25 años de Protección Civil Burgos: «Hay días que llegas a casa con lágrimas en los ojos»
Del atentado de ETA contra la casa cuartel de la Guardia Civil a la pandemia del covid-19 y lo que surja. Siempre «al servicio de la ciudad», la agrupación celebra su aniversario este lunes en el Teatro Principal con «ilusión y ganas de seguir colaborando»

Miguel Ángel Arnaiz y Lorenzo Bernabé, en la sede de Protección Civil Burgos.
Miguel Ángel Arnaiz dormía plácidamente cuando de repente notó un «estruendo». Algo le removió, pero su mujer dio por hecho que sería una «tormenta». Después de salir a la terraza y descartar dicha posibilidad, cogió la emisora y escuchó que «se había producido un atentado». Inmediatamente, contactó con sus compañeros de la Red Nacional de Radio de Emergencias (Remer) y se lo confirmaron: una bomba de ETA en la casa cuartel de la Guardia Civil.
No se lo pensó dos veces. Cogió la moto y se dirigió a la sede de Protección Civil Burgos. Cuando llegó «no había nadie» -al poco vendría un compañero- y enfiló a toda velocidad en el Tango 1 hasta la zona cero. Nada más atravesar el cordón policial, un agente con perro detector de explosivos le informó de que aún estaban «revisando» el entorno. Al cabo de unos minutos, con el vehículo ya estacionado, supo que «ya estaba todo seguro».
«Lo que más me impresionó fue ver a la gente en estado de shock con la bata de estar por casa. Luego vi el coche destrozado, el agujero y guardias civiles que salían con los oídos sangrando diciendo que querían colaborar. Sin embargo, les dijeron que primero fuesen al hospital para que les valoraran y que después volviesen». Arnaiz, actualmente el voluntario más veterano de la agrupación, lo recuerda como si fuese ayer. Su relato estremece, sobre todo cuando remarca que «pudo haber muchos muertos».

Miguel Ángel Arnaiz, de servicio durante un partido del Burgos CF.
Bien conoce también lo que conlleva trabajar en situaciones límite el jefe de Protección Civil Burgos, Lorenzo Bernabé. Al pie del cañón desde hace 24 años y seis meses, ha intervenido en tres paradas cardiacas con final feliz. La última, en Semana Santa, le pilló de servicio junto a una compañera en el Arco de Santa María. De repente, les avisaron de que «un señor se había desplomado enfrente de Correos». Sin tiempo que perder, corrieron hasta el lugar e iniciaron la reanimación cardiopulmonar (RCP). A continuación, otro voluntario se movilizó con un desfibrilador y salvaron la vida al varón. El mismo que, ya recuperado, se personaría en la sede para darles las gracias.
Aquella actuación les valió una medalla al mérito policial. Bernabé no presume de ello. Hizo lo que tenía que hacer sin esperar una recompensa a cambio. Como en la plaza de toros, donde ha tenido que afrontar dos urgencias similares. La más delicada, sin duda, cuando «a una niña de 8 o 9 años no se le activaba el DAI (Desfibrilador Automático Implantable) y su madre veía que el control remoto no funcionaba». Resulta que «se había agotado la batería y no daba intensidad de frecuencia», así que empezó con las maniobras porque en aquella época «no teníamos desfibriladores».
«Aquí te puedes encontrar cualquier cosa», resume Bernabé en vísperas de celebrar el 25 aniversario de la agrupación, con fiesta como es menester, este lunes 1 de diciembre en el Teatro Principal a las 19 horas. Allí estará Arnaiz, incombustible desde la primera promoción y ansioso por reencontrarse con viejos amigos. Nada más entrar, le asignaron el número 6 tras una convocatoria a la que se presentó alrededor de 200 personas. Finalmente, pasó la criba cerca de un centenario.

Homenaje a los pioneros de Protección Civil, en el Ayuntamiento de Burgos, en 2010.
Es curioso echar la vista atrás. «Al principio no teníamos uniformes, nada más que una camisa naranja. Y a los vehículos, que nos cedieron unas empresas, les pusimos unos imanes de Protección Civil», rememora este 'peso pesado' de la agrupación mientras evoca la primera instantánea de los pioneros: «en la plaza de toros, en las fiestas de San Pedro, con un maletín de plástico, vaqueros y playeros». En aquella época, compartían sede con Policía Local y Bomberos. Apenas un despacho de cuatro metros y los servicios haciendo las veces de vestuario. Por lo menos tenían emisoras, pero «no digitales como las de ahora».
Con más medios aunque con ciertas carencias, lo único que no ha cambiado a lo largo de todos estos años es el afán de mantenerse «al servicio de la ciudad». Bernabé lo tiene claro. Se enroló por la necesidad vital de «ayudar al prójimo» y aportar «empatía y asertividad» dentro de un proyecto colectivo. Para él, formar parte de este equipo supone «salir de tu zona de confort para colaborar con la sociedad». Sin renunciar, por supuesto, a la «conciliación de la vida familiar y el trabajo».
A día de hoy, Protección Civil Burgos se compone de 49 efectivos. Tan solo el 20% son mujeres, de ahí el llamamiento al voluntariado femenino para equilibrar la balanza. El principal requisito, más allá de las ganas de aprender, es la implicación. Para acceder, resulta imprescindible realizar 50 horas de prácticas. Una vez dentro, el mínimo son 100 horas al año. Durante el pasado ejercicio, Bernabé superó las 840 y ahora mismo ronda las 800. No es lo habitual, desde luego. Menos aún prestar «hasta seis servicios por semana».

