La agresión a un trabajador evidencia la «inseguridad» creciente en los centros cívicos de Burgos
El atacante, usuario «de toda la vida» en San Agustín, ya fue expulsado cuatro meses por increpar a otra empleada. La víctima sigue de baja, en rehabilitación y con asistencia psicológica

La agresión se produjo en el centro cívico de San Agustín.
Tuvieron que llamarle la atención, una vez más, porque estaba «levantando la voz» en la sala de lectura. Nada raro, por desgracia, en el centro cívico de San Agustín. Muy a su pesar, los trabajadores ya están acostumbrados a lidiar con este tipo de situaciones. Sobre todo con determinadas personas que, sistemáticamente, se niegan a respetar las normas.
«Siempre estáis igual, no sois nadie», replicó el usuario en cuestión. Un hombre de edad avanzada al que ya se abrió un parte de expulsión durante cuatro meses por increpar a una empleada. Sin embargo, lo acontecido a mediados de septiembre fue más allá de la mera disputa verbal. El trabajador que le recriminó su actitud acabó denunciando una agresión en la Comisaría Provincial. Justo después de acudir a Urgencias y salir del hospital con un parte de lesiones.
La víctima, que prefiere no revelar su identidad, relata a este periódico lo sucedido. «Salí a las 9 y estaba fuera esperándome. Me empezó a insultar: 'hijo de puta', 'cabrón'. Le llamé por su nombre y le dije que estuviese tranquilo». Tratándose de un usuario «de toda la vida», no imaginaba ni de lejos lo que estaba a punto de ocurrir.
«Se acercó a mí, me agarró y me empezó a zarandear. Estaba justo delante de los escalones de la entrada del patio, me caí y me di en la espalda». En aquel momento, el trabajador tenía el móvil a mano y llamó a un compañero para que saliese a ayudarle. De repente, nada más incorporarse, recibió un «puñetazo» totalmente inesperado.
El compañero salió en ese preciso instante e intentó evitar que la agresión fuese a más. De lo contrario, es posible que hubiese continuado porque «estaba como un energúmeno». Una vez contenido el ataque, trataron de retenerle pero «no quiso». Al poco tiempo, la Policía ya le había localizado. Finalmente, «le tomaron los datos pero no llegaron a detenerle».
La radiografía incluida en el parte de lesiones reveló «contusiones en la espalda». El trabajador también presentaba «arañazos en el pecho». De hecho, asegura que el anciano le «rompió la camiseta aunque luego dijo que me la había roto yo». Aun con todo, al día siguiente acudió al cívico, con el susto todavía en el cuerpo, dispuesto a cumplir con su jornada laboral.
El dolor de espalda, relativamente soportable al principio, se fue agravando con el paso de los días. Esa misma semana, acudió a la mutua y empezó con la rehabilitación. Sin embargo, a partir del viernes le resultaba «imposible dormir» y no dejaba de pensar en la agresión. Desde entonces, le cuesta evitar la sensación de que «alguien me sigue» cada vez que sale a la calle.
De baja y con rehabilitación, este empleado se ha visto obligado a recibir asistencia psicológica. En su primera sesión, recibió una serie de pautas para vencer paulatinamente el miedo e intentar «salir de casa». Según reconoce, «nunca he vivido una situación así aunque encontronazos siempre hay». Pero no solo en San Agustín. La sensación de «inseguridad», asegura, se extiende en mayor o menor medida a todos los centros cívicos de la ciudad.
El problema, la cuestión de fondo, reside en la total ausencia de personal de seguridad. Antaño había un vigilante que «hacía rondas por los cívicos todos los días y si tenías algún problema le llamabas». Aunque no estuviese allí, podía presentarse en «10 minutos» para poner orden. Después, la apertura de La Estación de la Ciencia y la Tecnología propició el traslado de ese profesional a dicho emplazamiento. En exclusiva y sin posibilidad de contar con él. En caso de conflicto, «nos dicen que llamemos a la Policía Local».
«Cada día es peor», corrobora otro trabajador de un centro cívico de la capital burgalesa en referencia a las «faltas de respeto» por parte de determinados usuarios, desde jóvenes que lo mismo «fuman en los baños» hasta padres que «se encaran si les recriminas el comportamiento de sus hijos». Por si fuera poco, subraya que «las condiciones laborales son nefastas». En este sentido, señala que en el nuevo pliego «se sube el sueldo pero nos bajan las horas». Y aunque «desde el Ayuntamiento todo son muy buenas palabras, a la hora de la verdad luego no se hace nada».
Volviendo al tema de la agresión, la víctima tiene constancia de que «este hombre tiene de nuevo prohibida la entrada». No ha vuelto a dejarse ver, según le han comentado sus compañeros, aunque desconoce si ya le ha llegado la notificación. En cualquier caso, lo único que espera es que «le expulsen de por vida».
Según ha podido saber este diario, en los últimos días se han registrado varios altercados leves en el cívico de San Agustín. Ninguno hasta el punto de desembocar en agresión, pero sí con intervención policial de manera puntual. Por todo ello, los trabajadores solicitan encarecidamente que se recupere el servicio de seguridad privada para evitar incidentes; ya sean aparentemente nimios o graves como el del mes pasado.