Asador Abadesa. La brasa como destino
A la vera de la A-1, este negocio de carretera se ha convertido en parada obligada para los devotos de la parrilla. ¿El secreto? Producto de temporada, calidad máxima y precisión. «Con el fuego no hay trampa posible», defiende su chef, Guillermo Martínez de Marigorta, coronado en 2024 el mejor del país en este arte

Los cocineros Guillermo Martínez de Marigorta y Mario Luque posan junto a su producto estrella.
En la parrilla no hay margen para el disfraz. La llama brilla, atraviesa, incluso subraya, pero no entiende de artificios. A su luz todo queda expuesto: el origen, la calidad, el punto y la mano de quien asa. «Con el fuego no hay trampa posible», resume Guillermo Martínez de Marigorta, alma culinaria del Asador Abadesa y maestro parrillero de España en 2024.
Esa honestidad es, precisamente, la que sostiene el discurso gastronómico de este establecimiento, instalado a la vera de la A-1, junto a la capital burgalesa. Tal bandera ondea con brío desde hace tres años, tiempo en el que Abadesa ha convertido un casual alto en el camino en desvío obligatorio, incluso destino expreso, para sentarse frente a sus brasas y dejarse llevar. Allí, el fuego no es un recurso decorativo ni una técnica más. Es, de hecho, la razón de ser de una cocina -y un cocinero- que busca realzar el producto, nunca enmascararlo.

Pieza en pleno proceso, con la brasa a punto para lograr las tres texturas deseadas.
Máximo respeto
Porque la aparente sencillez de una chuleta perfecta esconde, sin embargo, todo un oficio, un arte a dominar sin quemarse. No basta con conocer el punto de una pieza, toca sostener el manejo durante todo un servicio, con decenas de piezas distintas saliendo de la parrilla. «Lo verdaderamente difícil es aguantar tres horas o tres horas y media y mantener la intensidad del fuego equilibrada para distintas necesidades durante todo el tiempo», apunta el parrillero, para recordar que la lumbre es, pese a su imponente apariencia, muy sensible, pues «cambia con la humedad, la temperatura exterior o el ritmo de la sala». Gobernarla, insiste, es un reto diario.

La carne, lista para degustar
Distinción que avala la apuesta
Después llegaron otros asadores de referencia y proyectos ligados a la alta hotelería, antes de encontrar en este restaurante de carretera el escenario idóneo para desplegar una cocina con identidad propia. Poco tardó en revalidar su empeño el reconocimiento como maestro parrillero de España en 2024. Esta distinción, si bien no modificó el rumbo previsto, confirmó que el modo de hacer por el que había apostado tenía sentido. «No creo que la experiencia nos aportara conocimiento, pero sí fue un indicativo de que estábamos haciendo las cosas bien, de que era el camino adecuado», reconoce.

El responsable de la cocina de Asador Abadesa, Guillermo Martínez de Marigorta.
Una técnica ancestral

Cava de carnes a la vista en el comedor de Abadesa.
La calidad de la materia prima
A la hora de elegir, la mirada del parrillero se detiene en la cobertura de grasa, en su color amarillento y su textura rugosa, en la edad del animal y en la infiltración. Señales que hablan de alimentación, de vida buena y larga, aspectos que marcan la diferencia.
Tocará después buscar las tres texturas, ese sellado crujiente del exterior, la franja grisácea en la que la grasa se ha fundido y un interior crudo, aunque caliente, que persigue, siempre, Martínez de Marigorta. Delicado equilibrio que logra elevar la chuleta a la gran protagonista de la carta, sin dejar fuera al lomo bajo, solomillo o wagyu.
Pero hay vida más allá. Besugo, rodaballo, lenguado y virrey tienen también su hueco en Abadesa, como la gamba blanca, la gamba roja de Palamós, las almejas de Carril, el bogavante de Bueu, la langosta o la cigala, que se incorporan al compás que marcan mercado (cuentan con lonjas en Grove y Huelva que les proveen de los mejores mariscos) y veda.

Guisantes lágrima salteados al fuego.
Parrilla verde

Embutidos de Arturo Sánchez completan la oferta.
Embutido y vino

Comedor del Asador Abadesa.