El Correo de Burgos

Las ventas de combustible caen en verano y el sector duda de la rebaja fiscal de septiembre

Avecal reivindica «las mismas reglas» ante la proliferación de gasolineras desatendidas.

Panel de precios de gasolinas y diésel con los que arranca el mes de septiembre.

Panel de precios de gasolinas y diésel con los que arranca el mes de septiembre.SANTI OTERO

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El verano, sinónimo de movimientos generalizados en carretera y aumento del consumo, ha registrado descensos de consumo en las estaciones de servicio de Burgos. El aumento de precios ha marcado una tendencia de descenso. Tras un mes de julio «más tranquilo de lo habitual», el sector confirma que las ventas han sido inferiores a las del año pasado. Esa caída se tradujo en caídas más importantes en agosto. Una verano «flojo» que atribuyen directamente al encarecimiento del combustible. “Los precios son los que marcan el consumo. Cuanto mayor precio, menor consumo”, resume el presidente de la Agrupación de Vendedores al por Menor de Carburantes y Combustibles de Castilla y León, Avecal, Rafael Pizarro.

Dudan que la bonificación de 20 céntimos al diesel y cinco a la gasolina que se aplicará exclusivamente este mes tenga algún impacto económico más allá de los anuncios y la publicidad. El sector insiste en que el problema no es solo el coste del petróleo, sino la carga fiscal que lleva a aparejado este producto. «Si el combustible vale dos euros, uno es para Hacienda», explican. El Impuesto Especial de Hidrocarburos y el IVA del 21%, que además se aplica sobre el propio impuesto, elevan el precio final y reducen el margen de las estaciones.

Por eso, la rebaja fiscal anunciada para septiembre se recibe con escepticismo. «No han descontado 20 céntimos, han descontado 10, lo otro ya estaba aplicado antes», aclaran. Para el sector, la medida se presenta como una ayuda, pero no lo es. «No me da una ayuda, lo que hace es quitarme menos. Una ayuda es cuando me da algo sin que yo pague nada y eso aquí no es el caso».

Las estaciones de servicio explican que el precio alto no solo reduce ventas, sino que incrementa sus propios costes. Pagan el combustible a nueve días, pero muchas tarjetas se liquidan a 30, lo que les obliga a financiar 21 días de operaciones. Además, las comisiones bancarias aumentan cuando sube el precio del litro. «Si gano cinco céntimos por litro, pero el 1% de comisión pasa de un céntimo a dos, me quedo con tres». Por eso, el sector insiste: “Para nosotros es infinitamente mejor que el producto valga poco. De lo caro siempre sobra”.

Un otoño incierto

Con el verano cerrado y la rebaja fiscal en marcha, las estaciones de servicio afrontan septiembre con cautela. El consumo sigue condicionado por los precios y la incertidumbre internacional en el mercado del refino, que consideran el verdadero problema de fondo. Mientras tanto, piden que las medidas fiscales se expliquen con claridad y que no se presenten como ayudas. «Las verdades a medias no son buenas. El consumidor merece información completa», señalan.

Burgos cuenta con un centenar de estaciones de servicio operativas. Entre ellas proliferan los surtidores vinculados a supermercados, que activan su consumo con bonificaciones en la cesta de la compra, pero, sobretodo, las estaciones fantasma. Éstas, al no contar con el coste laboral asumen ajustes de precio que las estaciones atendidas no pueden asumir. «Libre competencia si, todo el mundo pueden intentar probar su fórmula de negocio, pero con las mismas reglas del juego», reivindica Pizarro. De esta manera, si las estaciones tradicionales necesitan hoja de reclamaciones, objetos para recogida de muestras a petición del cliente para comprobar la calidad del combustible y otros requisitos, éstos se deben aplicar a todos por igual. 

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