Dormir en un antiguo molino de Burgos que conserva las muelas en el salón
El Molino de Luna, a las afueras de Soncillo, conserva en la planta baja parte de su pasado harinero tras convertirse en alojamiento rural

Exterior del Molino de Luna, un antiguo molino convertido en alojamiento rural a las afueras de Soncillo (Burgos)
En el salón del Molino de Luna se conservan las piedras con las que se trituraba el grano. Las muelas quedaron incorporadas a la estancia común cuando el antiguo molino harinero se convirtió en alojamiento rural. El edificio se encuentra a unos 500 metros de Soncillo, en un valle de Las Merindades por el que discurre el arroyo de La Gándara.
La distribución actual del inmueble ayuda a entender el cambio de uso. El salón comparte la planta baja con la cocina y el comedor, mientras que las habitaciones se reparten entre los dos pisos superiores. En la parte baja han quedado a la vista las piezas que permiten reconocer el oficio al que estuvo dedicado el edificio.
Cómo se molía el grano
En un molino harinero tradicional, las muelas trabajaban por parejas. La de abajo, llamada solera, permanecía fija. La superior, conocida como volandera, giraba sobre ella. El grano entraba por una abertura central y se desplazaba entre las dos superficies. A medida que avanzaba hacia el borde, la presión y el roce de las piedras lo reducían a harina.
En los molinos hidráulicos, el agua hacía girar una rueda y un eje transmitía ese movimiento a la muela superior. Las estrías talladas en la piedra intervenían en la molienda y facilitaban el desplazamiento del cereal hacia el exterior. Con el uso se desgastaban. Parte del oficio del molinero consistía en volver a picar esas hendiduras para que las piedras siguieran trabajando bien.
La piedra que giraba exigía un mantenimiento distinto al de la que permanecía fija. Para trabajar sobre su cara de molienda, había que levantarla y darle la vuelta. En algunos molinos se utilizaba una cabría, un dispositivo que permitía mover la muela y dejar al descubierto la superficie estriada. Una vez reparadas las ranuras, la piedra volvía a colocarse sobre la solera. Ese trabajo explica por qué las muelas, además de ser las piezas que trituraban el cereal, eran también las que exigían parte del mantenimiento más laborioso.
El molino junto al arroyo de La Gándara
El Molino de Luna queda fuera del casco urbano de Soncillo, cabecera del municipio del Valle de Valdebezana. En el pueblo, el Ayuntamiento se encuentra en la plaza de Carlos II y la iglesia está dedicada a San Cosme y San Damián. El antiguo molino ocupa otro punto del valle, junto al curso de agua del que dependía su actividad.
La Gándara aparece también en otro enclave del municipio. En Villabáscones de Bezana, cerca del límite con la Merindad de Valdeporres, sus aguas descienden por los saltos escalonados de Las Pisas. Allí el arroyo atraviesa un bosque de hayas, robles, avellanos y acebos. En las inmediaciones de Soncillo, ese mismo curso de agua tuvo un papel en el trabajo del valle al proporcionar la fuerza que necesitaba la molienda.
La conversión del molino en alojamiento incorporó las muelas a una estancia de uso cotidiano. Las piedras permiten seguir el último tramo de un proceso que empezaba fuera del edificio, en el arroyo, y terminaba dentro, entre la superficie fija de la solera y la piedra que giraba sobre ella. Ahí es donde el grano se convertía en harina.

Salón del Molino de Luna, con muros de piedra y vigas de madera a la vista.
Una base a las afueras de Soncillo
Desde el pueblo se puede preparar una escapada por el norte de Burgos y escoger las paradas según el tiempo del que se disponga. Para una primera visita, la cercanía del casco urbano permite separar el rato dedicado a conocer el pueblo del que se quiere pasar en el alojamiento, sin que ambos planes exijan un desplazamiento largo.
Uno de los recorridos de naturaleza que se pueden valorar en esta zona de Las Merindades es el de Las Pisas, un paisaje de bosque y agua. Antes de incorporarlo al viaje, revisa el punto de partida y el estado del camino. El plan en el valle cambia con la estación y con la lluvia de los días anteriores. Si el tiempo no acompaña, la visita al pueblo y una estancia más pausada en el molino permiten ajustar la escapada.