TrotaBurgos / Valle de Valdebezana
El último valle burgalés de camino hacia tierras cántabras
Soncillo es la capital administrativa del valle y el centro de la carne de potro

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ANA DE LA FUENTE / Burgos
Al este de la comarca burgalesa de las Merindades, nos encontramos con el Valle de Valdebezana. Debido a su ubicación en un lugar tan estratégico como privilegiado, acompañado de verdes praderas, rodeado por la sierra del Escudo y regado por las aguas del embalse de Arija, este territorio, en el que habitan algo más de 800 personas repartidas en veintiséis pueblos y entidades locales menores, ha bailado de manos cántabras a castellanas desde sus raíces.
Según su historia, este valle estuvo dominado por tribus cántabras de origen celta como los Autrigones, los Caristios y los Várdulos, que vivían pacíficamente en conexión con las montañas y el campo. Pero esta paz se vio alterada con la invasión romana, y durante diez años estos parajes fueron el escenario de continuas escaramuzas entre cántabros y las legiones romanas, que incluso obligaron a venir al propio Augusto.
Aunque no todo el Valle de Valdebezana fue romanizado, algunos núcleos poblacionales sí que tienen huellas romanas como Virtus, en cuya colina se fundó un castro romano que tiempo después, a finales del siglo XIV, fue aprovechado por la familia de los Porras construyendo en este lugar un castillo.
Durante 25 años, en los siglos VII y IX, este valle perteneció al reino de Navarra. Pero sus orígenes seguían siendo cántabros, por ello en 1838, tras ser integrados definitivamente a la provincia de Burgos, cuenta su historia que estos pequeños municipios seguidos por las primeros asentamientos de los foramontanos, enviaron cartas de disconformidad tanto a Santander, como al Congreso y a la propia Reina, pidiendo que este territorio volviese a formar parte de la comunidad de Cantabria.