CARNAVAL EN LA PROVINCIA
Carreras y máscaras para revivir la fiesta del Gallo en Mecerreyes
La localidad burgalesa celebró ayer, como cada Domingo de Carnaval, la fiesta del Gallo. Hoy de trapo, sustituye al que se sacrificaba en la antigüedad

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M. A. DE LA CRUZ/ Mecerreyes
'El Gallo galán que por putero, va del corral al puchero'. Así cantan las coplas del Gallo en el pueblo de Mecerreyes, donde un año más, se ha representado la Corrida del Gallo. Entre el jolgorio de los centenares de personas que sin miedo al frío se han acercado a la localidad a disfrutar de esta tradición pagana, los lugareños y visitantes reviven esta fiesta recuperada en 1980 por los mozos gulletos.
Protagonista desde entonces, del Domingo de Carnaval -conocido en la localidad como 'Gordo'-, La Corrida es el acto central de la fiesta donde El Gallo es su personaje principal, un bello ejemplar colocado sobre una horquilla y engalanado para que El Rey -este año interpretado por el niño Víctor Molinero Ausín-, lo lleve durante el recorrido por las calles y plazas del pueblo.
A lo largo del paseo, en el que se realizaron siete paradas, los protagonistas estuvieron acompañados por las voces del coro que canta las Coplas del Gallo. En ellas se relata el triste fin del animal que, en la antigüedad, era finalmente ejecutado: «Ven acá gallo galán, me han dicho que eres putero, haz una declaración porque vas a morir luego».
Cuando calló el coro, los gaiteros -y siempre los hubo buenos en Mecerreyes-, interpretaron una melodía que marcó, junto al baile del grupo de danzantes, el momento de entrar a«pelar El Gallo» al Rey.
Sin embargo, más de uno se topó con El Zamarraco, personaje diabólico que con su máscara, vestidos de pieles y sonoros cencerros fue motivo de bromas y risas a la vez que causa de gran miedo.
Protector y defensor del Gallo y armado con la tarrañuela -una estaca abierta en un extremo-, fue el encargado de intentar detener a golpes, a los muchos corredores y corredoras que osaron robar El Gallo, a pesar de haber sido advertidos por los cantos: «El que entre a por El Gallo, lo que en limpio va a sacar, es un palo con la estaca y no puede reclamar».
Engaños de los mozos para despistar al Zamarraco con saltos falsos siguieron así a rápidas carreras para evitar la réplica del personaje, todas ellas jaleadas por el públicoy finalizando -tras dolorosas caídas- con el ritual del sacrificio del gallo, hoy de trapo, en que la fiesta es hoy protagonista dejando atrás sangrientos y ancestrales ritos paganos.