El papel de Protección Civil fue crucial durante la pandemia.
No se exige tanto, pero sí un mínimo de compromiso. Solo así es posible alcanzar el «buen entendimiento» que impera en el grupo aunque de vez en cuando «haya alguna que otra discrepancia». La clave, tal y como apunta el jefe, reside en «limar los egos» y dejar claro que «nadie es más importante que nadie». Partiendo de esta premisa, se ha logrado generar una estrecha relación con Policía y Bomberos. Y un respeto que, a base de esfuerzo y profesionalidad, «nos hemos ganado».
«La sociedad está muy contenta con nosotros, nos reciben bien en todos los sitios», enfatiza Bernabé. Ya sea en un partido de fútbol, en cualquier evento multitudinario o asistiendo a peregrinos en el Camino de Santiago. Incluso Irene Cortés, directora general de Protección Civil y Emergencias de la Junta de Castilla y León, está «encantada con nuestro trabajo». Al fin y al cabo, «una pizza se hace con la masa madre y con los ingredientes, que son todos los compañeros».
Tiempos difíciles
Cuando uno menos se lo espera, un suceso inesperado enciende todas las alarmas. Por ejemplo, las copiosas nevadas de antaño que colapsaban la ciudad hasta límites insospechados. No olvida Arnaiz aquellos turnos agotadores, con grandes despliegues, en los que «íbamos a la base y nos quedábamos a dormir en camastros». O el incendio de Campofrío, en 2014, donde todo el mundo se involucró al máximo.
Nada que ver, obviamente, con la pandemia del covid-19. Eso fue harina de otro costal, lo nunca visto. Nadie imaginaba, a principios de 2020, que todo el país se vería obligado a confinarse por una crisis sanitaria mundial. En medio de la incertidumbre, Protección Civil aportó su granito de arena desde distintos ámbitos y la experiencia, aunque dura, resultó sumamente gratificante.
«Íbamos a ayudar a la gente mayor que no podía salir a comprar. Recogíamos el dinero y la lista de lo que precisaban, tanto de medicación como de víveres, e íbamos al supermercado». De hecho, según precisa Bernabé, tenían «trato preferente» en una conocida cadena donde «nos dejaban pasar por caja sin hacer cola». En paralelo, apostilla Arnaiz, los voluntarios acudían a «fumigar a la Comisaría o a los centros de salud cuando se realizaban vacunaciones masivas».

Protección Civil también estuvo presente en el incendio de Campofrío.
La realidad, por momentos, hacía daño a la vista. «Vimos a familias que no tenían recursos, chicas jóvenes con bebés que te daban las gracias por llevarles la comida». Echando la vista atrás, Arnaiz se enorgullece de haber podido «darles un poco de alegría y de luz». Por aquel entonces, al igual que en otras muchas intervenciones a lo largo de su dilatada trayectoria, «hubo días en los que llegabas a casa con lágrimas en los ojos».
Bernabé corrobora al cien por cien lo expuesto por su compañero y amigo. Recuerda además, con especial cariño, las actuaciones con una persona, contagiada de covid, que ya de antemano padecía una grave enfermedad. Poco antes de morir, les envió una tarta y una carta expresando su eterno agradecimiento por «toda la labor que habíamos hecho».
Luz al final de la huelga
Queda claro, a tenor de lo que cuentan estos dos veteranos voluntarios, que el camino de Protección Civil no ha sido de rosas precisamente. Atrás queda también la huelga, en 2023, después de que el anterior equipo de Gobierno incumpliese su promesa de construir una nueva sede junto al Centro Europeo de Empresas e Innovación (CEEI) en Villafría.
La situación se recondujo. Y menos mal, pues a Bernabé le hubiese dolido en el alma salir «por la puerta de atrás». No en vano, la llegada de un nuevo Ejecutivo, con Ignacio Peña al frente de Seguridad Ciudadana, culminó con una suerte de «ultimátum» y el compromiso de reformar la base actual, en evidente estado de deterioro y con goteras en casi todas las estancias.

La agrupación siempre se ha caracterizado por ser 'todoterreno'.
Cada vez más cerca de hacerse realidad, los voluntarios esperan como agua de mayo el inicio de las obras -con antelación, no de un día para otro- para trasladarse provisionalmente a la Escuela de Relaciones Laborales. Allí dispondrán de taquillas, dos ordenadores, un par de mesas y sus equipos de radio. Entretanto, los vehículos permanecerán estacionados en el parking del Museo de la Evolución Humana (MEH). Todos salvo el Tango 3, que no cabe.
El Tango 3 se ubicará en Villafría, donde también se habilitará un espacio para albergar todo el material de la agrupación. De cara a la mudanza, Smurfit Kappa les cede 35 cajas para empaquetar todos los enseres.
Pendientes del traslado, Bernabé y Arnaiz aguardan expectantes la inauguración de la 'nueva' sede. Según lo contemplado en el proyecto, dispondrá de ascensor y el garaje será mucho más amplio. La planta de arriba, concebida como zona administrativa, contará con vestuarios, taquillas y lavabos. Además, habrá un servicio de lavandería, una estancia de descanso y un despacho para el jefe de sección, Telmo Ruiz.
Brindarán los voluntarios este lunes, por lo bueno, lo no tan bueno y por quienes ya no están, con la excusa del 25 aniversario. Motivos tienen de sobra, a pesar de las vicisitudes, porque la «ilusión y ganas de seguir colaborando» permanecen intactas. Y que así sea, como mínimo, durante el próximo cuarto de siglo.