El Correo de Burgos

Ratifican la pena de cárcel a un hombre por violar a su hijastra durante años en un pueblo de Burgos

El acusado, vecino de Medina de Pomar, agredió a la víctima cuando era menor de edad, «entre tres y cuatro veces a la semana», desde 2017 hasta 2020. También profirió amenazas del tipo «te tenía que matar, zorra»

Sede del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL), en Burgos.

Sede del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL), en Burgos.ECB

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El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León (TSJCyL) ha rechazado el recurso de apelación interpuesto por un hombre  condenado por la Audiencia Provincial de Burgos a 13 años y 9 meses de cárcel por violar de manera continuada a su hijastra, que por aquel entonces era menor de edad. Ambos, junto a la madre de la víctima, residían en la localidad burgalesa de Medina de Pomar

La versión de la víctima es, según el Alto Tribunal, «creíble subjetivamente». Entre otras cosas, porque «no existe noticia ni mínima sospecha de que quiera perjudicar al acusado». Tampoco se aprecia «ninguna causa psicoorgánica como algún trastorno mental que invalide sus afirmaciones y que permitan inducir fantasías o fabulaciones». Por otro lado, la prueba pericial psicológica «se revela como una fuente probatoria de alto valor» y se pone de manifiesto que la joven, por la «gran vergüenza que sentía», tenía intención de «llevarse el secreto a la tumba» hasta que no pudo más y denunció los hechos.

A la hora de ratificar la sentencia, el TSJCyL toma en consideración el testimonio de una amiga de la víctima, testigo de cómo el acusado la insultaba con términos como «hija de puta», «cerda» o «guarra»; dejando claro además que estaba «obsesionado» con ella. Asimismo, el abuelo de la adolescente reconoció en sede judicial que «temía que pudiera haber pasado porque había datos que no era normal». Entretanto, la madre de la menor nunca dio credibilidad al relato de su hija y defendió en todo momento a su pareja. 

La condena a este hombre no solo se circunscribe a un delito de agresión sexual, sino también al de injurias y vejaciones. No en vano, fue absuelto -y así lo mantiene el TSJ- de un presunto delito de hostigamiento y acoso. Sea como fuere, durante el juicio se dio por probado que el acusado abusó de la adolescente entre 2017 y 2020. Todo empezó cuando la víctima tenía 14 años y el varón acudía por las noches a su dormitorio, «tres o cuatro veces por semana», para realizarle «tocamientos» o pedirle que «le masturbase y le realizase felaciones».

Las agresiones fueron a más y, según consta en la sentencia, el hombre intentó penetrar a su hijastra por «vía vaginal sin conseguirlo». Sí lo logró por «vía anal» mientras trataba de «amedrentar a la menor», como siempre hacía, diciendo que «se trataba de favores que debía realizar si quería disponer de su teléfono móvil, salir con sus amigas o relacionarse con sus familiares». 

Durante el juicio, la propia víctima reconoció sentirse como «un trozo de carne», dado que el condenado «le compraba cosas a cambio de masturbaciones y felaciones». Con el paso del tiempo, mientras la joven trataba de hacer la vida que le correspondía en base a su edad, su agresor no solo se dedicaba a insultarla constantemente, sino que además llegó a decir que «no valía para nada» e incluso que «abriese la ventana y se tirase». 

A principios de diciembre del 2020, en un domicilio de la capital donde se alojaban temporalmente mientras la adolescente realizaba unas prácticas en el Hospital Universitario de Burgos (HUBU), el agresor se dirigió a ella empleando expresiones vejatorias como «puta, guarra, que te follas a todos». O amenazas, «a escasos centímetros de su cara», del tipo «te tenía que matar, zorra». No fue un episodio puntual, sino más bien algo «habitual».

Por mucho que la joven evitase durante años relatar lo sucedido, al final acabó denunciando lo ocurrido el 6 de diciembre de 2022. En todo ese tiempo, no dejó de recibir insultos por parte de su padrastro cada vez que «se enfadaba porque no le cogía el teléfono o no hacía lo que él quería». Al día siguiente de romper su silencio, el Juzgado de Instrucción número 2 de Villarcayo decretó el ingreso provisional comunicada y sin fianza del acusado. 

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