El Correo de Burgos

RECONOCIMIENTO

Mati Solana: «Yo doy el alma, me dejo la piel con cada cliente»

La joyera mirandesa recibió este viernes el premio Ademe a la Excelencia empresarial

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Burgos

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ESTEFANÍA MALDONADO / Miranda

La Asociación de Mujeres Empresarias de Miranda y Comarca (Ademe) celebró el viernes la sexta edición de los premios ‘Mujer Empresaria del Medio Rural’. Entre las cuatro premiadas este año, estuvo la mirandesa Mati Solana de Relojería-Joyería Tito, en la categoría de ‘Excelencia empresarial’, que recibió un diploma y una estatuilla con la forma de una mujer, emblema de la asociación en reconocimiento de su trayectoria de más de cuarenta años al frente de su establecimiento. A pesar de la reciente celebración y con los nervios de la gala aún bien presentes, la premiada no falta cono cada día a su trabajo.

Cuando la noticia del premio se conoció, llegaron los nervios. Aunque ella lo sabía «desde hace unos días», en el momento en que Ademe lo hizo público, todo el mundo quería saber cómo había reaccionado. «Me ha hecho una ilusión increíble, no tengo palabras para explicarlo. Imagínate, toda la vida trabajando y dedicada a esta profesión y al público, se recibe con muchos nervios y también alegría. Creo que es demasiado», respondía emocionada a cuantas clientas acudían a su establecimiento para darle la enhorabuena, e interesarse por la homenajeada.

Y realmente estaba nerviosa porque, como reconocía «mira que si hay algo en la vida que me encanta es hablar con la gente, pero estoy tan emocionada que no sé ni qué decir», señalaba sin dejar de sonreír. Y es que, muchas han sido las muestras de cariño durante los últimos días de personas que se han dejado caer por la joyería no sólo para adquirir algún artículo o recoger un pedido, sino para dar la enhorabuena a la premiada con un «te lo mereces, ahora sólo tienes que disfrutarlo, porque está claro que te lo has ganado», que era el argumento común a todos los comentarios.

Después de cuatro décadas tras el mostrador de su joyería, Solana considera que este premio es un eslabón más en lo que ha sido una trayectoria «muy bonita, porque es un trabajo que me encanta». Y es que para ella, la gente y el público son «mi pasión», y por eso considera que ha tenido «la suerte de poder dedicarme a algo que me gusta e intentar hacerlo lo mejor posible», aunque admite que sólo se consigue «poniendo el corazón».

Afirma que lo que más le gusta de su profesión es que es un trabajo «muy bonito», al tratarse de un negocio en el que «vendes ilusión y sonrisas», subraya. Argumenta que con las joyas, «formas parte de los momentos más bonitos de la vida de la gente: bautizos, bodas, comuniones, cumpleaños… y te hacen partícipe de esa felicidad, por lo que es un trabajo precioso; vender sorpresas y generar sonrisas compartiendo la felicidad de la gente de Miranda», menciona mientras aún le tiembla la voz por los nervios.

Cada venta lleva una historia detrás, algunas son muy bellas u originales, otras tiernas o emotivas, alguna «más rocambolesca», pero todas especiales. Cuando le piden que recuerde una, cuenta cómo, por ejemplo, «el otro día vendí un anillo de pedida a un chico y se lo llevó en la mochila hasta Vietnam para dárselo allí a su novia. Me pareció maravilloso», sonríe.

Tal vez es precisamente esa forma tan personal de entender el negocio lo que ha propiciado que, después de tantos años, conserve una clientela fiel, incluso en tiempos de crisis. Confiesa no tener palabras para agradecer a Miranda «el cariño que nos dan cada día, su fidelidad y su simpatía», por lo que asegura que lleva a la ciudad «en mi corazón y es lo que me hace seguir y funcionar cada día».

Incluso ahora, con la ciudad inmersa en un periodo de situación económica adversa, «estamos ahí aguantando y recibiendo muchas muestras de cariño», por lo que defiende que los clientes «son nuestro motor, es la razón por los que estamos aquí cada día», y no duda en darles las gracias.

Cuando se le sugiere que ‘algo habrá hecho ella’ para recibir tantas muestras de cariño, señala humildemente que es una cuestión de trato, porque «la gente viene como si estuvieran en su casa, les tratamos con mucho cariño y supongo que es lo que agradecen».

Subraya que, tanto por su parte, como por la del resto de la familia, «el cariño y el agradecimiento hacia los clientes es sincero». Y aunque reconoce que cuesta arrancar un negocio, admite que siempre ha existido ese sentimiento de cariño recíproco por la gente de Miranda de Ebro, «pero es que, desde el minuto cero -y fíjate si hace años que abrimos-, la gente se volcó con nosotros en Miranda».

Mati y su esposo Tito comenzaron «muy jovencitos ya que mi marido tenía 25 años y yo 23 cuando abrimos», recuerda. «Y desde entonces no hemos dejado de trabajar, porque a los dos nos encanta este trabajo, al igual que nuestras hijas, que también han heredado el gusto por este sector», cuenta.

Afirma desconocer el secreto para cumplir más de cuarenta años de éxito empresarial, «pero puedo decirte que yo doy el alma, me dejo la piel con cada cliente, porque  para mí es tan importante una persona que viene a comprar una correa de 6 euros, como alguien que quiera comprar un reloj de oro de 3.000», explica. «Las personas son mi debilidad y me entrego al cien por cien con cada cliente que pasa por esa puerta».

La mirada se torna nostálgica cuando confiesa que aprendió mucho de su padre, de hecho afirma parecerse mucho a él. «Tenía un carácter muy tranquilo, era una balsa de aceite y creo que yo también lo tengo», comenta, convencida de  que ese ha sido el secreto tanto en su vida personal, como profesional. Cree que «si tú te entregas, la gente al final, se da cuenta de que pones el corazón y te lo termina agradeciendo», concluye, mientras se dirige a compartir la felicidad del premio con un par de amigas que han venido hasta la tienda a darle su enhorabuena.

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