El empeño burgalés por extender la cultura del bien
Jesús García creaba en Madrid Somos Talita, una iniciativa que propone a los jóvenes «encontrar sentido a su vida sirviendo a los demás». Sueña con exportar el proyecto a su ciudad.Además de promover eventos, acompañamiento y trabajos por el bien común, cogestionan un quiosco en Madrid para facilitar la inserción laboral de personas en exclusión
Jesús García y Marta Corcuera, impulsores de Somos Talita y defensores del «amor en acción».ÓSCAR CORCUERA
En matemáticas, una constante es, por definición, una cantidad cuyo valor no cambia dentro de un determinado problema, ecuación o contexto. En la vida de Jesús García, este elemento adopta la forma inmutable de servicio al prójimo. Este joven profesor burgalés vinculado «desde siempre» a la Iglesia acumuló en su adolescencia experiencias transformadoras que le llevaron a encontrar «en el necesitado, en el pobre», hasta «tres cosas» que, cual ecuación maravillosa, daban como resultado la entidad con la que canaliza en Madrid ese hambre de bondad. En su voluntariado en Basida, casa de acogida para personas sin hogar por diferentes causas y, más tarde, en Perú, se topó, «primero con el amor de Dios, de forma muy fuerte, en segundo lugar, con el prójimo, y tercero, con lo que yo más anhelaba, con un deseo grande de dar la vida por los demás».
Esta es la pregunta que Jesús García lanza a los jóvenes que llegan a Somos Talita. Él intuye la respuestaÓSCAR CORCUERA
"Una comunidad de jóvenes que pone el amor en acción"
Apenas rozaba la veintena cuando lo vio claro, cuando supo lo que tenía que hacer para «ser feliz». Más de una década después puede presumir, aunque no lo haga, de mantenerse firme en tal militancia, incluso creando escuela. Porque eso es Somos Talita, «una comunidad de jóvenes que pone el amor en acción», explica, diseñada para crecer en los «tres amores» que a su fundador le indicaron un camino que recorre de la mano de su mujer, Marta Corcuera. Lejos de centrarse en exclusiva en atender una necesidad asistencial externa, esta agrupación nacía para responder a otro desafío que García considera igual de urgente, ese que dibuja una juventud (tras culminar su formación y hasta la treintena) que, pese a tener estudios, trabajo y oportunidades, busca con ansia un sentido a su vida. «Trabajar por trabajar ya no llena», resume. A su juicio, buena parte de este colectivo mantiene intacto el deseo de servir a los demás, «aunque no encuentren un espacio donde convertir ese impulso en un compromiso estable». Ahí es donde entra Somos Talita. «No es una ONG, sino una propuesta de vida para el joven, un proyecto para promover su crecimiento, una oportunidad para (re)descubrir el amor de Dios por cada uno», insiste.
Grupo de jóvenes participantes en una cita de Somos TalitaÓSCAR CORCUERA
Acompañar desde la amistad
Así, cual pescadores de inquietudes, García y sus apóstoles apuestan por «rescatar» ese afán interno y «natural» de servir que tienen los jóvenes para, «de algún modo, acompañar desde la amistad en un recorrido que, pasando por los lugares donde su corazón se conmueve, desemboca en Dios y en la Iglesia», asegura y detalla como lugares transformadores las cárceles, los centros de ayuda a niños en exclusión o de atención a la discapacidad severa. Realidades diversas que sobrepasan la arquetípica imagen de caridad enfocada al pobre. «Pobres somos todos. Las personas que sufren son nuestra razón de ser, pero sin utilitarismo. Hay que entender eso y que la misión de amar al prójimo no se concreta en un solo perfil», añade este burgalés, que insiste en que la propuesta que lanza no se limita a quienes comparten su fe. «Hay gente que viene y dice: Jesús, yo soy ateo, pero estoy con vosotros, aquí soy feliz. Esta es su casa», añade.
