El Correo de Burgos

‘ATA Next Generation’, el grupo de WhatsApp que sincronizó la transición en Atapuerca

Chats del móvil, zoom y videoconferencia: las nuevas tecnologías claves en la «tranquilidad» de la campaña del relevo. «Si había algo que decidir en persona, a las nueve en la garita de la Trinchera». 

María Martinón(i), Juan Luis Arsuaga, Marina Mosquera e Ignacio Martínez delante. Alfonso Benito (i), José Miguel Carretero y Andreu Ollé detrás, coordinan los trabajos en diez yacimientos.

María Martinón(i), Juan Luis Arsuaga, Marina Mosquera e Ignacio Martínez delante. Alfonso Benito (i), José Miguel Carretero y Andreu Ollé detrás, coordinan los trabajos en diez yacimientos.TOMAS ALONSO

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Los yacimientos de Atapuerca vuelven a estar vacíos. Los turistas se acercan por la Trinchera del Ferrocarril pero las cuadrículas de excavación empiezan a desmontarse. La 47 campaña de excavaciones de Atapuerca ha funcionado con normalidad. Algo importante porque es el año en el que se ha materializado el relevo a la tercera generación de codirectores tras la jubilación de Eudald Carbonell y José María Bermúdez de Castro.

Un equipo experimentado, con años al frente de la coordinación de yacimientos, ha asumido el roll. Y todo ha funcionado con normalidad. «Yo no he notado el más mínimo cambio en el funcionamiento del día a día de la excavación, todo igual que el año pasado», explica el eslabón entre la segunda generación de codirectores y la tercera, Juan Luis Arsuaga. Todos coinciden en que es un equipo con décadas de trabajo en la sierra burgalesa cada verano, con labores de coordinación de campo y de laboratorio y un grupo de trabajo de un centenar de personas que son expertos en el funcionamiento del organigrama de excavación que les acompaña. «Estamos hablando de un grupo consolidado, con catedráticos y el equipo de dirección llevan décadas de trabajo en Atapuerca, Nacho y yo empezamos juntos, se conocen... Cualquiera que haya venido a excavar otros años no habrá notado mucha diferencia», sentencia el codirector veterano.

Junto a él han tomado las riendas Marina Mosquera y Andreu Ollé del IPHES de Tarragona, María Martinón y Alfonso Benito del Cenieh, José Miguel Carretero e Ignacio Martínez Mendizábal de las universidades de Burgos y Alcalá que abordan el trabajo en los yacimientos de Cueva Mayor. Siete en vez de tres.

La logística de coordinación se ha basado en las nuevas tecnologías. Y, como todo el mundo, el chat de WhatsApp, ha sido el método más práctico. Y tiene nombre. AtaNextGeneration. «Nos comunicamos mucho por WhatsApp, es práctico para estar todos al tanto de cualquier cosa ya que, además de la coordinación general, estamos cada uno en nuestro yacimiento», explica Marina Mosquera. 

Y si se producía algo importante había un momento para verse al menos uno de cada grupo de coordinación. «Si surgía alguna cosa pues en el campo es más fácil, a las nueve en la garita de la Trinchera quien pudiera, lo importante es que estuviera uno de cada grupo para informar al resto».

Que la transición haya sigo un éxito, al funcionar con normalidad, no ha sido cosa de un par de días. El trabajo de campaña entre los siete codirectores empezó hace meses. «Si en el campo a penas hemos vivido diferencias, más allá de las cuestiones de representación que algunas han sido curiosas, han sido los meses previos de trabajo en donde he notado el cambio», señala Andreu Ollé. 

Se han arreglado con algunas reuniones presenciales pero, especialmente, con reuniones vía Zoom y videoconferencia. «Prácticamente desde principios de año empezamos con la organización de la logística, tema de prevención de riesgos y un poco aquello que no vemos cuando vamos a excavar pero que hay que hacer y que eso si es nuevo», remarca Alfonso Benito.

El resultado, una vez terminado el mes y medio de trabajo de campo en 13 espacios de excavación y 300 personas, es positivo. «La campaña ha ido bien, la logística que es lo más complicado ha salido todo bien y en cuanto a la excavación, en Atapuerca todos saben lo que tienen que hacer», señala José Miguel Carretero.

Cuando ya se han establecido las dinámicas de colaboración y comunicación en este mando de siete valoran positivamente esta dirección colegiada. «Yo creo aporta más que obstaculiza porque hemos trabajado mucho tiempo juntos, nos conocemos, y, desde luego que se genera debate, pero es bueno porque tú escuchas al otro y quizás caes en la cuenta de algo que no te planteabas desde su punto de vista y ves que tenía razón, y eso suma más que resta», sentencia Mosquera. 

«Nos conocemos desde hace más de 20 años, hemos compartido de todo éxitos, problemas, gestión, coordinación... Y en este nuevo camino agradecemos el apoyo de la Fundación Atapuerca a través del Comité Científico que nos permite también colaborar en esa planificación desde ese otro lado», añade Carretero. También es una oportunidad en cumplir con invitaciones y reuniones que se solapan con la de trabajo de campo. «En la agenda de representación ha venido bien ser seis porque nos hemos podido repartir mejor», bromea el catedrático de la UBU.

El reto se ha superado porque «hay mucha gente, son 150 excavadores en cada quincena, y todo el mundo en su yacimiento sabe qué tiene que hacer», remarca Mosquera. De esta manera, a la codirección general de siete se unen los coordinadores de cada yacimiento, dos de diferente especialidad y por superficie de excavación (Elefante, Galería, Dolina TD-6 y Td-3, Penal, Fantasma, Estatuas Exterior, Estatuas Interior, Sima de los Huesos, Portalón, Mirador y Lavadero del Río Arlanzón). Estos perfiles de mando intermedio se encargan de organizar el trabajo en cada superficie de excavación, introducir en los registros todo el material recuperado, el personal y el material que se necesita, los objetivos marcados por espacio...

Así se prepara la cuarta generación desde que arranca la tercera. Y en cada una de ellas se ha marcado un roll diferente marcado por la sierra. En la época de Emiliano Aguirre fue la toma de conciencia de la singularidad del espacio, la creación de una escuela multidisciplinar del estudio de la evolución humana y convencer a una administración que empezaba a generar una ciencia aún en pañales. 

El mítico triunvirato le relevó en el 91 hasta 2024. Tocó afianzar el proyecto, evitar las injerencias de equipos extranjeros y diseñar un proyecto no sólo científico sino divulgativo que ha convertido a Atapuerca en un yacimiento único por el tiempo de excavación consecutiva, casi 50 años, y por el número de excavaciones y la cronología del registro. 

Ahora toca gestionar un proyecto asentado y reconocido que ha multiplicado superficies, equipos y laboratorios. «No tratamos de sustituir, sino continuar», sentencia Carretero. La garantía de esa continuidad está en el centenar de expertos que les acompañan por detrás.

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