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Arsuaga dice adiós: «Este proyecto nos trasciende y continúa y continuará»
Llegó en el 83, de la mano de Emiliano Aguirre, y se despide tras 43 años de investigación y 35 en la codirección. Seguir al frente de la dirección científica del Museo de la Evolución, donde prepara la gran exposición de Atapuerca: Crania.
Juan Luis Arsuaga durante su rueda de prensa de despedida del rol de codirector de Atapuerca.
Aunque el año pasado veía lejos lo de colgar las botas, para Juan Luis Arsuaga, codirector de las excavaciones de Atapuerca desde hace 35 años, ayer era el momento de despedirse. «Para mí esta es una rueda de prensa especial porque va a ser la última vez que presencie los nuevos hallazgos desde esta mesa, pero no va a ser la última vez que los vea porque el año que viene asistiré desde el otro lado, desde los asientos», señalaba el único codirector del triunvirato formado por Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro que seguía en activo.
Este año reconocía que no había estado muy presente en los yacimientos. «Es algo que no importa, porque Atapuerca somos todos, somos muchos más y todos estamos al servicio de este proyecto que nos trasciende. Aunque le hayamos dedicado muchos años, no se agota y continua y continuará en futuras generaciones», remarcó el también director científico del Museo de la Evolución Humana. Labor en la que continua.
En esas lides se ha pasado este verano preparando una gran exposición sobre los cráneos hallados en Atapuerca. Crania, que vera la luz en unos meses. «Es una exposición que va tener una importancia mundial, porque nosotros también jugamos nuestra Copa del Mundo que no es deportiva, es científica y social», señaló.
Apeló al discurso de la fuerza del equipo que ha trascendido del entrenador de la selección de fútbol, Luis de la Fuente. «La clave de Atapuerca ha sido la misma, hemos sido muchos, hemos estado siempre unidos», razón por la que «año tras año tenemos grandes resultados, estrellas en la camiseta de la excavación y, mientras sigamos unidos, en este lado de la mesa o en el otro, continuarán los éxitos científicos».
Arsuaga llegó en el año 83 por primera vez a Atapuerca de la mano de Emiliano Aguirre, que «no fue mi profesor, pero sí mi maestro». En cuanto puso un pie en la Sima de los Huesos, donde durante años retiraron sedimento en petates que subían al exterior, sabía que iba a ser un lugar único. El año que recuperaron a Agamenón, y en el último momento del último día, al Miguelón, el cráneo 5, todo cambió. Recordaba a este periódico cómo fue su primer contacto con la Sima de los Huesos, que ha sido su gran oficina. No llegó a pisarla. «Me quedé en la sala de los osos, no bajé abajo la primera vez, pero entre el sedimento apareció un resto humano y empezamos a bajar. Sacamos mochilas de sedimento durante diez años». Una vida científica después de 7.000 restos, ADN antiguo, divulgador y prolífico escritor, es uno de los autores de no ficción más leídos.