El Castillo vuelve, la historia espera: «Tiene continente, pero no contenido»
La fortaleza, por fin reabierta, recibe a sus primeros visitantes. La opinión mayoritaria, por ahora, es favorable

El Castillo de Burgos recibe a sus primeros visitantes tras su reapertura.
Primera toma de contacto con el nuevo, entre comillas, Castillo de Burgos. Poca gente quince minutos antes de la apertura. A escasos metros de la entrada, Julia y Joel son los primeros en llegar. Después de pasar cuatro días en la ciudad, les toca coger el AVE a las 14:50 horas para regresar a Barcelona. «Vamos a tener que salir corriendo», bromean. No será para tanto, pero lo cierto es que han decidido apurar al máximo tras enterarse, gracias a una visita guiada, que el histórico bastión medieval reabría este sábado sus puertas tras permanecer «mucho tiempo cerrado».
No son los únicos turistas. Al poco de cruzar el umbral, a las 11 de la mañana con puntualidad británica, una pareja alemana pregunta en perfecto inglés si alguien les puede hacer una foto en la torre más alta, con gran parte de Burgos como telón de fondo. Para entonces, medio centenar de personas ya recorren el Castillo. A caballo entre la expectación y la curiosidad, nadie pone en tela de juicio que las vistas son «espectaculares».
«Al final todo suma. Además, antes estaba un poco abandonado», comenta Diego. Tenía ganas de observar desde dentro la estética «rompedora» de la recreación del conocido como palacio de Alfonso X. Siendo consciente, por supuesto, de que «no es un castillo como los que puede haber en otras zonas». Aún sí, cree que «tiene su encanto» y da por hecho que «con las luces de noche será más bonito».
Lo mismo opina Cristina, su mujer. Mientras la pequeña Aitana otea el horizonte que brinda semejante panorámica, da su visto bueno a la propuesta de rehabilitación promovida por el Ayuntamiento, partiendo del anterior mandato, porque «es muy complicado hacer una estructura con piedra como la que tenía el Castillo en su momento».
También aprueban el proyecto Lourdes y Jairo. «Muy bonito, me ha gustado», sentencia ella, en plena visita, convencida de que la segunda fase del proyecto, consistente en la musealización de este espacio, supondrá un importante revulsivo turístico para la ciudad. Así pues, «habrá que volver en otra ocasión para poder verlo todo al completo».
Más allá de que le parezca «muy original», Julia destaca las vistas que brinda el Castillo. Se vuelve para Barcelona plenamente satisfecha después de cumplir una «deuda pendiente». Nunca antes había estado en Burgos aunque «llevaba mucho tiempo queriendo venir». Tal y como intuía, la ciudad tiene «mucho encanto». Da fe después de «patear de lo lindo» con Joel. La Cartuja, el monasterio de las Huelgas... «Lo hemos visto todo» e intentarán volver lo antes posible, «eso seguro», a pesar de que «tenemos un buen cacho de distancia».
Historia legendaria
No todas las valoraciones son positivas. Hay quien pone algún que otro reparo, desde un punto de vista constructivo, aunque sin pasar por alto que el Castillo de Burgos aspira a convertirse en un elemento patrimonial de primer orden para potenciar el turismo. Es el caso, sin ir más lejos, de José Antonio Yarto. Suya es la maqueta de la fortaleza, con el palacio ahora recreado, expuesta en el Museo Histórico Militar de Capitanía. Un «reto personal», según confiesa, fruto de sus arduas investigaciones para vislumbrar cómo era realmente el inmueble antes de su destrucción parcial por parte del Ejército francés, en 1812, durante la Guerra de la Independencia.
Sobre la estructura metálica que evoca el palacio -más bien «alcázar»-, Yarto considera que «en volúmenes y altura es bastante aceptable». Sin embargo, hay una serie de elementos que le chirrían como los ventanucos, que «no son como eran», o el mantenimiento de un torreón semicircular que «se levantó en la década de los 60 y que no tiene nada que ver». Aparte, echa en falta la «puerta trasera» del edificio que él mismo replicó en su maqueta.
La investigación de Yarto se remonta al año 92, cuando el entonces concejal de Cultura, José Sagredo, ya empezaba a vislumbrar un Plan Director para recuperar el Castillo. Poco o nada se sabía sobre su aspecto antes de la invasión napoleónica, así que buceó entre infinidad de archivos con el fin de arrojar la mayor cantidad de luz posible.
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Al final, la constancia dio sus frutos. Y extrajo una serie de conclusiones dignas de estudio. Como la atribución, quizá errónea, del palacio a Alfonso X. Según explica, fue el dibujante francés Alexander Laborde quien popularizó el actual nombre del extinto inmueble en su obra Voyage pittoresque et historique de l’Espagne, publicada a principios del siglo XIX. Pero «no hay ninguna documentación que lo acredite», subraya, mientras expone una teoría que le resulta bastante más factible. «Más bien podría ser de Alfonso VIII de Castilla, el de las Navas de Tolosa, cuando dejó aquí a su mujer y lo reacondicionó para que pudiese vivir ahí».
Al margen de esta cuestión que tanto interés le genera, Yarto opina que la reapertura del Castillo resulta precipitada porque «de momento está cojo». Lo ideal, a su juicio, hubiese sido culminar el proyecto de musealización contemplado por el Ayuntamiento con el objetivo de relatar la historia de la fortaleza desde la Edad Media hasta la Guerra de la Independencia.
«Tiene continente, pero no contenido. Es como si abrieses el Museo de la Evolución Humana y dentro no hay nada para ver». Partiendo de esta base, echa en falta un «Plan Director en condiciones» aunque conllevase más tiempo. De hecho, no le extrañaría lo más mínimo que «dentro de 20 años llegue alguien y diga: ‘¿Por qué no lo hacemos (el alcázar) en piedra?’».
Aunque para gustos los colores, no se puede obviar el legado histórico del Castillo y su innegable potencial para atraer visitantes una vez reabierto. Antes y después de la Guerra de la Independencia, cuando se convirtió en «baluarte clave para la defensa peninsular». Lo comprobaron, en primera persona, el duque de Wellington y el mismísimo Napoleón Bonaparte. Aparte, no está de más recordar -tal y como puntualiza Yarto- que en este complejo «han vivido reyes, vino Leonor de Aquitania desde Inglaterra a la boda de Alfonso VIII, fue prisión e incluso una fábrica de pólvora y de cañones». Demasiado contenido, sin duda, que merece la pena ser promocionado como es debido a través de un museo que muchos burgaleses ansían desde hace tiempo.

El Castillo de Burgos recibe a sus primeros visitantes tras su reapertura.
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