El Correo de Burgos

EL Museo de Burgos sigue creciendo. Ingresan más de 8.000 piezas al año y la ampliación sigue parada

Un equipo de 25 personas trabaja para conservar el legado histórico de la provincia desde la Prehistoria hasta las pinturas contemporáneas «Se incorpora mucho material y requiere mucho trabajo y más espacio»

Espacio del Museo de Burgos que recoge las piezas de una cocina de la época romana que se localizó en Buniel.

Espacio del Museo de Burgos que recoge las piezas de una cocina de la época romana que se localizó en Buniel.TOMAS ALONSO

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Un equipo de 25 personas, especialistas en diferentes áreas, se encargan de velar por mantener el legado histórico de la provincia en buenas condiciones, aumentar su conocimiento y divulgar su contenido. El Museo de Burgos es algo más que unas piezas expuestas en un espacio que, cada vez, se queda más pequeño. El ritmo de ingresos de nuevas piezas es alto y la capacidad para procesar, investigar, catalogar y digitalizar cada objeto es lento.

Pero el objetivo final está claro: «La finalidad de esta instalación es contar la historia de Burgos desde el Paleolítico hasta hoy a través de sus objetos y es lo que guía nuestra exposición permanente, nuestras exposiciones temporales con las que damos a conocer elementos que no podemos tener en la permanente y nuestra actividad didáctica», señala el director del Museo de Burgos, Luis Araus.

Ese trabajo final en forma de cientos de piezas y un itinerario claro que arranca en Atapuerca, llega a los visigodos, la edad romana, el medievo y la historia contemporánea donde las bellas artes cobran protagonismo. Pero hay muchas horas y una labor diaria detrás que suele pasar desapercibida. «El trabajo que hacemos en el museo es poco visible, solo se ve el resultado final, cuando se expone, pero detrás hay un trabajo de custodia de todos los materiales arqueológicos de la provincia que hay que inventariar, limpiar, restaurar, catalogar digitalizar e investigar cada pieza para recoger toda la información en un fichero, el trabajo es lento y especializado», sostiene el director del Museo de Burgos, Luis Araus.

La medida del trabajo que se desarrolla en el museo viene dada por la magnitud de las piezas que entran por el edificio de la Casa Miranda cada año. En 2024 se ingresaron más de 8.000 piezas y cuentan con 34 yacimientos con sus piezas que se dejan en depósito en la institución que se encarga de velar por el mantenimiento de los objetos que relatan la historia de Burgos. Y el año pasado no fue especialmente prolijo porque «la media es de unos 10.000 ingresos anuales, se incorpora muchísimo material que requiere mucho trabajo y más espacio no sólo para exponer también para almacenaje, espacio de restauración…», reivindica.

El director del Museo de Burgos, Luis Araus, en el patio de la Casa de Miranda a donde se traslada el museo en 1955.

El director del Museo de Burgos, Luis Araus, en el patio de la Casa de Miranda a donde se traslada el museo en 1955.TOMAS ALONSO

La instalación cuenta con 3.452 metros cuadrados que se dividen en los dos edificios ya habilitados. En la Casa Miranda donde se ubica el material arqueológico desde el paleolítico hasta el siglo VII y VIII. En la Casa Íñigo Angulo están los materiales que narran la historia de Burgos desde la repoblación del siglo VIII y IX hasta la época contemporánea. Además, cuentan con una sala de exposiciones temporales que a finales de mes se centrará en el Monacato, un salón de actos y una biblioteca para consulta de los investigadores. De acceso restringido al personal de la instalación son el taller de restauración, las oficinas y el almacén de piezas.

«El museo necesita ampliar todos sus espacios, pero tenemos la suerte de que los edificios colindantes se adquirieron en su momento para poder acometer una ampliación de hasta 5.700 metros cuadrados», analiza Araus. Aunque la ampliación no termina de llegar. La que lleva años diseñada pero no termina de cuajar es la adecuación de la Casa Melgosa como espacio expositivo.

La gestión de la instalación es compartida entre el Gobierno central y la Junta de Castilla y León. En 2018 la administración regional acordó hacerse cargo de la construcción de un primer espacio. Cuando el proyecto estaba completo y ya se contaba con licencia municipal no terminó de arrancar la obra. «Se pasó el tiempo de concesión de esa licencia y entonces se decidió revisar y adaptar el proyecto», señala.

Esta intervención en la Casa Melgosa permitiría al centro museístico contar con una parte expositiva donde uno de los grandes protagonistas sería Luis Sáez, el pintor burgalés del realismo mágico. Es del autor que más obras se exponen en el Museo de Burgos, pero de el se custodian hasta 649 pinturas que se quieren ubicar en el nuevo espacio cuando esté disponible.

