El Correo de Burgos

La literatura como punto de encuentro

Estudiantes del Grado en Español y residentes de Cordia comparten lecturas y experiencias en un club intergeneracional impulsado por la Universidad de Burgos. La iniciativa ha resultado un éxito y ha demostrado que los libros pueden tender puentes y romper estereotipos

Un momento de la sesión del club de lectura intergeneracional celebrada esta semana, en la que los participantes analizaron el relato 'La fotografía', de Enrique Amorim

Un momento de la sesión del club de lectura intergeneracional celebrada esta semana, en la que los participantes analizaron el relato 'La fotografía', de Enrique AmorimSANTI OTERO

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"Delibes escribía muy bien, pero no era un 'alegrías' precisamente", comenta uno de los presentes. Se adelanta así a la charla que les espera en quince días. Se palpa en el ambiente que todos están deseosos de que llegue ese momento. Alguna incluso se ha leído ya el relato que, con total seguridad, suscitará el debate entonces. Y el encuentro. Les ha sabido a poco la sesión a punto de terminar, igual que, según anuncian antes de tiempo, se les queda corta la iniciativa que desde febrero los congrega en la sala de reuniones, juntos, alrededor de una mesa, con afán de explorar los recovecos de textos elegidos expresamente para la ocasión con la intención de poner en común visiones distintas y, a priori, distantes. Nada, sin embargo, que la literatura no logre acercar, capaz como es, he aquí la prueba, de borrar de un plumazo las décadas de vida que median entre los integrantes del Club de Lectura Intergeneracional puesto en marcha por la Universidad de Burgos, de la mano de la residencia de la Fundación Caja de Burgos Cordia

La alianza y la iniciativa, pionera y un tanto prueba piloto, resultaban un rotundo éxito a tenor de las palabras con las que, anticipando también la despedida, zanjaban unos y otros, jóvenes y veteranos, la penúltima cita. "Nos va a dar pena terminar", aseguraba Mari Carmen Delgado, convencida de que la evidencia definitiva del triunfo del proyecto radica en que "en anteriores intentos comenzábamos muchos y la gente lo iba dejando, pero en este caso ha sido al revés, se han sumado por el camino". 

La diferencia entre entonces y ahora son ellos, esa jornada en concreto, Verónica, Ana, Hugo y Lidia, estudiantes del Grado en Español que rondan los veinte y celebran el día que decidieron embarcarse en la aventura capitaneada por su profesora, Cristina Pérez.

Guiados por ella, maestra de ceremonias de tan especial y "emocionante" confluencia, los jóvenes escuchan, preguntan, matizan y aportan su saber, porque sí, lo tienen. También se dejan sorprender y, de paso, aprenden. "En clase vamos muy rápido, aquí podemos pararnos más, pensar mejor lo que leemos", apunta Lidia Rubio. A su lado, Verónica Arregui asiente: "Lo más enriquecedor es hablar con gente con la que normalmente no coincides. Escuchar otras experiencias cambia mucho la forma de ver los textos".

Porque si algo ha demostrado este club de lectura es que cada página se multiplica cuando se comparte. Donde unos ven un símbolo, otros reconocen una vivencia personal. Donde los alumnos interpretan, los mayores recuerdan. La literatura deja de ser así un objeto de estudio para convertirse en experiencia viva, una transformación casi mágica "difícil de lograr en otros contextos".

"Ellos han vivido cosas que nosotros solo leemos", resume Hugo Vega. En más de una ocasión, añade Pérez, un cuento ambientado en otra época ha dado pie a relatos en primera persona de costumbres o realidades que ya no existen o de situaciones que, para los estudiantes de hoy, rozan la ficción. Los viajes en tren de antaño, sin ir más lejos, alucinaron a los estudiantes.

En el otro 'extremo', Delgado, una de las participantes más activas, lo tiene claro: "A veces dicen ‘esto parece un cuento’ y yo les digo: no, no, esto lo he vivido yo", comenta divertida. Y su intervención, además de aportar contexto, transforma la lectura compartida.

El intercambio constante que ha dominado las seis sesiones celebradas tiene además otra consecuencia, pues rompe ideas preconcebidas a ambos lados de la mesa. Los estudiantes, por ejemplo, lo reconocen sin rodeos. Llegaron sin expectativas y se han encontrado con mucho más que un ejercicio académico. "Te das cuenta de que tienen una mirada muy propia, muy interesante. Porque han vivido mucho", comentan varios casi a un tiempo, tras reconocer que su conocimiento de este colectivo se limitaba, antes, a su entorno familiar, a quienes ven sencillamente como sus parientes. Lejos de la imagen pasiva que a menudo se asocia a la vejez, el Club de Lectura Intergeneracional les descubría interlocutores críticos, con criterio y con historias personales que interpelan y enseñan.

También ocurre en sentido inverso. Ángeles García López valora especialmente el contacto con los jóvenes. "Es muy importante y siempre es beneficioso", afirma. Y aunque asume que, en ocasiones, se les percibe simplemente como 'personas mayores', sin más, reivindica que la edad no merma las ganas de participar, opinar y aprender. Celebra, pues, que la UBU y Cordia, que es su casa, le brinden ocasiones para demostrarlo.

El entendimiento mutuo que ha logrado esta iniciativa no es casual. Cada reunión se enmarca en un proyecto cuidadosamente planteado que nace precisamente con la vocación de tender puentes entre realidades que rara vez coinciden. Más allá del propio ejercicio literario, el afán último del Programa de Acercamiento Intergeneracional de la Universidad de Burgos y de su responsable, Lourdes Bustamante, tenaz impulsora de la afortunada idea, era crear «un punto de encuentro» en el que compartir, además de textos, vivencias y formas de mirar el mundo. 

La docente Cristina Pérez recogía el guante sin dudarlo y planteó para lograrlo un formato accesible y dinámico, con relatos breves de una selección cuidada de autores: Carmen Martín Gaite, Miguel Mihura, Virgilio Piñera, Ignacio Aldecoa, Juan José Arreola, Silvina Ocampo, Enrique Amorim y, como colofón próximo, Miguel Delibes. Una combinación pensada para "activar recuerdos" en los mayores y, de paso, abordar temas universales "que eliminan las diferencias entre generaciones", explica.

Objetivo cumplido, a la vista de lo vivido en estas semanas, que, según confiesa la profesora, "ha superado las expectativas iniciales". La conexión entre participantes, el intercambio constante y la implicación creciente apuntalan el ya citado acierto de la iniciativa. "Han conectado muy bien, están aprendiendo muchísimo unos de otros y, sobre todo, están disfrutando", resume Pérez, tan satisfecha con una experiencia "muy positiva" que, como los propios asistentes, confía en que tenga continuidad. 

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