Menús de rechupete sorteando la inflación
De 2.500 pesetas a 25 euros como máximo y un premio en juego. Con 28 años a sus espaldas, la Cofradía Gastronómica ‘La Itinerante’ mantiene viva la premisa de cenar bien y barato en Burgos

Félix Gómez (izquierda), Gonzalo Navarro (centro) y Jesús de Garay (derecha), de 'La Itinerante', con los responsables y la cocinera de El Portón de Extremadura.
«Después de varias visitas, de probar con mi mujer la cecina y unas cuantas cosas más y ver que es un sitio muy acogedor, hablé con la cocinera y el dueño para que nos hiciese un menú ganador». La propuesta de Félix Gómez a los responsables de El Portón de Extremadura tenía su aquel. Exactamente igual que la de sus compañeros de la Cofradía Gastronómica La Itinerante. Una cena para diez personas con un precio máximo por cabeza de 25 euros. Complicado en los tiempos que corren, con la dichosa inflación a cuestas, pero no imposible.
«Debo reconocer que les metí un poco de presión porque lo primero que les dije es que quería ganar». Félix se sincera. A su lado, Gonzalo Navarro y Jesús de Garay, cofrades desde el principio de los tiempos (1997) sonríen mientras dejan entrever que cada maestrillo tiene su librillo. «No vale revelar secretos, cada uno busca como puede», remata Jesús. Y Gonzalo, que parecer sabérselas todas, advierte que «no hay que decir dónde vas a llevarles porque te lo pisan».
Veintiocho años, que se dice pronto, lleva La Itinerante en activo. El primer miércoles de cada mes -salvo que sea festivo-, el grupo se reúne en un restaurante distinto. Después evalúan y al final de la temporada el local ganador recibe una placa conmemorativa. En la última edición, El Portón de Extremadura se llevó el gato al agua rozando el 9 de media. Por eso, precisamente, Félix se libra este año de elegir establecimiento.
«Soy oriundo de San Pedro de la Fuente. Y como decía mi padre: la cabra tira al monte». Le salió bien la jugada a Félix con aquel menú a base de croqueta de cecina, lingote de cabracho, taco de bacalao, carrillada y tarta de queso. Una variada y suculenta propuesta que luce estupenda en la placa que el restaurante recibió el pasado mes de octubre a modo de premio.

Félix, Gonzalo y Jesús, relamiéndose en la cocina de El Portón de Extremadura.
Allí regresó la cuadrilla, en septiembre, junto a sus mujeres. Con las «guapísimas», mejor dicho. Repetir con ellas en el restaurante ganador es obligatorio. Así se recoge en el punto 10 de los estatutos, que según precisa Gonzalo solo se han modificado una vez, en 2018, para introducir «algún pequeño detalle».
El cambio más significativo, al margen de los estatutos, es el tope a pagar. Arrancaron con 2.500 pesetas, lo que hoy vendrían a ser unos 15 euros. Ya por aquel entonces había que negociar, pero «ahora es más difícil que antes». Aun así, Jesús apunta dos «conceptos» que juegan a favor de la Cofradía. Uno: «Somos un grupo ya conocido». Dos: «Si el restaurante gana, se duplica la visita».
No es sencillo ‘jugar’ con estas cartas tal y como está la vida de cara, pero el que la sigue la consigue. «Hay restaurantes que descartan la idea en cuanto se la planteas. Ni siquiera se ponen a trabajar en ello porque no les compensa», señala Félix. De ahí que agradezca el «esfuerzo» de los establecimientos que participan, «siempre esmerándose y dándonos un servicio y una atención tan alta que asombra».
Cuesta dar con el sitio, pero estos quebraderos de cabeza tienen su encanto. El pique, siempre sano, no empaña la amistad sino todo lo contrario. Jesús, al igual que el resto, lo tiene claro. «El objetivo fundamental es estar bien acompañado en un lugar agradable». Compartiendo anécdotas y hablando de todo un poco. Sin tele -y por ende sin fútbol, para que nadie sufra-, cada cena es un deleite. No cabe duda, visto lo visto, que «mantenernos después de veintiocho años en un grupo tan heterogéneo es un reto».
A punto de cumplir tres décadas -todavía no hay nada pensado para el aniversario-, resulta inevitable acordarse de los que ya no están. Especialmente de Eduardo Payno, tristemente fallecido en mayo de 2024 mientras practicaba submarinismo. «Fue una desgracia», lamenta Jesús tras afirmar que «no se le puede sustituir». Sus compañeros, de la misma opinión, asienten solemnes.
Un duro golpe, sin duda, del que costó reponerse. Después entraría un nuevo cofrade porque los estatutos determinan que en La Itinerante siempre han de ser diez. En este caso, se decidió «ampliar el horizonte fuera de Burgos» con la entrada de un nuevo miembro que reside en Madrid.
«Si hay una vacante y uno de los socios dice que tiene un cuñado en América no vale», apostilla Gonzalo. Más que nada, porque «si no va a poder venir es mejor coger a otro». Alguna ausencia puntual hay, que «no estamos en un Concilio de la Iglesia Católica en el Vaticano». Y así, entre risas y camaradería, ya van una veintena de cofrades que han formado parte de esta pequeña, acogedora y bien avenida familia.