La UBU se ofrece como socio tecnológico de la industria alimentaria
Vitartis celebró en la Universidad de Burgos la reunión de su Junta Directiva para estrechar la relación entre investigación universitaria e industria alimentaria. El rector, José Miguel García Pérez, defendió el papel de la UBU como socio tecnológico del sector.

José Miguel García y Santiago Miguel. UBU
Vitartis llevó a la Universidad de Burgos la reunión de su Junta Directiva en un momento en el que la industria alimentaria de Castilla y León busca acelerar la incorporación de investigación, tecnología y perfiles cualificados a sus procesos productivos. El encuentro, con la participación del rector de la UBU, José Miguel García Pérez, y del presidente de la asociación empresarial, Santiago Miguel, sirvió para reivindicar una relación más directa entre los grupos universitarios y las compañías de un sector que tiene una fuerte implantación en los municipios pequeños de la comunidad.
García Pérez defendió que la Universidad de Burgos puede actuar como “socio tecnológico activo” de la industria alimentaria a través de titulaciones específicas, programas de doctorado y centros de investigación como el CIDER o el CIBA. La institución académica, sostuvo, comparte con el tejido empresarial “una visión clara: convertir el conocimiento en progreso real para nuestro territorio”, una idea que vinculó con la digitalización industrial y con la capacidad de generar actividad económica desde la investigación.
El rector insistió en que la colaboración con las empresas reduce el tiempo que transcurre entre el trabajo de los grupos de investigación y su uso real en la industria. “Cuando universidad y tejido productivo trabajan juntos, los resultados llegan antes y tienen un impacto mucho mayor”, señaló García Pérez, que relacionó esa transferencia con la posibilidad de retener talento en Castilla y León y ofrecer salidas profesionales ligadas al sector agroalimentario.
Santiago Miguel destacó el trabajo de la UBU en la I+D+i agroalimentaria y defendió que la universidad puede aportar conocimiento útil a las empresas si ese trabajo llega a tiempo a sus procesos. La investigación, planteó, gana valor cuando deja de quedarse en el ámbito académico y puede aplicarse en una línea de producción, en un nuevo producto o en la mejora de una tecnología ya implantada.
Ese vínculo tiene especial importancia en Castilla y León, donde más del 45% de las empresas alimentarias se ubica en pueblos de menos de 2.000 habitantes. En esas localidades, una fábrica que innova, incorpora perfiles cualificados o mejora su capacidad productiva sostiene empleo y actividad económica en un entorno donde cada proyecto empresarial tiene un efecto directo sobre el territorio.
Miguel también apuntó a la Universidad de Burgos como uno de los centros llamados a tener protagonismo en la iniciativa “Soberanía alimentaria”, integrada en la Estrategia de Investigación e Innovación para una Especialización Inteligente, RIS3. El planteamiento reúne herramientas públicas de la Junta de Castilla y León en un programa común y se apoya en el ecosistema empresarial articulado por Vitartis para trasladar la innovación al sector.
La iniciativa persigue que la industria agroalimentaria gane capacidad para diferenciarse, incorporar procesos más sostenibles y responder con mayor autonomía a los cambios del mercado. En ese marco, la UBU y otros centros de conocimiento deberán contribuir con investigación, formación y talento a una estrategia que pretende reforzar la posición del sector en Castilla y León desde la colaboración entre empresas, administración y universidad.