Los montes burebanos tienen un alto riesgo de incendios
La lluvia ha cubierto el suelo de restos vegetales a lo que se añade la abundante vegetación baja y el estado de los caminos

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G. GONZÁLEZ / Briviesca
El efecto de las lluvias ha aumentado el nivel de humedad de los suelos en los montes y masas forestales lo que ha determinado una desmesurada proliferación de la vegetación. Esto preocupa enormemente a los servicios de extinción de incendios ya que toda esta masa vegetal, una vez se seque en las próximas semanas, será un riesgo añadido para la propagación del fuego.
Cabe destacar que si bien en pasados años esta presencia de maleza era abundante su desarrollo era más espaciado pero en este año prácticamente han brotado todas las especies de forma simultánea.
La ausencia de rumiantes que se alimentan de esas hierbas han acumulado cada año una considerable capa de materia vegetal muerta y seca muy inflamable. A este panorama, este año se han sumado las copiosas nevadas caídas que han roto muchas ramas e incluso provocado la caída de árboles.
También resulta extremadamente difícil acceder a estas zonas peligrosas con vehículos ya que las torrenteras han dejado prácticamente inutilizados las sendas de tierra. La suma de ambos factores, mucha masa vegetal seca y caminos impracticables, multiplica el riesgo de incendios de importancia esta campaña.
Otra de las cuestiones que señalan como fuente de preocupación es la posibilidad de que un ascenso muy rápido de las temperaturas seque en poco tiempo la maleza silvestre. Si esto se produjera, la posibilidad de que por algún motivo se inflamara la masa seca aumentaría considerablemente al llegar a la época de mayor calor ya con todo excesivamente resecado.
El preocupante panorama de futuro que indican los que luchan contra el fuego en los montes es muy real aunque en la parte positiva los incendios han disminuido de forma paulatina las últimas campañas. También la extensión quedmada ha sido muy inferior respecto a años atrás en buena medida por la eficacia del dispositivo especial de la Junta con medios materiales y humanos de acción rápida.
Pese a todo, el aumento de los aficionados a recorrer los montes trae aparejado el riesgo de que se produzca una imprudencia que acabe en un fuego forestal. Una situación concreta es la cada vez más frecuente costumbre de estacionar los vehículos en las cunetas de las carreteras secundarias o en la entrada de sendas peatonales.
El aparcar los coches sobre un suelo cubierto de altas hierbas hace que el contacto entre la vegetación y partes muy calientes del turismo, como los tubos de escape, sea como acercar una cerilla al monte. De producirse un fuego por este supuesto, no sólo se estaría ya ante un daño medioambiental sino ante una situación muy peligrosa para los excursionistas que habitualmente caminan por zonas inaccesibles a los vehículos.
Lógicamente el encender fuegos en el monte, arrojar botellas de vidrio o fumar son ya causas evidentes como desencadenantes de incendios y tienen la esperanza de que no se produzcan.
Menos preocupación les despierta la posibilidad de que en la campaña de cosecha se declaren incendios de importancia ya que los agricultores cada vez toman mas medidas de precaución. De hecho la cifra de este tipo de incendios accidentales ha descendido de forma muy notable y muchos agricultores llevan en sus tractores batefuegos para atajar los conatos con rapidez.
Históricamente, en la comarca burebana los incendios más habituales son los producidos por circunstancias fortuitas como las chispas en las inmediaciones de las vías férreas o rayos de tormentas secas.
Para los primeros, ADIF ha realizado una actuación de defoliación de las márgenes del trazado Madrid-Hendaya y en el segundo los agentes medioambientales de la Junta mantienen un estricto protocolo de actuación. De esta manera, tras ser localizada la caída de un rayo por las torres de vigilancia el agente recorre el área hasta que se confirma que no existe ningún fuego latente.