El Correo de Burgos

Las cuadrillas se lucen en el Desfile del Blusa

Miles de mirandeses salieron a la calle para disfrutar de la tradicional cita sanjuanera

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Burgos

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ESTEFANÍA MALDONADO / Miranda

Las 71 cuadrillas sanjuaneras inundaron ayer de colorido las calles centrales de la ciudad en el tradicional Desfile del Blusa que celebraba su edición XLVIII. Con algunos minutos de retraso, el paseíllo lo iniciaba, como es habitual, la cuadrilla San Juan del Monte de Burgos, seguida por El Escándalo y la Bebe y Saca, que este año cumplen el 50 aniversario de su fundación. Detrás de ellas, el Garrafón-Txurus, los 40 Principales, los Txiruka y los Gurrutxurtus, todas ellas con 25 años de trayectoria a sus espaldas.

Cada cuadrilla lo dio todo en un desfile donde el color y el calor fueron los auténticos protagonistas, en un itinerario presenciado por miles de personas a lo largo de todo el recorrido, iniciado en la calle San Agustín hasta la confluencia de calle Estación con Comuneros de Castilla.

Blusas, charangas y humor. No hacen falta más ingredientes para convertir el desfile en un acontecimiento especial, tanto para las cuadrillas, como para el público que asiste al espectáculo. Ayer, con una temperatura prácticamente veraniega, los blusas se tomaron la revancha del año pasado, cuando la lluvia deslució esta actividad.

En poco más de hora y media concluía un desfile que discurrió sin mayores contratiempos. Cuadrillas, charangas e incluso alguna batucada, animaron a propios y extraños. Tampoco faltaron los habituales disfraces y figuras humorísticas parodiando todo tipo de cuestiones, desde golfistas con sus palos y su cochecito, hasta referencias al clero, con báculo y mitra incluidos.

Y como no podía ser de otra manera por lo reciente del anuncio-, no podía faltar el rey Juan Carlos I. Un peculiar rey que tras su abdicación explicaba ayer que «por fin he podido disfrutar de las fiestas como a mí me gusta», señalaba muy en su papel.

Hoy, cita con el Santo

Después de lucirse en el desfile, los sanjuaneros no dudaron en disfrutar de las verbenas ubicadas en distintos puntos de la ciudad hasta altas horas de la madrugada ya que hoy, muy temprano, será el turno de acompañar al Santo de regreso a la gruta, y continuar las fiestas con la esperada y popular romería en La Laguna.

Horas antes, cientos de sanjuaneros habían compartido mesa en el pabellón del Ebro donde, un año más, varias cuadrillas se reunieron para comer en un espacio que ya una semana antes había empezado a escuchar las primeras notas de las charangas. El resto, se repartió por los restaurantes de la ciudad y localidades cercanas, para reponer fuerzas tras muchas horas seguidas de fiesta.

Ofrenda de flores

Después, alguno optó por ir a echar una cabezadita antes del desfile, mientras que los más fiesteros, optaron por continuar bailando, tomar un ‘digestivo’ o jugar una partida de cartas hasta el reparto de bocadillos para merendar.

Pero la mañana del domingo comenzó con las tradicionales dianas sanjuaneras amenizadas con música de charanga y dulzaina, ya que no en vano, Miranda es un cruce de caminos entre Castilla y el País Vasco. Tras una noche de fiesta, fueron muchos los que optaron por robarle unas horitas a la mañana para descansar, mientras los más madrugadores tomaban un potente desayuno antes de acudir a la multitudinaria ofrenda de flores a la Virgen de Altamira.

La iglesia de Santa María se vistió de gala para acoger uno de los actos más emotivos de las fiestas, en el que los sanjuaneros rinden cada año homenaje a la Virgen y al Santo, en presencia de representantes de todas las cuadrillas y de las principales autoridades locales.

El acto estuvo amenizado por los cánticos del orfeón mirandés José de Valdivielso y, pese al carácter festivo de la celebración, también estuvo marcado por el silencio y el respeto. Incluso en el momento en que decenas de personas comenzaron a desfilar por el pasillo de la iglesia con sus ramos para la Patrona. Reinas de cuadrillas (o Sanjuanera y Sanjuanero, según los casos), niños y niñas, personas mayores, bebés en brazos de sus padres…. Todos querían hacer llegar su pequeña aportación floral para este evento que, cada año, consigue abarrotar la iglesia de Santa María.

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