Un maltratador reincidente se arranca la pulsera y pasea libre por Burgos: la Policía teme por la mujer
Tras varias estancias en prisión por acoso sistemático, el hombre -en paradero desconocido- ha quebrantado la orden de alejamiento cuatro veces en menos de 15 días. «Estamos estupefactos», señalan desde el sindicato ASP

Preocupación en la Policía Nacional por un maltratador reincidente en paradero desconocido.
Cada vez que sale de la cárcel, vuelve a las andadas. Poco parece importarle que le detengan tras romper sistemáticamente la orden de alejamiento de 500 metros hacia su expareja dictada en su día por el Juzgado de Violencia de Género de Burgos. De hecho, en estos momentos se pasea a sus anchas tras quedar en libertad, por enésima vez, el 17 de septiembre.
El caso de este hombre, a todas luces preocupante, es «totalmente excepcional». De ahí que Alternativa Sindical de Policía (ASP) reclame la adopción de medidas cautelares para evitar poner en riesgo la integridad física de la víctima, residente en la capital burgalesa. Lo ideal, según fuentes de la organización dada la gravedad del asunto, sería dictar prisión preventiva.
Pese a su historial, este maltratador condenado en varias ocasiones ha quebrantado la orden de alejamiento cuatro veces en menos de 15 días. Salió de la cárcel el pasado 30 de agosto y, desde entonces, ha sido detenido los días 2, 14 y 16 de septiembre. Al día siguiente de su último arresto, de nuevo en libertad, rompió la pulsera de geolocalización que debe llevar por resolución judicial y se encuentra en paradero desconocido.
«La sociedad tiene que conocer este tipo de casos», subrayan desde el sindicato poniendo de relieve que el hecho de no tener localizado al maltratador constituye el «mayor de los problemas». La prioridad es «proteger a la víctima», lógicamente atemorizada por el acoso sistemática al que se ve sometida desde hace tiempo. Tanto es así que no le cabía duda, y así se lo hizo saber a los agentes, que «iría a buscarla de nuevo» nada más salir de la cárcel. Por otro lado, los investigadores que siguen de cerca este caso centran sus esfuerzos en encontrar al hombre antes de que se acerque otra vez a su expareja.
Fue el 28 de mayo de 2024 cuando se acordó la colocación de un dispositivo GPS para garantizar el cumplimiento de la pena previamente impuesto sobre el agresor. Con la orden de alejamiento en vigor desde hace tres años, ingresó por primera vez en prisión por un periodo de dos años y 11 meses. A su salida, le bastó un mes para volver a las andadas. Condenado de nuevo, esta vez a un año y tres meses, se mantiene en sus trece y se pasea libremente. «Estamos estupefactos», subrayan desde ASP con temor a que la pasividad judicial se traduzca, nuevamente, en «hechos luctuosos con los que nos echamos las manos a la cabeza».