El Banco de Ingenios busca mecenas para su apertura
El coleccionista Carlos Alonso Maté lamenta la falta de apoyo institucional para impulsar un recorrido histórico sobre El Hombre y los Ingenios en la provincia

Germán y Carlos Alonso en el Museo de Modúbar de la Emparedada (Mumo).-SANTI OTERO
Han llamado a muchas puertas, demasiadas, para compartir y exponer un patrimonio material que analiza la evolución humana a través de los oficios, un Banco de Ingenios con más de 35 años en proceso de gestación. Años de esfuerzo, localización y mucho dinero invertido para recopilar todo tipo de artilugios que en su día constituyeron una auténtica revolución al disminuir la carga de trabajo. El interés de Carlos y Germán Alonso -padre e hijo, coleccionistas infatigables e inquietos buceadores en el mar de la historia- no es monetario. No buscan enriquecerse, sino compartir toda la riqueza cultural -en forma de maquinaria u objetos de diversa índole- que han recuperado de las garras del olvido. Tampoco pretenden competir con nadie -en alusión a otros museos de la capital y de la provincia-, sino «establecer una cadena humana con distintos eslabones para unirlos a lo largo de la historia», explica Carlos. Germán asiente y matiza. La intención de ambos es poner en marcha un proyecto, bautizado como El Hombre y los Ingenios, que permita establecer «una suma de evoluciones, de todo lo que ha pasado a lo largo de la historia». Pasearon su anteproyecto, elaborado por la empresa Data Consulting, por numerosas instituciones, desde el Ayuntamiento de la capital hasta la Diputación pasando por la Fundación Burgos 2016. Pero nada, o como mucho largas. Pero no tiran la toalla, aunque lamentan que su propuesta sea ignorada en su propia tierra, donde les gustaría impulsar un gran centro de ocio cultural. De momento, el 20% de su colección se encuentra en el Museo de Modúbar de la Emparedada (Mumo), que recorre la evolución de la actividad agraria desde el neolítico hasta la llegada de las primeras máquinas a motor a partir de los años 70. Con dos museos ya proyectados -centrados en la lana y el vino-, padre e hijo animan a otros coleccionistas a subirse al barco. Ellos se harían cargo de la datación y de la restauración. Después, «crearíamos una forma legal para que los propietarios de los objetos tengan una cartilla en la que se refleje su propiedad», añade.