Despedida a Julián Simón Romanillos
Cuando las notas de la Internacional suenan más tristes que nunca
Miranda despidió ayer a su alcalde Julián Simón Romanillos en un acto civil

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J. C. R. / MirandaLa notas que el saxofonista arrancó ayer de la partitura de Pierre Chrétien Degeyter, autor de la Internacional, sonaron más tristes que nunca en la despedida de Julián Simón Romanillos en el cementerio viejo de Miranda. «Genial, divertido y malicioso; admirable, activo, exigente y amigo de sus amigos; irónico, consentidor y entregado». Son sólo algunos de los calificativos con los que Juan José Laborda, el compañero del alma en los tiempos difíciles de la recomposición democrática definió al fallecido en la despedida celebrada ayer.Porque Julián Simón Romanillos era el abuelo «inolvidable», el compañero «amigo de sus amigos y apreciado por todos»; porque para todos los ciudadanos, del color político que sean, «Julián ha sido y es un hombre de vigencia moral».Por su parte, el alcalde de Miranda, Fernando Campo, hizo retroceder el eterno reloj del tiempo para retrotraerse a su etapa de estudiante en la que Simón Romanillos era profesor del Fray Pedro de Urbina y Campo era su alumno. «Era el ‘hueso’», reconoció.Unas 150 personas se reunieron en el Tanatorio de Miranda para despedir a Simón Romanillos, en un acto civil muy emotivo y sencillo. Las muestras de cariño hacia los hijos y nietos del fallecido se multiplicaron en este acto al que asistieron políticos de todos los colores. Desde los fieles del PSOE hasta compañeros de Corporación de los diferentes partidos de los últimos años y dirigentes regionales de la formación que compartieron con Julián Simón, hijo, responsabilidades políticas. Julián Simón Romanillos fue sin duda el alcalde que modernizó la ciudad de Miranda en los años 80 y 90. De sus mandatos son las realizaciones más importantes de la ciudad como la desaparición del trazado del ferrocarril a su paso por la urbe y la construcción de una de las grandes avenidas de la ciudad, como la Ronda del Ferrocarril u otras obras de modernización como el parque Antonio de Cabezón que constituye la mejor zona verde de todo el entorno mirandés.No se pueden olvidar otras obras de calado y que supusieron un avance en la ciudad como el polideportivo de Anduva o la flamante Casa de la Cultura que engrandecieron el deporte y el mundo de las artes y las letras de Miranda. Y su labor social en Miranda también fue reconocida ya que en su mandato entre 1983 y 1994 se construyeron en la ciudad 1.400 viviendas sociales para las clases más desfavoridas.Además impulso de manera muy decidida ca la construcción del Hospital Santiago Apóstol y su mejora.La ciudad, de honda historia obrera, confió en Romanillos el gobierno municipal en dos periodos, el primero el ya reseñado, los tres mandatos de cuatro años cada uno que van entre 1983 y 1994; posteriormente, con el apoyo de IU e Incide, de 2002 a 2003.Sus más cercanos, su propia familia con su hijo, el senador Julián Simón de la Torre, sus amigos de siempre y delfines en la etapa de su mandato como Valentín Terrazas, su jefe de prensa y confidente; o su brazo derecho y actual alcalde, Fernando Campo, son fieles relatores de lo que fue su vida: «Una entrega a una ciudad, a unas ideas y a un proyecto». Ellos mismos le definen como «un hombre de carácter».En el acto estuvieron, entre otros, el secretario regional del PSOE, Óscar López; el delegado del Gobierno, Miguel Alejo; el secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado; el secretario provincial, José María Jiménez, la subdelegada, Berta Tricio; e históricos del PSOE como Laborda, Federico Sanz; Armando Robredo o Gerardo Triana, entre otros; y militantes como María del Mar Arnáiz, Luis Briones; Esther Peña;Azmara Vila; Luis Tudanca; Fernando Benito y Leonisa Ull entre otros. «El mejor alcalde»