildo siguiendo los diferentes concilios y líneas de trabajo. A veces, se tomaban las escolanías, como algo «de mofa y burla» debido a la fiesta del Obispillo.
Obispillo 1960. En el Salón del Trono del Palacio Arzobispal.
Después de años desaparecidos, La Escolanía Pueri Cantores de la Catedral de Burgos retoma su andadura en el año 1996 de la mano de Luis María Corbí Echevarrieta, tras haber estado olvidada durante 36 años. Aunque María Ángeles Sainz intentó que no cayera en el olvido y recordó su existencia. Con Corbí, comienza la participación activa en la liturgia dominical de la Catedral. Acompañando la misa el primer y tercer domingo de cada mes, y poco a poco se fueron introduciendo en los actos más representativos de la ciudad; fiesta del Obispillo, Domingo de Ramos, Semana Santa, la procesión del Corpus.
Así, volviendo al pasado, vemos que los Pueri son los actuales herederos de una historia antigua, que nos lleva hasta la Edad Media.
Normalmente, las escolanías, daban cabida a niños que no tenían recursos suficientes. Para que tuvieran una formación, los padres los enviaban a las catedrales, a los monasterios para que tuvieran una formación musical y también académica. «Eso implicaba que a la vez que acudían a una escuela, cantaban en todos los oficios de la Catedral, pero junto a la educación que recibían también les daban de comer».
Y era el Cabildo el que se hacía cargo de su sustento. Por ejemplo, aquí en Burgos, el nombre del barrio de Capiscol, deriva del término latino Caput Escola: la cabeza de las escolanías. Toma este apelativo por ser el lugar donde se encontraban las huertas, propiedad del Cabildo, que surtían a los escolanos y a la Catedral de la comida necesaria para mantenimiento de los niños.
La Escolanía ha cantado en todo el mundo, incluso en el Vaticano.
Hubo épocas en que la Escolanía contaba con 50 y 70 niños que recibían educación, cobijo y formación. Voces blancas que tenían también sus tradiciones especiales y costumbres. Como es la del Obispillo.
El Pequeño Obispo
La fiesta del Obispillo es una antigua tradición navideña que se remonta a la Edad Media. En ella, uno de los pequeños ligados a la Escolanía de la Catedral o Abadía eran, durante un día, la máxima autoridad del lugar. Una tradición que, seguramente, deriva de las Saturnales romanas, el tiempo en el que los esclavos de la casa ‘cambiaban de papeles’ con los señores de cada casa.
Habitualmente se elegía para su celebración el seis de diciembre, San Nicolás, por ser la festividad dedicada a los niños. Una fiesta importante en Alemania que en Burgos se recordaba también la iglesia de San Nicolás de Bari.
La alcaldesa, Cristina Ayala, recibía al Obispillo en la entrada del Ayuntamiento.
Finalmente, la festividad del Obispillo se estipuló en el 28 de diciembre, en recuerdo al Día de los Santos Inocentes.
‘Episcopus Puerorum’ cuenta con numerosos los ejemplos de celebración durante la Edad Media. Desde París hasta Venecia, ‘obispo dei pazzi o de los inocentes’. En Inglaterra se conocía como Boy bishop. En España se celebraba también en Murcia, León y Palencia; en Valencia, Granada, Gran Canaria. Muchas desaparecieron, otras se han recuperado, aunque en Burgos es donde se celebra con más arraigo en España desde su recuperación.
Día de Fiesta
En Burgos el Obispillo se elige de forma democrática entre los niños de la Escolanía. Los candidatos deben «llevar un año en la formación como mínimo, y deben haber hecho la comunión ese año», explica Amador Pérez, director de los Pueri Cantores. Este 2024 hay tres candidatos.
Los niños escogen a quién quieren que sea el Obispillo. Votan con libertad según sus gustos: al que mejor les cae, al «que me junto con él cuando vengo a los ensayos», el que da menos guerra...«Todos votan, incluidos los nuevos, y el voto es secreto. Para ellos es una alegría participar en el proceso, poder elegir a su obispillo».
La votación se realiza la primera semana de diciembre. Aunque el resultado se hace público para todos a mediados del mes. Nadie se queda fuera de la participación y de la celebración. Uno de ellos, el que tiene más votos, es elegido Obispillo. Pero el segundo será Vicario y el tercero actuará como Secretario. Todos forman parte de la corte y tendrán su papel el día de la celebración junto a sus compañeros.
Es una jornada importante para ellos, es la fiesta de la Escolanía. «Es especial, pero también es un día muy duro». A las 10 ya están ensayando. Les acogen las Salesas donde se reviste el Obispillo de sus hábitos junto a sus compañeros. «Vamos al Palacio Episcopal donde nos recibe Don Mario, el Arzobispo de Burgos», detalla el director de la Escolanía.
Y después el paseo al caballo por el Espolón hasta el Ayuntamiento. Donde el Obispillo expone sus peticiones ante las autoridades. Siempre son libres. «Las que él quiere, siempre son personales, pide lo que se le ocurre al Alcalde», explica su director. «Iluminación en los parques o una pista de baloncesto en el barrio donde viven».
Este quince de diciembre conoceremos el nombre del nuevo Obispillo. Comenzará a prepararse. Además de pensar que le pedirá a la alcaldesa Cristina Ayala, tomará clases de equitación para ir subido en su caballo blanco por el Espolón. «Antiguamente, era un burro». No estará solo en este paseo. Avanzará junto a un profesional que le ayudará por si el animal, entre la gente, se pone nervioso.
Una tradición que cumple 28 años desde su recuperación y que, sin duda, en Burgos es única. Como lo son las voces blancas de la Catedral.