El Correo de Burgos

Del ciprés de Silos al Drago Milenario: «Cuando tocas madera te sientes mejor»

Siguiendo la estela de Félix Rodríguez de la Fuente con sus cuadernos de campo, César-Javier Palacios y Nacho Sevilla esbozan una sugerente e instructiva ruta por los 50 árboles más fascinantes de España

César-Javier-Palacios y Nacho Sevilla, bajo el álamo de La Quinta.

César-Javier-Palacios y Nacho Sevilla, bajo el álamo de La Quinta.SANTI OTERO

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Llegan con tiempo de sobra para la presentación de Árboles singulares. Cuaderno de campo de los árboles más fascinantes de España (Anaya Touring, 2025). Como buen anfitrión, César-Javier Palacios conviene con su colega Nacho Sevilla dar un paseo por La Quinta. Para la entrevista a este periódico, el punto de encuentro se sitúa bajo un impresionante álamo centenario. No se trata de un ejemplar cualquiera. Es el «heredero del Monín», el mismo que «toda la gente mayor de 50 años conoce y recuerda con cariño». Talado a principios de los 90 «sin ninguna razón de ser», dejó una huella imborrable que «forma parte de la identidad de Burgos».

Periodista e ilustrador, divulgadores ambos. Con su libro recién salido de imprenta, visitan la ciudad para darlo a conocer en la sala Polisón del Teatro Principal. Dejando claro, en todo momento, que la premisa inicial del proyecto era «recordar los cuadernos de campo de Félix Rodríguez de la Fuente». Lo que viene a ser, tal y como indica Palacios, «esa mirada de asombro que siempre hay que tener cuando uno se acerca a la naturaleza; buscando detalles, con lupa o con prismáticos, que están alrededor de ti y de los árboles». Al fin y al cabo, «el árbol no es tanto la meta, es más bien la excusa para conocer su entorno».

«El hecho de estar delante del ser vivo más viejo de un paisaje te hace pensar en todo lo que habrá visto, lo que ha cambiado a su alrededor»Nacho Sevilla, ilustrador

Medio centenar de árboles descritos con documentada pasión y 364 acuarelas que captan flora, fauna e instantes irrepetibles. Un proyecto a todas luces «ilusionante» que ha permitido «dar rienda suelta» al ilustrador. Tal y como apunta Sevilla, la obra se nutre de sus cuadernos de trabajo, con dibujos de hasta 15 años y otros específicamente trazados para la ocasión. Más que un «reto», que lo es, supone una «invitación al disfrute». Siempre en busca del momento adecuado, de la estación propicia. Porque la belleza se encuentra tanto en el «plumaje de primavera» como en el «cambio de colores» que brinda el otoño.

«El hecho de estar delante del ser vivo más viejo de un paisaje te hace pensar en todo lo que habrá visto, lo que ha cambiado a su alrededor». Esa majestuosa quietud, solo removida por la meteorología, los cambios estacionales o la acción humana, constituye una «visión bonita e inspiradora» que Sevilla jamás pasa por alto. Por eso agradece sobremanera que Palacios enriquezca sus láminas a base de «historia, anécdotas y cultura».

«Por una persona abrazando no pasa nada, pero si todos los días se acercan cien, pesando 60 kilos, ya son 600 kilos pisando la tierra, las raíces, y provocando heridas»César-Javier Palacios

Se ve a la legua que el periodista burgalés está en la misma onda. «Los árboles son los sabios del paisaje, grandes profesores que nos explican qué pasa y qué ha pasado a su alrededor durante cientos y miles de años». De ahí que reivindique, a través de un Decálogo del explorador arborícola, la necesidad de salvaguardar este vasto patrimonio natural que «tenemos que conservar entre todos». De paso, nunca está de más constatar que «cuando tocas madera te sientes mejor» porque «forma parte de nuestra especie».

Palacios pone especial énfasis en el turismo respetuoso frente a las prácticas invasivas. «Cuando te encuentras delante de estos inmensos árboles, todos queremos abrazarlos. Sentir su contacto y su energía. Eso al árbol ni le va ni le viene, pero hay que tener en cuenta que son seres muy frágiles». Partiendo de esta premisa, advierte que «por una persona abrazando no pasa nada, pero si todos los días se acercan cien, pesando 60 kilos, ya son 600 kilos pisando la tierra, las raíces, y provocando heridas».

Dentro del catálogo, Castilla y León está muy presente. Era «inevitable» incorporar el ciprés de Silos, repleto de leyendas que «los viejos monjes trasmitieron a los monjes novicios durante años y años». O el «maravilloso» tejo de San Cristóbal de Valdueza, en la provincia de León.

A nivel nacional, Palacios no oculta su fascinación por el Drago Milenario de Icod de los Vinos (Canarias). Más que un árbol, es un «ser mítico casi animal». Sevilla, por su parte, se queda con la Terrona de Extremadura. Básicamente, porque la encina es el árbol más representativo de España. Y ejemplo claro, aunque no el único, de la «resistencia del clima mediterráneo».

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