Del tatami al papel. 'Luna karateka', el cuento burgalés para descubrir este arte marcial y sus valores
César Martín, subdirector y profesor del mítico gimnasio Ananko, publica ‘Luna karateka. La niña nueva del dojo’.El gimnasio celebra este 2026 su cuarenta aniversario. Desde hace unos años utiliza la disciplina positiva como base de la enseñanza de este arte marcial

César Martín muestra su cuento rodeado de alumnos.
El gimnasio Ananko cumple cuarenta años de historia y lo hace convertido en mucho más que un centro de artes marciales. Concebido como un proyecto familiar, este dojo mantiene viva una filosofía donde el deporte convive en perfecta sintonía con el afecto, la pedagogía emocional y el respeto mutuo.
Al frente de este espacio se encuentra César Martín, quien encarna la segunda generación de un proyecto fundado por su padre, encargado actualmente de las clases de los adultos, gestionado a nivel administrativo por su hermana, impulsado por él mismo en la formación de los menores y respaldado ahora también por su sobrina. «Aquí, el objetivo sigue siendo intentar crear una auténtica familia en torno a las artes marciales», apunta César.
La trayectoria del propio César está profundamente ligada a esta disciplina desde la infancia. «El karate ha sido la herramienta vital con la que he crecido» y con la que hoy ayuda a los más pequeños, entendiendo que «cada alumno llega al tatami con sus propias fortalezas y necesidades específicas».
Su forma de enseñar las artes marciales cambió cuando fue padre. Esa experiencia vital «me impulsó a buscar nuevas formas de enseñar» y así «descubrí la disciplina positiva, un enfoque global para entender la infancia, las relaciones y el mundo en general», señala Martín.

César muestra el cuento a algunos alumnos.
Desde la disciplina positiva
Este cambio de mirada se materializó hace unos años en una decisión tan valiente como coherente con su forma de entender la infancia y la educación. «Abandonamos el circuito de competiciones y aunque hubo familias que no lo entendieron, la inmensa mayoría aceptó esta decisión y se quedó con nosotros», recuerda.
Y es que para Martín, «competir y compararse constantemente con los demás va en la dirección contraria al aprendizaje de un deporte y a la cooperación que requiere». Pero también asume que «en el ámbito de las artes marciales, al igual que en muchos otros deportes, desaprender los viejos hábitos cuesta».
El karateka lamenta que, «en muchos casos, en la formación deportiva actual escasee la pedagogía» y es que «a menudo no se enseña a enseñar adecuadamente, y se olvida que los gritos jamás van a motivar a un alumno». En su lugar, en el dojo del Ananko se aplica la disciplina positiva, centrada en «la amabilidad, la mirada de respeto y el cuidado de los detalles desde el mismo instante en que se cruza la puerta».
En el tatami, César cada día pregunta a sus alumnos cómo se encuentran para que «se sientan verdaderamente vistos y escuchados». Ellos eligen cómo saludar y participan activamente en la dinámica de la clase. «Son los propios niños quienes asumen normas que ellos mismos han ayudado a escribir y se responsabilizan de tareas diarias como pasar lista o liderar el calentamiento. Además han creado su propio rincón de la calma», apunta el burgalés.
Esta metodología brilla especialmente en las etapas más delicadas, como en la preadolescencia. «Entre los 12 y los 13 años muchos de ellos se sienten ninguneados o penalizados por sus errores y rara vez escuchados». En Ananko «aprendemos de los errores, aquí no hay exámenes convencionales al uso, pero sí se evalúa el nivel real de cada cual respetando sus propios ritmos».

Detalle de la portada del cuento.
Al papel
El pequeño es amante de la lectura y de colecciones como Ana Kadabra y César buscaba un formato literario que encontrara «el equilibrio perfecto entre la narrativa y las enseñanzas vitales» y que «además me permitiera rendir un sincero tributo a los niños que han pasado por este dojo».
La obra, de 112 páginas y recomendada para lectores de entre 7 y 12 años, narra las vivencias de Luna, una niña que se incorpora por primera vez al dojo. «El cuento recoge todos esos sentimientos, dudas y miedos que surgen al empezar un deporte de cero, en este caso en el karate», explica César.
Lejos de pretender impartir lecciones magistrales, el cuento «refleja experiencias reales de los alumnos y transmite vivencias cotidianas del tatami como la ejecución de su primer kata o de una meditación y la disciplina positiva es el trasfondo de una historia en la que muchos se verán representados».

César muestra el cuento junto a algunos de sus alumnos.
Emociones y miedos
El cuento ya puede encontrarse en librerías locales como La Llave, Mar de hojas, Música y Deportes, Dina4, o Arrecife, entre otras. y «en diversos gimnasios amigos de toda España». Además estará tanto en formato físico como en digital a través de Amazon, pero Martín apunta que «quienes se acerquen a comprarlo al Ananko tendrán alguna sorpresa extra».
Con 'Luna karateka', Martín ha conseguido trasladar su forma de enseñar al papel, regalando a los niños un espejo donde verse reflejados y recordando que mientras existan espacios donde el respeto y la amabilidad sean la base, la infancia se sentirá escuchada.