El Correo de Burgos

En el corazón de la dana desde Burgos: «un antes y un después» para el GREM

La Unidad Canina de Salvamento condecora a instituciones, equipos de rescate y cuerpos policiales que acudieron a Valencia tras la catástrofe. «Es difícil describir lo que sentimos al llegar»

Entrega de condecoraciones, a cargo del GREM, por el trabajo de distintos organismos en la dana de Valencia.

Entrega de condecoraciones, a cargo del GREM, por el trabajo de distintos organismos en la dana de Valencia.ÓSCAR CORCUERA

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Imposible olvidar la primera expedición de la Unidad Canina de Salvamento de Burgos (GREM) a Valencia tras la dana de aquel fatídico 29 de octubre de 2024. Hasta allí se desplazaron, a petición del Ayuntamiento capitalino, ocho voluntarios, un jefe de guardia y cuatro perros de búsqueda. Nada más llegar a Catarroja, se les cayó el alma a los pies. Nunca antes se habían enfrentado a una catástrofe tan devastadora pese a su experiencia previa en atentados terroristas como el de la T4, en el aeropuerto de Barajas, o la casa cuartel de la Guardia Civil en la capital burgalesa.

Aquellos días en medio del desastre marcaron «un antes y un después» para el GREM, que este jueves celebró un acto conmemorativo de la tragedia, en el Palacio de Castilfalé, para rendir homenaje a diferentes instituciones públicas, equipos de rescate y cuerpos policiales que se sumaron, desde Burgos y otros puntos del país, para ayudar en todo lo posible.

«Es difícil describir lo que sentimos al llegar a la zona», confesaba la secretaria del GREM, Marta Pardo, tras recordar que el equipo se desplazó hasta Valencia con tres vehículos repletos de material para intervenir en catástrofes y «una autonomía de diez días de agua, luz y comida». A día de hoy, después de haber pisado el infierno en la tierra, no le cabe duda de que «seguramente fue el peor de los escenarios al que nos habíamos enfrentado nunca».

Limpieza, desescombro, asistencia sanitaria y, cómo no, labores de búsqueda. Gracias a la mediación de Eduardo Bolufer, las puertas de la Universidad Politécnica de Valencia se abrieron para el GREM. Durante los 12 días que duró su misión, el equipo burgalés se sintió «como en casa». Mientras tanto, Iberia facilitó el inminente traslado de Álvaro Martínez, presidente de la organización, desde Colombia hasta Valencia en tan solo 14 horas.

Catarroja, Paiporta y Benetúser. En las calles de estas tres localidades completamente devastadas, y en algún que otro pueblo más, los voluntarios del GREM se coordinaron a través de la Unidad de Rescate en Emergencias y Catástrofes (UREC) del Consorcio de Bomberos de Valencia. Trabajaron codo con codo con los equipos caninos del Principado de Asturias, de Castellón y de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Entre todos localizaron a varias personas, «desgraciadamente sin vida».

También colaboraron de forma altruista y dejándose la piel el Cuerpo de Bomberos y la Policía Local de Burgos, así como las agrupaciones de Protección Civil de la capital y Miranda de Ebro. Cómo pasar por alto su desempeño, al igual que los anteriormente citados, a la hora de entregar las distinciones. Sin olvidar, además, la colaboración de empresas como Grupo de Santiago, que puso a disposición sus vehículos para facilitar la incorporación de más guías caninos.

«Burgos fue una ciudad ejemplar», subrayó la alcaldesa, Cristina Ayala, tras la entrega de placas conmemorativas y medallas a todos los homenajeados salvo a la Unidad Canina de Asturias y los Bomberos de Valencia, cuyos representantes no pudieron asistir debido al temporal que ya sacude varias zonas de España.

Aparte de elogiar la respuesta de la sociedad burgalesa a la hora de entregar alimentos, ropa y toda clase de enseres útiles en los centros cívicos, la regidora señaló que «había tal devastación que (los equipos de rescate) no sabían cómo hacer frente a una catástrofe de estas características». Quedó demostrado, mal que pese, que había «mucho que aprender» a la hora de afrontar intervenciones de tal magnitud.

«Juntos podemos hacerlo muy bien y nadie sobra», remarcaría Ayala a continuación mientras ponía en valor el trabajo de la UME, una «herramienta fundamental para las grandes catástrofes». Pese a la tragedia y el dolor que arrastra, celebró que la ciudadanía decidiese «echar el resto». No quedaba más remedio, dado que «eso no fue una dana, sino una catástrofe de primera división».

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