El Correo de Burgos

TROTABURGOS / Hoz y Tartalés de los Montes

El paso artificial entre Valle de Valdivielso y la Horadada

La cascada de Tartalés y la subida desde el valle es una de las estampas más bellas del norte de la provincia de Burgos

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Burgos

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J. C. R. / BurgosLa Tesla es una frontera natural entre los valles de Valdivielso y de Castilla la Vieja. Hoz de Valdivielso y Tartalés de los Montes son dos poblaciones incrustadas en plena sierra y están comunicadas por un tortuoso camino entre peñas: un impresionante macizo rocoso que las separa.La falla que separa los dos valles sólo tiene esta hendidura natural. Otra, artificial, fue creada por manos humanas: la carretera y el túnel excavado en la roca caliza que permite su comunicación, no sin antes subir por la ‘montaña rusa’ desde el fondo del valle y hasta la cascada de Tartalés.En ese espacio, reducido lugar, la naturaleza toma partido por el monte; al agua cae a una velocidad endiablada aunque al visitante le parezca que sus moléculas se rompen con pereza. Desde las paredes verticales de la roca se precipita al vacío un pequeño arroyo que nace en las mismas cumbres de la Tesla. La vista es impresionante, como lo es el silencio de los montes sólo roto por el canturrear doliente del agua al romperse contra las rocas.Abajo, en el valle, duerme Hoz de Valdivielso acunada por el ronroneo machacante del Ebro; arriba, en la cumbre, Tartalés de los Montes se muere. Pero es una muerte dulcificada por el paso de caminos de tierra que llevan a Hoz y a Tartalés de Cilla, cuatro kilómetros más abajo. La carretera es intransitable y sólo el caminante o el ciclista atrevido es capaz de descender hasta los restos rupestres de un eremitorio altomedieval y la cueva de los Portugueses, antes de llegar a la también cuasi despoblada Tartalés de Cilla.Unos kilómetros más abajo y por una estrecha carretera se llega a Trespaderne entre un exuberante hayedo salpicado por robles y pinos en su parte más alta. El desfiladero de la Horadada discurre por la parte más baja de la montaña.En el otro lado de la montaña está el Valle de ValdivielsoUna buena excusa para acudir a esta zona de la provincia es su naturaleza, pero también su arte, en especial el románico. Templos como los de Valdenoceda, El Almiñé, la ermita de la Hoz y por encima de todos, San Pedro de Tejada, una autentica joya de este arte o las torres medievales de Valdenoceda y Quintana.

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