Multitudinario adiós a las dos víctimas del atropello
El silencio mostró el respeto y el dolor de los vecinos de Villarcayo que acudieron al funeral

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Villarcayo
Con cariño, con silencio y con el calor humano de cientos de vecinos se despedía ayer a las dos víctimas del atropello que tuvo lugar el pasado sábado en la localidad de Tabliega de Losa y que ha conmocionado a los habitantes de Las Merindades.
La iglesia de Santa Marina de Villarcayo y sus alrededores se sumieron en un profundo silencio cuando llegaron los coches fúnebres que portaban los restos de Sofía, una niña de ocho años, y de Rosa Ana, su tía de 32.
La vida en esta localidad casi se paralizaba a la hora del funeral, las 17.00. Los agentes de la Policía Local y de la Guardia Civil cortaron al tráfico la plaza de Santa Marina y las calles aledañas con el fin de permitir que cientos de vecinos tanto de Villarcayo como de Medina de Pomar pudieran acompañar a las familias en esta dura despedida. El párroco de Santa Marina recibió los dos féretros y rezó una oración por las almas de las víctimas a las puertas de la iglesia. Además de sus palabras, lo único que se podía escuchar era el silencio, reflejo del profundo dolor de tener que decir adiós a dos personas tan jóvenes.
En el interior de la iglesia, que se quedó pequeña, el párroco transmitió a las familias el cariño de todos los presentes. Recordó que hace apenas dos días era un día de fiesta para Sofía y Rosa Ana ya que la pequeña iba a celebrar su Primera Comunión acompañada por sus familiares. En sus palabras, pidió que pudieran celebrar su primera y última Eucaristía con el señor.
«Me han arrancado la paz y ni me acuerdo de la dicha; me digo: Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor». Con estas palabras se iniciaba una de las lecturas de la misa funeral y, a ellas, se refirió en varias ocasiones el párroco para acercarse a la realidad que están viviendo las familias que se han quedado sin paz a causa de estas muertes tan repentinas. «Despedir a dos personas tan jóvenes nos hace tener sentimientos de fracaso en esta vida», aseguraba durante la homilía.
Decenas de personas aguardaron a las puertas de la iglesia a que concluyera el funeral. Unos tímidos pero calurosos aplausos se escucharon al finalizar la misa. Después otra vez el silencio, para mostrar respeto ante las escenas de dolor de los familiares y para ver partir los féretros hacia dos cementerios distintos donde descansaran los restos mortales de Sofía, en Medina de Pomar, y de Rosa Ana, en Horna (Villarcayo).