Voluntarios en la cárcel Ocaña II.ÓSCAR CORCUERA
La constancia como cimiento
El camino que emprende aquel que anhela materializar esa entrega, sin más interés particular que darse, se cimienta en la constancia. «Uno es amado en la rutina, no un día al mes», apunta, para explicar que, lejos de organizar acciones puntuales de voluntariado, el objetivo último se concreta en incorporar el servicio a la vida cotidiana. Igual que alguien reserva un día fijo para practicar deporte o reunirse con amigos, los integrantes de Somos Talita adquieren el compromiso de acudir de forma periódica a prisiones, centros de acogida, residencias o recursos para personas sin hogar. «No es un voluntariado, forma parte de toda mi vida y mi fe. El evangelio nos invita continuamente a ello», sostiene el impulsor de una iniciativa que cuenta ya con una comunidad de más de 60 personas implicadas de manera estable en distintos proyectos sociales y supera el centenar de integrantes en su entorno más amplio.
Uno de los ponentes de los llamados 'Talitazos', el ingeniero Pablo Sánchez BergasaÓSCAR CORCUERA
Eventos con impacto y otras actividades
Al acompañamiento semanal se suman encuentros formativos (los llamados ‘Talitazos’, eventos «con impacto» que unen ponencia y picoteo con participantes como la política María San Gil, el ingeniero Pablo Sánchez Bergasa o el doctor en Filosofía por la Universidad Complutense José Luis Cañas, entre otros) y experiencias como la denominada ‘Inspiradores’, un fin de semana de convivencia en Basida en el que los participantes experimentan en primera persona la realidad de quienes viven en la exclusión. «No somos un lugar de grandes discursos, sino de hacer», explica García, para aseverar que es «la acción la que define en gran parte quién soy».
Foto de familia de una convivencia en Basida.ÓSCAR CORCUERA
"El bien común existe y merece la pena trabajar por él"
García resume esa filosofía bajo un concepto que reivindica con frecuencia: la cultura del bien, una forma de entender las relaciones humanas. «El bien común existe y merece la pena trabajar por él», sostiene. Frente a una sociedad que, en su opinión, educa a los jóvenes en la idea de que «lo primero es uno mismo», propone recuperar el sentido del «nosotros». «Solo buscar mi propio provecho me conduce a una actitud egoísta. Lo que yo haga repercute en el otro, para lo bueno y lo malo», reflexiona.
Abdul atiende el quiosco gestionado por Jesús García y Javier Cascón.ÓSCAR CORCUERA
"Un techo no basta": la generosidad en la práctica
Y si la acción define, como sostiene García, el último proyecto impulsado por Somos Talita constituye en la práctica el mejor ejemplo. La iniciativa derivó en la gestión de un pequeño quiosco madrileño que, lejos de limitarse a vender prensa o café, se torna oportunidad laboral para personas en riesgo de exclusión social. La idea surgió al detectar una necesidad recurrente entre aquellos que, tras quedarse en la calle, logran acceder a una vivienda. Un techo no basta, «necesitan un trabajo». Junto a Javier Cascón, impulsor del proyecto Amen sin tilde, dedicado a comprar casas para personas sin hogar, García decidió dar forma a una propuesta que, en un primer momento, sonó a locura, como tantas otras veces. Apostaron por adquirir un quiosco, estudiaron su viabilidad y comprobaron que podía sostener, al menos, un puesto de trabajo. Hoy ese empleo lo ocupa Abdul, un hombre que reside en una casa de acogida y que ha encontrado tras el mostrador mucho más que un salario. «Es precioso verle trabajar. Para él es todo, es su futuro», afirma el burgalés, tan orgulloso de lo logrado con Talita que sueña con exportar la fórmula a la tierra donde nació y creció, él y su vocación, y donde reside su familia y la de su mujer, también burgalesa. «Sería un privilegio», admite. Al fin y al cabo, las circunstancias, incluso los escenarios, cambian. Las constantes, no.