El Correo de Burgos

AGROALIMENTACIÓN

Tomate mirandés: una joya a orillas del Ebro

Co-Marca Mirandesa estudia desarrollar una marca de garantía a la vez que inicia su comercialización

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Burgos

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E.  MALDONADO / Miranda

Si alguien pregunta en Miranda cuál es la joya de la huerta local la respuesta de cualquier mirandés no se hará esperar: «El tomate de Miranda, es único». Pero sus cualidades excepcionales, ¿se conocen fuera de la ciudad? Con peculiaridades que lo convierten efectivamente en único, busca ahora su hueco en el mercado exterior, a través del grupo Co-Marca Mirandesa que se encuentra inmerso en recoger los últimos frutos de sus huertas en un año «un poco tardío para la producción», según señala uno de sus impulsores, Koldo Madariaga.

La idea del proyecto es poner en el mapa el tomate de Miranda y que «dentro de diez años sea medianamente conocido en el país», para lo que seguirán trabajando por aumentar la producción, sin perder la calidad, bandera de este producto. Y es que afirman que «nosotros mismos, cuando iniciamos este proyecto no sabíamos si por ser de Miranda el cariño que tenemos a nuestro tomate es irreal», confiesa. «Pero no, estamos abriendo mercado en Vitoria, en Burgos o en Bilbao y todo el mundo se sorprende de la calidad que tiene», afirma Madariaga.

La pretensión de este colectivo es desarrollar una figura de calidad, una marca de garantía que regule las diferentes variedades existentes, los marcos de plantación, el calibrado que marque unos mínimos de tamaños, o el PH, «para que cuando hablemos de tomate de Miranda dé igual quién lo esté comercializando ya que responderá a unos estándares parecidos».

También conservas

La producción ha comenzado este año con las 6.000 primeras plantas de tomate ubicadas en El Espino y Bozoo, «lo que no deja de ser un número simbólico, pero está bien para empezar». Además de comercializar el fruto, «para ser lo más atractivos posibles estamos haciendo conserva, que ahora está en proceso de certificación, pero que a final de año quizá pueda estar en el mercado» de productos derivados del tomate como pueden ser tomate frito, triturado, piperrada, o salmorejo.

Y es que sus promotores indican que lo mejor de este proyecto es que «está abierto a todo el mundo», por lo que están invitando a pequeños hortelanos o empresas del sector agrícola a que trabajen con ellos, buscando aliados para afrontar mercados donde la exigencia de producción es elevada.

«Necesitamos unos mínimos competitivos junto a otros productores que puedan aportar su producción para que podamos expandirnos». En este sentido, animan a la participación poniéndose como ejemplo al explicar que «si empezó siendo un proyecto ilusionante, después de haber vivido un año con clientes, proveedores, conocedores del sector, aún lo es más».

Peculiaridades

Las condiciones climáticas y geográficas de Miranda potencian el producto. Por un lado, la Ribera del Ebro es sinónimo de riqueza hortícola y por otro, la cadena montañosa de los Montes Obarenes provoca un microclima óptimo para el cultivo del tomate.

El tomate es una hortaliza básica en la dieta mediterránea, tanto en crudo como en salsa, incluido en esas recetas de siempre, que pasan por herencia de madres a hijas, sucesivamente.

Y esa es la idea de Tomartesano, conservar los aromas y sabores genuinos del tomate de siempre. La fina piel que lo protege y una textura muy carnosa, convierten a la variedad autóctona mirandesa en un icono gastronómico.

Pero también es importante el modo de cultivo, manteniendo la tradición y recolectando el tomate en el punto óptimo de maduración que consiguen que el tomate mirandés «huela a tomate y sepa a tomate», consiguiendo que las conservas, también 100% artesanales, permitan disfrutar de este producto todo el año», destaca. Añade que se alejan de mecanismos industriales muy productivos -como invernaderos-, pero que sin embargo, aceleran el ciclo de desarrollo de la planta endureciendo la piel haciendo que pierda carnosidad.

Unido a la industria

En Miranda, la historia del tomate ha ido ligada a la de la expansión industrial, en la que grandes empresas como la azucarera, la papelera o la actividad ferroviaria trazaron un sistema urbanístico destinado a facilitar viviendas a sus trabajadores, quienes poblaron pequeños barrios con parcela de terreno y vivienda, lo que motivó el nacimiento de una cultura de huerta.

«Una conclusión a la que hemos llegado es que ese desarrollo urbanístico hizo que la gente conviviese con la huerta a diario, de la que hoy estamos recogiendo sus frutos».

Así, estos polígonos urbanos de construcción horizontal, dieron prolongación a huertas ya existentes de los vecinos de la Parte Vieja de Miranda. Fueron de esta forma, el embrión de lo que hoy entendemos por tradición hortícola.

El trabajo de tres generaciones que hoy aporta al tomate mirandés una genética singular que hace de éste el rey de la huerta.

Así, con la idea de potenciar su producción, Co-Marca Mirandesa quiere desarrollar la comercialización del tomate de Miranda, esas «dos o tres variedades autóctonas que dan un tomate un poco más grande con una forma de tomate, más rosáceo, muy sabroso y entreverado», en la pretensión de que, «en tiempos de cambio, si Miranda siempre ha sido una ciudad industrial, por qué ahora no va a poder distinguirse por sus productos hortícolas», señala Madariaga.

En este sentido, Co-Marca juega una baza importante, la de la ubicación logística de Miranda, en la que «en un radio de 120 km. tenemos una población de 3 millones de habitantes. Si un buen producto puede llegar en una hora a boca de tanta gente, es una buena oportunidad de negocio».

Además, Co-Marca Mirandesa apuesta por un producto de calidad, a raíz de la tendencia que se está instaurando -pese a la crisis- de consumir productos sanos, del territorio cercano y con calidad suficiente, fomentando a la vez la cultura del buen comer. «Porque entendemos que no todo vale, y aunque está muy bien tener tomate todo el año, en esta época podemos tener tomate de verdad y disfrutarlo en nuestra mesa».

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