Los colores de la primavera se apoderan un año más del Valle de las Caderechas
Blanco brillante sobre ocres vivos, rodeados del verde perenne de los pinos bajo un cielo, ora azul ora gris, crean una paleta primaveral de excepción

La alquimia primaveral transformará en breve el blanco de la flor en el rojo brillante de las cerezas.-G. González
La llegada de la primavera convierte al Valle de las Caderechas en un lugar de ensueño para La Bureba. Apenas el calendario anuncia el fin del invierno que tiñe de blanco los campos, y como una singular revancha, la época que más sensaciones gratificantes inspira vuelve a teñir nuevamente de blanco brillante este peculiar valle.
Efímero es este traje que crea un rabioso contraste de colores donde, surgiendo de una tierra rojiza, millones de blancas flores se abren para recibir el sol de un cielo -casi siempre- de un límpido azul brillante. Este estallido de colores se ve aún más realzado por la cohorte de verdor que en este recóndito vergel otorgan los miles de pinos que abrazan a los pequeños campos de cerezos en flor.
Resulta casi imposible resistir la tentación de recorrer de forma pausada los pequeños caminos que discurren entre las fincas para aspirar la suave fragancia del los cerezos que, con el rumor de los arroyos de agua, alimentan a todos los árboles.
Un cúmulo de sonidos, olores y vistas que le han dotado al lugar de un nombre de lo más apropiado: El Valle de las Sensaciones.
En plural, porque el estallido blanco es el anuncio de otro aún más espectacular que tiñe de rojo brillante a los orgullosos cerezos con los frutos nacidos de las hermosas flores. Incluso esta tierra guarda otro as en su manga para los que gustan de espectáculos únicos e irrepetibles. Y es que el valle se vestirá, poco después, otra vez de blanco con los manzanos , que en contraste con el rojo de las cerezas ofrecerán el dorado de las reinetas.
Los más entusiastas de esta acumulación de espectáculos naturales no se privan de comparaciones embriagados por la sucesión de colores, olores y sabores que cuelgan de las ramas. Para algunos, el Paraíso estuvo en las Caderechas, ya que resulta imposible no caer en la tentación de coger sus cerezas y manzanas para comerse a mordiscos, literalmente, a la Naturaleza.
No es reciente esta casi devoción por el valle. Cuenta la leyenda que los romanos detuvieron su avance en la entrada natural del valle para fundar Terminus, el actual Terminón, en honor al antiguo dios de las fronteras.
Así, en este punto convergieron las tierras de los cántabros, autrigones y turmogos. La leyenda asegura que tan singular decisión fue tomada por la belleza del paraje que inspiró a todos la paz. Obviamente, todo parece ser fruto de una fértil y poética imaginación, pero lo cierto es que pese a estar en una comarca con incontables conflictos armados durante milenios, jamás fue escenario de batallas.
Quizás fuera por ello que, de forma ininterrumpida desde hace más de 1.000 años -tal y como atestiguan los antiguos documentos del monasterio de San Salvador de Oña-, el valle apenas haya cambiado.
Refugio de los señores medievales, las casonas, obras hidráulicas, ermitas e iglesias se conservan aún en un excelente estado, lo que confiere a su belleza natural un importante patrimonio arquitectónico que cada vez recibe un mayor número de visitas.