Burgos, epicentro del hidrógeno verde en Castilla y León con 2.000 nuevos empleos a la vista
Mañueco fija como reto que la Comunidad sea capaz de cubrir el 25% de la producción nacional al contar con más de 60 proyectos, «algunos en fase muy avanzada», que movilizarán 6.600 millones de euros

Alfonso Fernández Mañueco (centro) junto a Cristina Ayala y Rafael Barbero.
Tres años desde las primeras reuniones hasta el «pistoletazo» de salida de un «gran proyecto de modernidad, futuro e innovación» que nace Burgos con el objetivo de afianzar a Castilla y León como «referente nacional» en la producción de energías renovables. El Valle del Hidrógeno (CyLH2Valley) inicia su andadura tras sumar importantes sinergias entre el tejido empresarial, el ámbito universitario y las administraciones públicas. Y lo hace con la previsión de crear cerca de 2.000 puestos de trabajo, tanto directos como indirectos, a largo plazo.
Con Burgos como epicentro y con la participación de la Junta a través del Ente Regional de la Energía de Castilla y León (EREN), CyLH2Valley se pone definitivamente en marcha con más de 385 millones de euros de inversión pública privada, inclusive 20 millones procedentes de fondos europeos a través del centro tecnológico CARTIF.
El eje vertebrador del Valle del Hidrógeno se sustentará en nueve proyectos piloto que contemplan la construcción de cuatro plantas, la modificación de quemadores a hidrógeno en instalaciones de consumo de gas natural, una estación de repostaje y la compra de vehículos (autobuses, camiones y turismos). A partir de ahí se iniciaría la segunda etapa, consistente en un décimo proyecto de similares características para el eje Burgos-Valladolid que sentará las bases para la «completa integración» de esta tecnología en la región.
Un «nuevo hito de la colaboración público-privada», según apuntaba este lunes el presidente de Ejecutivo regional, Alfonso Fernández Mañueco, al que se suman más 60 proyectos en toda la Comunidad, «algunos en fase muy avanzada», que movilizarán 6.600 millones de euros con la perspectiva de generar 3.200 empleos.
El objetivo, partiendo de esta base, es que Castilla y León sea capaz de acaparar el 25% de la producción nacional de hidrógeno verde. Un reto complicado que Mañueco ve factible porque, según recordó, la región se sitúa «a la cabeza» en materia de energías renovables, llegando incluso a exportar el 50%.
La principal ventaja competitiva de Castilla y León es la existencia de plantas ya operativas como la de Redexis en el Parque Empresarial del Medio Ambiente (PEMA) de Garray (Soria), que actualmente produce 300 toneladas anuales de hidrógeno verde mientras evita la emisión de 80 toneladas de dióxido de carbono. Además, Mañueco subrayó que las infraestructuras ya asentadas en La Robla, Villadangos del Páramo y Compostilla (León) también contribuyen a «impulsar nuestro desarrollo económico».
Con todos estos proyectos sobre la mesa, la intención del Ejecutivo autonómico y de las empresas que ansían contribuir a la generación de hidrógeno verde en el territorio es «facilitar la descarbonización», elevar la producción de energías renovables y consolidar «nuevas oportunidades para el sector empresarial y los sectores profesionales».
«El proceso de descarbonización es imparable», señalaba el presidente del cluster H2CyL, Rafael Barbero, convencido de que este proyecto «pionero en Europa», con 35 empresas asociadas y múltiples actores implicados, ofrecerá grandes resultados a cinco años vista pese a reconocer que será «duro de desarrollar». En cualquier caso, no le cabe duda de que «Castilla y León va a jugar un papel protagonista» gracias a la capacidad de su tejido industrial para «desarrollar tecnología y medios para impulsar la cadena de valor».
Desde Hiperbaric, que también participa en CyLH2Valley, su director general, Andrés Hernando, consideró que el papel de Burgos resulta fundamental gracias a sus abundantes recursos. No solo de viento, sol o agua, sino también de «talento». Aparte, no desaprovechó la ocasión de destacar que este Valle será capaz de producir alrededor de 16.000 toneladas de hidrógeno verde al año y, al mismo tiempo, reducir 152.000 de CO2.
«En los últimos 30 años, hemos pasado de 200 a 400 partes por millón de CO2», advirtió Hernando mientras hacía hincapié en que «el riesgo de que ese efecto sea devastador no lo podemos asumir». La misión, por lo tanto, no es otra que intentar que «el clima sea benigno como venía siendo hasta ahora». Del mismo modo, aseveró que «no queda otra que dejar de consumir petróleo» en un mundo que «está cambiando» y que nos obliga a «ser resilientes».
Más allá de los planes que ya hay sobre la mesa, Mañueco solicitó al Gobierno central «inversiones en este sector», tanto para «gasoductos» como para « infraestructuras eléctricas» que resultan «imprescindibles» de cara a «desarrollar un suelo industrial de calidad que sea verde».