Un accidente por alcance en la N-I vuelve a colapsar el tráfico
La colisión por alcance en la retención por las obras a la altura de Cameno causó colas kilométricas en ambos sentidos y soliviantó a los transportistas

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GERARDO GONZÁLEZ / Briviesca
El segundo accidente ocurrido en las inmediaciones de las obras de asfaltado de la N-I ha dejado un saldo de un herido de cierta gravedad. Según los datos recogidos en el lugar del siniestro este se produjo sobre las 13 horas a la altura del kilómetro 282, término municipal de Cameno, cuando un camión impactó por alcance con una autocaravana.
El fuerte impacto destrozó la parte lateral derecha de la autocaravana y el lado izquierdo del pesado que quedo semivolcado en la cuneta sentido Miranda.
Los datos disponibles señalan que el accidente se produjo al reducir la velocidad la caravana al llegar a la retención por obras no logrando frenar a tiempo el vehículo pesado.
En este siniestro, el que salió peor parado fue el chofer del camión al sufrir el impacto justo a la altura del puesto de conducción que quedó muy dañada.
El conductor del camión fue atendido por el personal sanitario de la ambulancia de Soporte Vital Básico de Briviesca, siendo trasladado posteriormente a un centro sanitario para evaluar las heridas que presentaba.
Al lugar del siniestro acudieron numerosos efectivos de la Benemérita dada la complicada situación creada al estar cerrado durante varios kilómetros el carril sentido Miranda por las obras.
Pese a la ágil reacción de los agentes, del servicio de mantenimiento de la N-I y de las grúas, la circulación no pudo normalizarse hasta pasados más de tres cuartos de hora.
Esta circunstancia a la que se añadió la ralentización del tráfico por las obras causó retenciones en ambos sentidos que superaban los dos kilómetros en ambos sentidos.
Este cúmulo de circunstancias logró acabar con la paciencia de muchos de los camioneros atrapados, optando los más afortunados por darse la vuelta en el crítico cruce de El Vallés para acceder a la AP-1.
Los atrapados fueron muy explícitos en sus opiniones sobre lo que les suponía el recorrer apenas cinco kilómetros en una hora por la carretera nacional. Recordaban que su tiempo de conducción esta férreamente fijado por los tacógrafos y que las paradas o ralentizaciones les causan graves perjuicios en su trabajo.
La mayoría afirmaban que las demoras por las obras rondaban los quince minutos y entendía que resultaban inevitables para poder contar con una carretera en buenas condiciones. No obstante, se quejaban de que siempre repercutiera en ellos.
La posibilidad de utilizar la AP-1 para evitar la pérdida de tiempo era descartada por muchos afectados que afirmaban que en el actual estado del sector el sumar el coste del peaje les resultaba muy oneroso.
Esto en el caso de los que pueden utilizar la autopista ya que los que realizan transporte especial, con destinos accesibles desde otras carreteras nacionales o intercomarcales no cuentan con esta posibilidad salvo a costa de dar grandes rodeos.
Una de las reflexiones que se hacían era que porque las obras de asfaltado no se programaban de acuerdo con la densidad del tráfico de la carretera que afectaría en menor medida a los trabajadores del transporte.
Indicaban además que hay días críticos, martes y miércoles principalmente, y otros, como sábado y domingo, en los que el tráfico de camiones es mucho menor y en los cuales las obras perjudicarían mucho menos.
Uno de los transportistas explicó de forma clara las consecuencias que para su trabajo tenía las pérdidas de tiempo por las obras que le alteraban los tiempos de descanso obligatorio.
Acababan de confirmarle que el retraso le impediría cargar a la hora prevista y debería aguardar más de diez horas hasta recibir un nuevo porte con lo que perdía finalmente, por el efecto dominó, una jornada completa de trabajo esta semana.