Este pequeño pueblo de Burgos no quiere más parques eólicos en su comarca
Los vecinos de Quintanilla Somuñó han presentado una alegación al proyecto que contempla la instalación de 23 nuevos molinos. En un radio de quince kilómetros hay una veintena de parques

Instalación de aerogeneradores visible desde la instalación de Penal.
Los vecinos de la localidad burgalesa de Quintanilla Somuñó han solicitado al Ministerio para la Transición Ecológica que «deniegue la autorización ambiental del parque eólico Muñó» y que «se garantice el respeto a la biodiversidad, el patrimonio cultural y los derechos ciudadanos recogidos en la legislación vigente». Lo han hecho mediante una alegación dentro del periodo que el texto se debe someter a información pública y que finaliza el próximo 27 de agosto.
El parque contaría con 140 MW de potencia instalada y 23 aerogeneradores de 198 metros y se sumaría a las decenas de parques que ya hay instalados en la zona. «La zona en la que vivimos está llena de molinos. ¿Dónde está la línea que divide lo moderado de lo desmedido?», se pregunta el edil, quien pone de manifiesto que «en un radio de quince kilómetros hay ya decenas de parques. No es comprensible».
De ahí que la Junta vecinal de esta pequeña pedanía burgalesa alerta del «grave impacto del parque eólico Muñó sobre el milano real y el patrimonio local», por lo que presentará alegaciones formales contra el proyecto del parque eólico Muñó, que afecta no solo a esta pedanía del municipio de Estépar, sino también a las localidades cercanas de Albillos y Arcos de la Llana.
«En la zona tenemos constancia de que hay al menos ocho dormideros activos de milano real. Se trata de una especie protegida y en peligro de extinción según el Real Decreto 139/2011, de 4 de febrero», explica Alberto Azofra, alcalde pedáneo de Quintanilla Somuñó.
«La instalación de aerogeneradores en esta zona «pone en riesgo directo a estas aves, al aumentar la mortalidad por colisión y alterar sus rutas migratorias», asevera. «Ojalá mis nietos logren ver algún milano en la zona cuando crezcan, aunque a este paso lo veo muy complicado», lamenta Azofra.
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Además del impacto sobre la fauna, el proyecto afecta al paisaje y al patrimonio local, como el histórico torreón de Mazuelo de Muñó, actualmente en proceso de rehabilitación para turismo rural y eventos culturales. «La presencia del parque eólico supone una afección visual acumulativa grave, dado que no se consideran conjuntamente los múltiples parques eólicos ya existentes en la zona, lo que degrada el atractivo para el turismo natural y ornitológico que sustenta la economía local», apunta el primer edil.
En este sentido, el alcalde señala que «circular por solo hace falta salir de Burgos por la A-1 y mirar a los lados para ver la ingente cantidad de molinos de viento que hay en esta zona de la provincia».
A esta dos cuestiones se suma la pérdida de tierras agrícolas y de pasto debido a la instalación del parque, algo que «perjudicará a la base económica rural tradicional», añade. Además, «las grandes cuantías de dinero por sus tierras se las llevan muy pocos porque la inmensa mayoría no ingresa ni quinientos euros al año».
FRAGMENTACIÓN
Uno de los problemas más graves detectados por los vecinos es la fragmentación administrativa y ambiental. «La línea de evacuación eléctrica del parque eólico Muñó no se incluye en este proyecto, sino en el del parque eólico El Rebollar, en trámite ante la Junta de Castilla y León y esa cuestión dificulta una evaluación ambiental completa y transparente que contraviene la Directiva 2011/92/UE y el Convenio de Aarhus, que garantizan el derecho a la información, participación y acceso a la justicia en materia ambiental».
«Esto ya ocurrió con el parque eólico de La Muela 1. No diremos que sea ilegal, pero no es honesto porque no se puede calcular de forma real y exacta el impacto ambiental del parque eólico», lamenta.