El acusado de fabricar explosivos en un garaje de Burgos alega que «solo hacía composiciones pirotécnicas de color»
Por su parte, los agentes que participaron en la investigación aseguran que tanto los materiales hallados como el espacio en el que se encontraban eran «peligrosos» y que «ponía en riesgo su vida y la de los vecinos del bloque de nueve alturas». El juicio contra A. C. R., que también almacenaba 23 kilos de speed, ha quedado visto para sentencia

Instante del juicio contra A.C.R. acusado de tenencia ilícita de explosivos y de drogas.
La Audiencia Provincial de Burgos ha celebrado el juicio contra A. C. R., el hombre que fue detenido en Burgos por presuntos delitos de tráfico de droga y tenencia ilícita de explosivos tras una investigación desarrollada por la Guardia Civil. Para el acusado se solicitan penas de 8 y 6 años de prisión por ambos delitos.
El hombre, que reconoció ser consumidor habitual de drogas, pero rechazó la etiqueta de fabricante de explosivos, aseguró que se dedicaba a «fabricar composiciones pirotécnicas de color, pero no de explosivos» y que «todos los artículos y químicos son elementos de compra y circulación libre».
Los hechos se remontan a 2023, cuando el Grupo de Información de la Guardia Civil tiene conocimiento de que el acusado lleva a cabo actividades relacionadas con la fabricación, almacenamiento y uso de artificios pirotécnicos «sin ningún tipo de autorización o medida de seguridad», tal y como señala la Fiscalía, y que el hombre estaba «adquiriendo precursores de explosivos en el mercado negro a través de Telegram como 17 kg de polvo de aluminio procedentes de Alemania».
A partir de ahí arrancó un proceso de investigación y seguimiento que llevó a los agentes a un garaje de la plaza San Bruno donde el detenido había creado una «especie de laboratorio en dos alturas». En ese tiempo de seguimiento, la Guardia Civil pudo certificar cómo «el acusado tomaba ciertas medidas de seguridad, pendiente de que se le pudiera estar vigilando».
Durante la vista, los agentes de la Guardia Civil que participaron en la investigación y el registro señalan que «se hallaron más de 60 kilos de diversos materiales y 80 pruebas para investigar, como probetas, tamices, un agitador eléctrico, dos kilogramos de pólvora negra, 91 metros de mecha y mezclas de ‘pólvora flash’», entre otros elementos, «considerados de alta peligrosidad».
Los peritos de los TEDAX subrayaron, en este sentido, que el almacenamiento era «deficitario» y que «la acumulación de polvo en suspensión en un espacio confinado, así como diversos de los materiales allí guardados, generaba una atmósfera explosiva que pudo haber causado una tragedia», poniendo «en peligro su propia vida y la de los vecinos» del bloque de nueve alturas que se encuentra encima del garaje. «Es increíble que el edificio no haya implosionado porque allí había una atmósfera explosiva», afirmó el responsable de la investigación, subrayando que «una mínima chispa estática o un cigarrillo habrían provocado una catástrofe».
En la vista, los peritos encargados del caso ratificaron los dos informes de los Tedax, reafirmando que los elementos en el garaje «son precursores de explosivos y elementos químicos». Sin embargo, «si bien se encontraron mezclas que podrían ser compatibles con la pólvora negra por su composición, no se hallaron explosivos como tal».
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Durante su declaración, el acusado puso en valor su experiencia profesional en ocho empresas pirotécnicas, seis en las que mantuvo una relación laboral y dos más con las que colaboraba. Aseguró que en el momento de los hechos, mantenía vigente una habilitación técnica que «caducó en 2024» y que había solicitado una licencia de almacenaje para este tipo de sustancias en la Subdelegación del Gobierno que «se encontraba en trámite».
Además, alegó que los materiales «estaban perfectamente embalados y ordenados» y «eran para llevar a cabo pruebas sencillas de color de cara a su próxima incorporación laboral con motivo de la celebración de las Fallas de Valencia de 2024». Según su versión, lo hallado por la Guardia Civil eran «cantidades ínfimas» de mezclas que no estaban terminadas y que, por tanto, «solo podían arder, pero no podían explotar».
A mayores, A.C.R. señaló que «para crear pólvora negra», un material altamente peligroso y explosivo, que significa que conlleva un riesgo de explosión masiva, es necesario contar con una amoladora para moler la mezcla», porque «sin amoladora la pólvora arde, no deflagra, y yo no contaba con esa máquina».
«Para consumo propio»
El caso dio un giro determinante cuando, en el transcurso de la investigación, el acusado fue interceptado en carretera cuando se disponía a viajar a Valencia con motivo de las Fallas. En ese momento, transportaba tres paquetes que «él mismo identificó inicialmente como nitrato potásico», pero que resultaron contener 6 kilos de speed. Ya en registros posteriores en la bajera del garaje y en los domicilios vinculados de calle San Juan de Ortega y Lavaderos, revelaron otros 17 kilos de la misma sustancia con un valor en el mercado ilegal de 398.049,06 euros, además de cantidades menores de cocaína, ketamina, hachís y marihuana.
Tras ser preguntado por la Fiscalía y reconocer que toda la droga era suya, el acusado aseguró que «era para consumo propio». Ante la afirmación, la fiscal le espetó si no consideraba que era demasiada droga, a lo que A.C.R. señaló que «me duraría cinco o diez años».
En sus conclusiones finales, la Fiscalía mantuvo que la actividad de tenencia tanto de estupefacientes como de sustancias explosivas está plenamente acreditada, rechazando que la drogadicción del acusado sirva como atenuante. Además, la fiscal señaló que la tenencia de explosivos constituye en sí misma un delito de peligro abstracto. «El delito se consuma por mero almacenamiento sin condiciones de seguridad, no es necesario fabricar explosivos o hacerlos explotar», explicó.
Desde la defensa, sin embargo, se hizo hincapié en que «no existe delito de tenencia de explosivos, ya que las sustancias por separado no son explosivas y la ley permite cierta tenencia para fines profesionales» y que «en cualquier caso las cantidades encontradas están muy alejadas de suponer un delito».
Por otra parte, reiteró que el acusado «elaboraba ensayos de color no explosivos» y que «los informes determinan que los elementos hallados, si se mezclan, pueden ser explosivos, pero no que lo sean en sí mismo».