Otras ampliaciones

Pero la Casa Melgosa es solo uno de los espacios por donde el Museo de Burgos puede crecer. También está el espacio del antiguo Cine Calatravas y la Residencia de Nuestra Señora de Belén que permitiría, al ser espacios contiguos, poder ampliar servicios como el taller de restauración o el espacio de almacén donde cada año se ingresan entre 8.000 y 10.000 piezas. «Lo más avanzado es la Casa Melgosa, pero es que el museo necesita más espacio para almacenaje, restauración, biblioteca, espacio de investigación…». Porque desde que se instaló en la calle Miranda, en 1955, «las funciones se han ido ampliando pero también los fondos», recuerda el director de la instalación.

Con todo, conservan piezas singulares y algunas se guardan en los almacenes por falta de espacio para poder formar parte de ese relato a través de los objetos de la historia de Burgos. De estas piezas del catálogo que no se pueden exponer si están abiertas para el personal investigador. Los estudiosos de la prehistoria, de alguna etapa de la historia o de algunos pintores y pintoras concretos cuentan con una biblioteca de consulta.

Del monacato a Luis Sáez

Uno de los elementos más singulares tiene que ver con las exposiciones temporales. Este año se han previsto tres diferentes. «Aunque siempre estamos pendientes de fechas, este año creo que podremos mostrar aquello que no está encuadrado en la exposición permanente pero que tiene su papel relevante», reivindica Araus. Así, la primera exposición permanente está por llegar es ‘El monacato y su contribución al desarrollo de las artes», que se podrá visitar en la sala de exposiciones temporales del Museo desde el 20 de marzo hasta el 1 de junio. Permitirá conocer las piezas que provienen de los monasterios burgaleses y que, de manera habitual, no están a la vista del público.
Durante todo el 2025 está previsto contar con otras dos muestras temporales. Se busca poner en valor el legado escultórico de José María Casanova. El burgalés cuenta con parte de su obra depositada en el Museo de Burgos. Una escultura de carácter impresionista que ya pudo disfrutarse en 2016.
El Museo quiere cerrar el año con una retrospectiva sobre Luis Sáez con motivo del centenario de su nacimiento. «El artista burgalés dejó un legado muy importante al Museo de Burgos, es una de las colecciones mas amplias e importantes del ámbito de las Bellas Artes y aunque se expone mucha obra, hay otra que no y esta exposición permite dedicarse un espacio más amplio», apunta Araus.

Los científicos que acuden al Museo de Burgos, unos 25 el año pasado, proceden en su mayoría de la Universidad de Burgos, de la Universidad de Valladolid y Salamanca o del CSIC. Todos ellos deben realizar una consulta presencial. «La afluencia depende de años, es variable, pero si es importante para avanzar en el conocimiento de todo nuestro material o, incluso, cambia la atribución en lo que se refiere a las Bellas Artes», explica. Estas consultas son parte de su día a día, junto con la conservación de piezas. Pero la difusión y la divulgación forma parte de su adn.

Y tiene resultados. El año pasado ganó 5.000 visitantes más que en 2023 y rozó las 35.000 entradas. «Tratamos de acercarnos a todos los visitantes mayores y pequeños, ser atractivos con una organización de actividades culturales y didácticas en torno a la instalación», explica Luis Araus. En esa línea están las actividades y visitas a centros educativos que adaptan la historia desde un punto de vista lúdico y divertido. Se mantienen además talleres escolares en vacaciones en periodos como Carnavales, Semana Santa, Verano o Navidad.

Se han articulado, también, actividades como las visitas comentadas donde se aborda la historia de Burgos a través de una temática concreta desde el expolio, a la representación de mujeres en el arte. Algunas se adaptan a colectivos concretos. Araús recuerda la visita denominada los sonidos del arte «fue muy interesante organizarla primero para personas invidentes que pudieron seguir la exposición a través del sonido y que supuso un auténtico reto para el museo».

También se plantean otras actividades como conferencias que «no tienen periodicidad fija pero se plantean desde el punto de vista de la historia, del arte, con nuevas investigaciones o piezas del museo». Como ejemplo la charla que se va a celebrar el próximo jueves 20 de marzo a las 19 horas. Investigadores como Álex da Silva Suárez (Universidad de Burgos); Andrés Bustillo Iglesias (Universidad de Burgos); Adelaida Rodríguez Rodríguez (Museo de Burgos) y Luis Araus Ballesteros (Museo de Burgos) abordaran la conferencia ‘Reconstrucción virtual del arca ferrata romana de Buniel del yacimiento al siglo XXI’. Una muestra de que el Museo de Burgos, aunque el traje se le quede estrecho, está en constante movimiento.

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