Un libro desgrana la historia menos conocida de Arroyuelo
Su autor, Roberto Alonso, ha investigado en varios archivos y en el Catastro de Ensenada

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J. C. R. / Burgos
Roberto Alonso Tajadura es un apasionado de la vida rural. Sus raíces están en Arroyuelo, una pedanía de Trespaderne, a 80 kilómetros de la capital. Una villa que nació al amparo de la Abadía de San Salvador de Oña, que celebra este año el milenario de su nacimiento, y razón por la que ha querido sacar a la luz este ejemplar en el que recorre la historia de una villa «típica castellana» con sus avatares históricos y populares.
El autor ha querido «hacer un reconocimiento» a la vida que los vecinos llevaban en el pueblo y «valorizar» aquella forma de convivir que en un tiempo «era extendido» por toda Castilla y que ahora ha entrado en «franca decadencia o extinción», explica Alonso.
En la fundación de la Abadía de San Salvador intervienen «muchos factores», algunos de los cuales Alonso recoge en su libro Arroyuelo... Estos son «la donación de villas y lugares para la constitución del monasterio» en el que el Conde Don Sancho y su esposa doña Urraca quisieron recluir a su hija Triglidia.
Es el momento en el que Arroyuelo «eclosiona, entra en la historia», explica Alonso, y se constituye como un pequeño lugar de referencia, como el resto de las anexiones.
La idea de Alonso es «rescatar del olvido a un pueblo que ha tenido mucha historia detrás» y que no todo el mundo conoce. Para ello ha investigado en varios archivos «de una manera integral»; así, ha visitado el Histórico Provincial, el Diocesano, el de la Diputación de Burgos y el Catastro de Ensenada. Este último es «un filón» para este tipo de investigaciones ya que proporciona una «detalladísima» información de los vecinos, «más que la que podemos obtener de los habitantes de Burgos ahora mismo», detalla. «Vecinos, sus nombres, sus posesiones, lugares de residencia, casas, su economía, la fiscalidad...» una enorme «fuente de información» para la época. Es el Catastro de Ensenada el que le permitió a Alonso «bucear en el pasado» de la villa de Arroyuelo.
Alonso empezó a trabajar sobre el libro hace más de dos años. Su idea primitiva era hacer un texto «sobre las Merindades», pero a la vista de tanta información, cambió la concepción originaria y centro aún más el trabajo de investigación en su pueblo.
Arroyuelo era una aldea pequeña que «nunca superó los 300 habitantes», subraya, aunque en el siglo XVI «tenía más pobladores que Trespaderne».
Pertenecía a una de las siete Merindades de Castilla la Vieja, la de Cuesta Urria, y luego se desgajó en el siglo XVIII por una serie de conflictos entre pueblos por la capitalidad del valle. Y las luchas por anexionar terrenos entre la propia Abadía condal, el Duque de Frías o los Velasco, una familia poderosa en el norte de Burgos.
De hecho, Cuesta Urria quedaba en la mitad de un triángulo formado por Briviesca, Frías y Medina de Pomar. Todo ello generó numerosos pleitos, como el de los Cien Testigos, «que sólo por el número indica la importancia que tuvo», apunta Alonso.
El libro apunta datos que los vecinos desconocen, como el saqueo en 1521 cuando Arroyuelo participó en las revueltas comuneras y otros que la documentación recogida por Alonso aporta, con gráficos y otros materiales informativos. Una historia que abarca desde la fundación de la villa hasta el siglo XX.
Judería
Una característica, común en lugares más grandes, es la presencia en Arroyuelo de una judería. La prosperidad de la tierra y el comercio hicieron que se creara un asentamiento en la villa. La comunidad hebrea pervivió en Arroyuelo hasta 1492 y dio pie a «mucho movimiento comercial». Es más, la memoria colectiva aún recuerda el arrabal como ‘la judería’.