Los Amigos de Santa Casilda retoman la plantación de nogales

El buen resultado de la campaña de apadrinamiento de árboles ha sido clave

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Burgos

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G. GONZÁLEZ / Briviesca

La asociación de Amigos de Santa Casilda lleva desde sus inicios una política activa de repoblación de árboles y plantas en el entorno del santuario para recuperar zonas deforestadas. En el año 2008 el colectivo dio un formato singular a esta repoblación arbórea con la puesta en marcha de una campaña para el apadrinamiento de árboles frutales.

Esta iniciativa se vinculó a la recuperación de la antigua costumbre de las familias burebanas de ser titulares de un árbol de fruto seco siendo elegido el nogal para esta campaña.

Así, cada árbol apadrinado contaba con un número que permitía su localización recibiendo los 'padrinos' un documento en el que se recogían los derechos sobre los frutos del nogal.

Además del incremento de masa forestal en la zona, se perseguía crear un 'vínculo' entre las familias y el árbol animando a celebrar reuniones familiares en el entorno del santuario recuperando la vieja costumbre de las comidas campestres de fin de semana.

Igualmente, los más jóvenes conocerían las técnicas de recolección de las nueces de una forma personal contribuyendo a que respeten más los árboles en general.

El éxito de la iniciativa permitió que todos los nogales plantados en aquella ocasión contaran con 'padrinos' y al disponer de más terreno junto a la primera plantación se ha retomado la replantación.

Así, en la zona que habitualmente se utiliza de estacionamiento por los que acuden a la campa las plantaciones ya se extienden en todo el área. Lógicamente, la intención es que una vez desarrollados los nogales estos ofrezcan una zona sombreada para el verano por lo que la distancia y distribución de los árboles crean amplias 'calles' para los turismos. Igualmente, esta zona en un futuro puede ser una prolongación de la actual campa donde se celebran múltiples encuentros familiares y romerías de diverso pueblos burebanos.

La relación cercana entre los briviescanos y los árboles así como su cuidado cuenta con una larga tradición popular que esta iniciativa intenta recuperar.

A principios del siglo pasado era costumbre que los niños de la ciudad celebraran el Día del Árbol acudiendo a la conocida como Cuesta del Rosario para plantar su pino.

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Este sencillo acto lograba que desde la infancia se sintiera una especial vinculación con el entorno natural lo que evitaba los actos de vandalismo que sufren numerosos árboles recién plantados.