«Te echaremos de menos en cada partido, Luigi. Tu energía está aquí con nosotros»
Podólogo de profesión y «grandísima persona», un ramo de flores rinde homenaje a Luis Edmundo Fernández en el campo de fútbol del Talamillo

Amigos de Luigi, en el homenaje por parte de su equipo en el Talamillo.
Todavía le ocurre, de manera inconsciente, cada vez que programa una pachanga. A punto de enviarle un mensaje, de repente cae en la cuenta de que «Luigi ya no está». Cuesta asimilar la pérdida inesperada de un amigo, compañero de fatigas futboleras, que dejó huella en su equipo. Le ocurre a Sergio y al resto de la ‘familia’ que se reúne habitualmente en el campo del José Luis Talamillo para rodar el balón sin más pretensión que pasar un buen rato.
«Te echaremos de menos en cada partido», reconoce Koke. En lo personal, sobre todo, porque futbolísticamente, «como todos nosotros, no era un gran jugador». Bromas aparte, Máster recuerda que «siempre te hacía sentir cómodo en el equipo y con el grupo». Tanto que, incluso después de su fallecimiento, «su energía está aquí con nosotros».
Todo el equipo echa en falta a Luis Edmundo Fernández. Un «tío de palabra», tal y como le define Sergio, que nunca faltaba a su cita. Al mal tiempo, buena cara. Ese era su lema. «Si llovía, decía que mucho mejor porque así corre más la pelota». Y con unas manos prodigiosas, dada su condición de podólogo, de la que puede dar fe la plantilla prácticamente al completo.
«Fue la única persona que se atrevía a tocarme los pies», comenta Rulo, eternamente agradecido porque fue capaz de aliviarle «unos dolores que nadie daba con ellos». Algo «increíble» que derivó en «amistad» y una suerte de «deuda» que Luigi, sin duda, se negaría a cobrar.
A Sergio también le resolvió la papeleta cuando se preparó una avería bastante seria en el dedo gordo del pie. «Me trató de maravilla y no me cobró casi nada», rememora. Pero no solo era precio de amigo, sino plena dedicación incluso a horas intempestivas. Como aquella vez que se puso a evaluar la pisada de Máster, a las 12 de la madrugada, por un problema de lumbares.
«Daba igual que el equipo estuviera descompensado, que fuera perdiendo o que no tuviera su mejor día. Era un momento de hacer deporte entre amigos, de esforzarnos y de reírnos». Lo mejor de Luis, a juicio de Sancho (o Sancheski) era su capacidad de trasladar dicha actitud «fuera de la cancha». Siempre a base de «buena vibra» y mostrándose «positivo frente a los problemas».
Un ramo de flores rinde homenaje a Luigi en el Talamillo. Poco importa que las hojas se marchiten porque su memoria no se perderá. Qué mas quisieran sus amigos que verle llegar «apurado» en bicicleta porque acababa de cerrar la clínica. Y observar, de nuevo, cómo cambia el chip mientras reparte los petos. «Una pena que ya no esté con nosotros», resume Sancho. Y Fer, que quizá le conocía algo menos, no pasa por alto que demostró con creces ser «amigo de sus amigos», «amable» y «de 10 en el campo».