Elevan a 25 años la petición de cárcel por el asesinato de Valentín López Saiz en Aranda
La acusación particular incide en la alevosía porque la víctima no pudo repeler el ataque mientras la Fiscalía se mantiene en 21. La defensa considera únicamente probados los delitos de homicidio y hurto del teléfono móvil de la exmujer de Lázaro Hernando

Javier Lázaro Hernando, en el juicio por la muerte de su suegro.
El hecho de que Valentín López Saiz no pudiese defenderse al recibir 12 puñaladas por parte de su yerno, Javier Lázaro Hernando, el 3 de octubre de 2024 en Aranda de Duero ha propiciado que la acusación particular solicitase este viernes una pena de 25 años de prisión. A la hora de elevar su petición, durante la última sesión del juicio celebrado en la Audiencia Provincial de Burgos, el abogado de la familia incidió en la alevosía tomando como referencia las conclusiones recogidas en la autopsia.
No es la única modificación planteada respecto a las conclusiones previas. La acusación particular también estima necesario que la orden de alejamiento del acusado hacia su exmujer, su hija y su suegra se extienda a sus cuñados al entender que es «un auténtico peligro». En este sentido, el letrado Fernando Vecino se mostró convencido de que Lázaro Hernando «no ha acabado su trabajo». Lo demuestra, por ejemplo, la carta que remitió al domicilio de la familia López Saiz con el objetivo de «seguir su campaña de terror».
La Fiscalía, por su parte, mantiene su petición de 21 años por asesinato sin obviar los delitos de allanamiento de morada, maltrato y atentando contra agentes de la autoridad. El encausado se enfrenta, por lo tanto, a una pena de 32 años que podría ser mayor si el jurado popular da por válidas todas y cada una de las tesis de la acusación particular.
Lo único que el Ministerio Fiscal no pudo probar durante el juicio, por incomparecencia del afectado, fue el alcance de las lesiones sufridas por un agente de la Policía Nacional que se cayó mientras trataba de localizar al acusado en una zona de monte próxima a Carabias (Segovia). Asimismo, se descarta el ensañamiento al considerar que Lázaro Hernando no pretendía «aumentar el dolor» de Valentín durante el ataque.
Amparándose en el Código Penal de cara a fijar la condena, la defensa volvió a manifestar que la autoría está clara. No en vano, el letrado Ramiro Canivell insistió en que su representado debería ser juzgado únicamente por homicidio, fruto de sus «adicciones y enfermedad», y un delito leve de hurto del teléfono móvil de su exmujer. El resto, enfatizó, son hechos «concatenados» a raíz de la muerte de Valentín bajo la premisa de la amnesia total debido a un brote psicótico.
«No se acuerda de nada de lo que le perjudica»
Precisamente, la «cuestión clave» para la Fiscalía reside en el brote psicótico en el que se basa la defensa para atenuar la condena. Partiendo de esta base, el acusado «no se acuerda de nada de lo que le perjudica» y por eso no llegó a confesar por sí mismo la autoría del crimen. Tampoco a negarlo, desde luego, aunque eso no quita para que las acusaciones coincidan en rechazar una posible alteración de sus facultades mentales.
Cinco informes médicos respaldan la postura del Ministerio Público frente a los test, a cargo de dos psiquiatras contratados por la defensa, que diagnostican una esquizofrenia paranoide. Desde la primera visita al Santos Reyes de Aranda y el ingreso inmediato en el Hospital Universitario de Burgos (HUBU) por un brote psicótico achacado al consumo masivo de cocaína en el verano de 2024 hasta la última entrevista con los forenses en mayo del año pasado, «las conclusiones no pueden ser más evidentes».
Existen además 10 «elementos objetivos» en los que se escuda la Fiscalía para sustentar su petición. De entrada, se da por sentado que el encausado trazó un «plan deliberado» porque «para manipular la realidad tienes que estar en ella». De ahí su «sangre fría» al cruzarse con una vecina, nada más matar a Valentín, y el razonamiento lógico de esconder un cuchillo bajo la manga mientras se dirigía al domicilio de sus suegros. Una vez allí, de acuerdo al relato de dos de las testigos, su comportamiento no tuvo «nada que ver con el primer brote». En cuanto a la huida, «sabe que lo que ha hecho le va a acarrear pena de prisión».
También sostiene el fiscal, al igual que la acusación particular, que Lázaro Hernando formateó el móvil de su exesposa para eliminar una serie de mensajes que «nos hubiesen permitido saber muchas cosas». Del mismo modo, recordó el testimonio de los policías que le persiguieron -«conduce como un experto»- sin pasar por alto que ninguno de los agentes que participaron en el operativo «observó alucinación, delirio o circunstancia extraordinaria». Por último, el Ministerio Público entiende que Valentín no se hubiese ido con el encausado en caso de haber notado el «más mínimo indicio» de enajenación.
En resumen, la Fiscalía cree que la defensa no ha sido capaz de demostrar que el acusado sufriese un brote que le impidiese ser consciente de sus actos. Y no da por válidas las pruebas psicométricas frente al diagnóstico de una decena de especialistas que nunca percibieron signos de esquizofrenia y sí un «discurso estructurado» antes y después de prestar declaración ante la Policía por lo sucedido el día del crimen.
«Manipulador nato»
El perfil que dibuja la acusación particular de Lázaro Hernando es el de «una persona mala que al final vio que perdía su posición dominante en el matrimonio». Nada que ver, según expuso Vecino, con un trastorno mental agravado por el consumo de estupefacientes. Del mismo modo, le definió como un «manipulador nato» que en ningún momento ha manifestado «síntoma de culpa» por lo ocurrido.
Sobre los test que el acusado realizó a petición de la defensa, el abogado de los López Saiz volvió a poner en tela de juicio su fiabilidad al subrayar -de acuerdo a los criterios del manual técnico DSM-5- que «es imprescindible que esté el especialista presente». Algo que los propios psiquiatras no hicieron, según reconocieron ellos mismos en sede judicial, por lo que «la defensa no prueba absolutamente nada». Dicho esto, deslizó la idea de que tal vez hubiese podido pasar dichos test a un compañero o buscar información a través de internet para rellenarlos de acuerdo a sus intereses.
A diferencia de la Fiscalía, Vecino defendió la hipótesis del ensañamiento al esgrimir que las seis puñaladas por la espalda que la víctima recibió mientras permanecía tendida en el suelo son sinónimo de «hacer sufrir a una persona innecesariamente». Aparte, quiso hacer hincapié en que «desde que entra Valentín en casa quería matarlo». En cambio, cuando llegó al domicilio de la familia y se encontró con su suegra, su exmujer y su hija «se le desmorona el plan». Un plan que, a su entender, era evidente por las amenazas proferidas previamente a quien fuese su pareja durante más de dos décadas. La misma que «no empezó su duelo hasta el día que declaró».