Laura Domingo: 35 años de un crimen sin castigo
El vil asesinato de la niña burgalesa que conmocionó a todo el país tuvo varios sospechosos y cero culpables. Si no aparecen pruebas concluyentes, el caso prescribirá en 2029

Una de las concentraciones a las puertas del Palacio de Justicia reclamando justicia para Laura Domingo.
Su desaparición dejó a la sociedad burgalesa con el corazón en un puño. Su asesinato conmocionó a todo un país. Si uno o varios desalmados no se hubiesen cruzado jamás en su camino, Laura Domingo hubiese cumplido 41 años este mismo mes. El 9 de abril, concretamente. Un día después de que alguien se la llevase, en 1991, cuando jugaba con un grupo de amigos en la calle Sasamón, a escasos metros de su casa.
Nadie ha pagado, 35 años después, por un crimen que en su día encendió todas las alarmas. Dar con el paradero de Laura se convirtió en prioridad. Para la Policía, sus allegados y numerosos voluntarios que se sumaron a las labores de búsqueda. Su rostro, en cientos de carteles, estuvo presente en toda la ciudad.

Imagen de Laura Domingo difundida durante su búsqueda.
La esperanza de encontrar a la pequeña sana y salva se esfumó a los 20 días. Una pareja localizó su cadáver el 28 de abril, a primera hora de la tarde, en un paraje cercano a San Medel. Lo único que se sabía, según relataron los niños con los que Laura jugaba, fue que un hombre de unos 30 años se la llevó de la mano.
A simple vista, el cuerpo de Laura no presentaba signos de violencia. Sin embargo, el forense determinó que había muerto por asfixia. De inmediato, mientras todo el mundo exigía justicia, la Policía Nacional inició una investigación con múltiples incertidumbres y poquísimas certezas. Tan solo que, a priori, no parecía demasiado probable que la cría se hubiese ido con un desconocido así por que sí.
El caso se cerró dos años más tarde por falta de pruebas concluyentes. Ya en el 99, se reabrió ante la aparición de un sospechoso cuyo perfil encajaba con el que habían trazado los investigadores. Se trataba del hijo de unos hosteleros, treintañero, que quedó en libertad con cargos. Pero jamás se pudo demostrar su participación en el crimen. Entre otras cosas, porque logró acreditar que se encontraba en la Comunidad Valenciana cuando la niña desapareció.
Tras este nuevo carpetazo, la investigación permaneció estancada hasta 2006. Las sospechas, entonces, se centraron en Alberto A. H., tío de Laura. Aparte de autoinculparse, relató que Charo -una mujer con la que mantenía una relación sentimental- y un hombre identificado como Jesús M. se desplazaron hasta el barrio de Capiscol para buscar a la pequeña y llevársela con la excusa de comprarle un regalo de cumpleaños. A continuación, aseguró que la muerte de su sobrina se produjo «de manera accidental» tras ser asfixiada con un cojín dentro del vehículo. A raíz de eso, siempre según su versión, el cadáver permaneció oculto en la vivienda de la tal Charo, dentro de un congelador. En dicho domicilio residía además una pareja a la que acusó de trasladar el cuerpo hasta San Medel.

Homenaje a Laura Domingo en San Medel.
Un informe forense, elaborado en 2008, dio credibilidad a las manifestaciones del tío de Laura, llegando incluso a subrayar que fueron realizadas «con conocimiento y voluntad plenas» y no como consecuencia de «una elaboración fantástica ni determinadas por una patología psíquica».
Pese a ello, jamás se pudo acreditar que Alberto A. H. y el resto de presuntos implicados participasen en el asesinato. El caso volvió a sobreseerse y tanto el tío de Laura como Charo fallecieron hace tiempo. Sin novedades ni pruebas concluyentes desde entonces, el caso prescribirá -salvo milagro- en 2029.