BUREBA
Los miradores de Bureba, a medio camino entre el cielo y la tierra
La comarca ofrece imágenes singulares en montes o construcciones desde estos puntos estratégicos

Los mil metros de altitud de el Portillo de Busto ofrecen una enorme vista de la cuenca burebana.-G.G.
Apreciar con detalle la diversidad de La Bureba hace que los miradores panorámicos sean la única forma ‘terrestre’ de poder echar un vistazo desde el cielo. Esto ha llevado a la proliferación de estos enclaves en puntos muy distintos de la comarca y, en algunos casos, a combinarlo con el doble objetivo de poner en valor el patrimonio arquitectónico.Con ayuda de su particularidad geográfica al estar prácticamente rodeada de altos picos, La Bureba ofrece un singular turismo aéreo con vistas sorprendentes, especialmente por los coloridos contrastes. Así, en el mirador de El Portillo de Busto se comprueba la fusión entre las montañas de los Montes Obarenes, que circundan esta parte de la comarca, y el interior del vasto territorio llano hasta su otra frontera montañosa.La diferencia de vegetación, apreciable desde este punto, tiene un efecto camaleónico al ser radicalmente distinta según la estación en la que se le visite. Incluso la meteorología ofrece irrepetibles efectos, como un auténtico mar de nubes solo apreciable desde este privilegiado punto.La naturaleza también es la protagonista en el mirador de Lences de Bureba, desde donde se divisa, en estas fechas, el manto blanco de los almendros en flor como si fueran la vanguardia de la floración del cerezo en el Valle de las Caderechas. Casi enfrentada está el mirador de Poza de la Sal, situado a tiro de piedra del monumento a Félix Rodríguez de La Fuente.Desde una incomparable imagen del Diapiro de Poza se muestra una formación geológica única en el mundo que permite ver en su extensión las salinas de Poza, que se extienden a derecha e izquierda del mismo. Con otra filosofía, los miradores de Pancorbo y Monasterio de Rodilla combinan la espectacularidad de la naturaleza con el pisar lugares donde se forjo la historia de la comarca.Así, en el primero instalado en el Alto del Mazo, se puede observar el impresionante desfiladero que muestra toda su salvaje naturaleza, cortada a pico, que transforma en simples juguetes las obras fruto de la mano humana. Esta altitud permite mirar, literalmente, cara a cara a los grandes ejemplares de buitres que anidan en la zona, mostrando en sus vuelos un bello aspecto muy distinto con el que comúnmente se les conoce.Por su parte, el más novedoso en esta lista nos lleva a los tiempos más antiguos de la comarca para mostrar con claridad la localidación del sendero que unió durante siglos Europa con Santiago de Compostela en la primitiva ruta jacobea de la Vía de Bayona, a cuya vera se construyeron la iglesia de Santa Marina, la ermita de Nuestra Señora del Valle y el propio castillo.De hecho, en esta construcción se puede decir que comenzó La Bureba, primero navarra y posteriormente castellana, al ser uno de los más antiguos de la comarca y superando los mil años de su primera referencia escrita, lo que sitúa su construcción más allá de esa fecha dentro del sistema defensivo de la zona.